Image: Desde el país de nunca jamás

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Ensayo

Desde el país de nunca jamás

Alma Guillermoprieto

27 mayo, 2011 02:00

Alma Guillermoprieto. Foto: Justin Banister

Debate. Barcelona, 2011. 416 páginas, 23'90 euros


Hay que tener mucha imaginación para identificar la América Latina que Alma Guillermoprieto (Guadalajara, México, 1949) cubrió durante treinta años para algunos de los principales medios estadounidenses con la islita de los jardines londinenses de Kensington que el escocés James M. Barrie convirtió hace más de un siglo en el paraíso de Peter Pan y sus niños perdidos. En los veinticuatro textos del libro, escritos entre 1981 y 2008 hay, desde luego, muchos indios, algunas hadas y, posiblemente sirenas imaginarias, pero todos son personajes secundarios frente a la avalancha de piratas de la peor especie que pueblan la obra.

Desde el primer párrafo, sobre los zopilotes limpiaesqueletos del campo de lava salvadoreño de El Playón, hasta el último, sobre la exposición de la artista Rosa María Robles, retratista excepcional de los horrores de Sinaloa en "escusados cubiertos de sangre y trajes infantiles atravesados por lenguas secas de vaca", la autora se siente arrastrada por la necesidad de explicar a los lectores tanta violencia y la indiferencia ciudadana ante ella.

Entre las calaveras del Mozote, en el corazón de la provincia salvadoreña de Morazán, a comienzos de los 80, y el infierno en que los narcos, el ejército y la policía han convertido Ciudad Juárez o Moralia en los últimos años está "el continente de la esperanza" que -con su optimismo sombrío, su reporterismo valiente y su periodismo brillante- Guillermoprieto ha explorado durantes 30 años para The Guardian, Washington Post, Newsweek, New Yorker y New York Review of Books. Nadie mejor que ella, elegida por García Márquez para el cuerpo de profesores de su escuela de periodismo colombiana, para resaltar el defecto principal de la obra. "Aparte de tratarse de textos de una misma autora, y sobre una misma región, que es América Latina, no salta a la vista su coherencia", reconoce en el prólogo. El responsable sería, en todo caso, quien optó por el orden cronológico de publicación de los reportajes.

A nadie que buscase coherencia se le habría ocurrido saltar de las matanzas en la guerra civil salvadoreña a la invasión de Granada o los inicios de Ricky Martin en el grupo Menudo, zambullirse después en los misterios de la umbanda brasileña y en las cavernas de Sendero Luminoso, volver al Brasil virtual de Collor y Roberto Marinho, y trazar a continuación uno de los mejores perfiles que se han escrito sobre Mario Vargas Llosa. "Las hordas que aterrorizaron al novelista son muy diferentes, o a mí me lo parecen, de como él las ve", escribe al final de ese perfil. "Las nuevas realidades de América Latina surgen entre el anhelo de las falsas certezas y el orden verdadero del pasado, y la atracción hacia las falsas promesas y las libertades reales del futuro". "Es en este mundo en el que los campesinos indígenas mexicanos pueden ondear la bandera de Zapata y exigir simultáneamente democracia y autonomía indígena, en el cual un político improvisado como Fujimori puede prosperar", añade. "No es un mundo desprovisto de esperanza, pero sí uno con demasiadas expectativas frustradas". Hasta aquí sólo la mitad de la obra, redactada en la mejor tradición de Joan Didion, Naipaul o Kapuscinski.

A partir de la página 173 recoge una minuciosa radiografía del levantamiento zapatista, magníficas biografías de Evita Perón y de Raúl Salinas, y varios reportajes sobre la Cuba trastornada por el fin de la Guerra Fría, la visita del Papa y el ocaso de Fidel. La autodidacta mexicana formada en Los Ángeles y Nueva York que, en 1978, tras varios años de profesora de baile en La Habana, cambió la danza por el periodismo, estrenándose como enviada especial en la caída de Somoza en Nicaragua, no recoge esos artículos bautismales en el libro porque, según sus propias palabras, "mi falta de oficio en aquellos textos es demasiado transparente".