Image: Gabriela Mistral. La niña errante

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Ensayo

Gabriela Mistral. La niña errante

Gabriela Mistral

16 julio, 2010 02:00

Gabriela Mistral

Lumen. Barcelona, 2010. 486 páginas, 23'90 euros


La obra de la poeta chilena Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 1889 - Nueva York, 1957), que obtuvo el premio Nobel en el año 1945, se ha ido completando en los últimos años gracias a Roque Scarpa en libros que se mencionan en el sustancioso prólogo de Pedro Pablo Zegers B.: Una mujer nada de tonta (1976), La desterrada en su patria (1977), Gabriela anda por el mundo (1978), Gabriela piensa en... (1978) y Magisterio y niños (1978), en los que se reunieron bastantes inéditos.

Pero de lo que aquí se trata es de despejar parte de la niebla que define la clave del prólogo a la publicación de la correspondencia privada entre Mistral, ya en la última parte de su vida, y la estadounidense Doris Dana (1920-2006), fugaz poeta y traductora. La descubrió cuando ésta se graduaba en el Barnard Collage de la Universidad de Columbia (Nueva York) y la conoció personalmente en 1946. No deja de ser relevante que el enlace entre ambas se produjera a través de Thomas Mann. Pedro Pablo Zegers B., autor de la edición, del prólogo y notas (algunas innecesarias), escribe lúcidamente: "para Gabriela la vida privada era un tema bastante delicado, respecto al cual se retiraba con cautela".

El epílogo de Doris Atkinson, sobrina de Doris Dana y albacea de los papeles de Gabriela Mistral posee gran interés. No sólo traza el retrato de aquella mujer que compartió los últimos años de Gabriela Mistral, sino que revela sin pudor las circunstancias familiares que justifican la atormentada relación que se había establecido entre ambas: "La mujer que yo conocí -habla la sobrina- no fue la mujer que conoció Gabriela Mistral. No obstante, algunas de sus características, como su dificultad para mantenerse sobria, sus luchas contra la depresión y sus cambios de humor propios de los maníaco-depresivos -tan frecuentes en mi familia-, estaban todas presentes en la tía que conocí y amé. Ella podía ser dulce y encantadora y, luego, sin previo aviso, ponerse amarga y enojarse. Doris Dana tenía una profunda dificultad para generar confianza, lo que puede relacionarse con experiencias traumáticas infantiles".

Tal vez esta correspondencia permita despejar zonas de la niebla que rodeó la vida privada de Gabriela Mistral, ahora de más interés que los agasajos y honores que se le rindieron. Cabe decir también que el inicio de esta correspondencia se produce tras la muerte inesperada de su sobrino Juan Miguel Godoy, al que aludirá en más de una ocasión como Yin-Yin.

La lectura de este libro lleva al lector a un mundo cerrado, lleno de incomprensiones y quejas por ausencias, incumplimientos epistolares y pasiones nunca desveladas por completo. El amor que siente Mistral por su joven admiradora le impide admitir lo que nos descubre con franqueza la sobrina de Doris, que añade también las claves familiares de sus perturbaciones.

Nos adentraremos en un mundo asfixiante en el que advertimos las dificultades de Gabriela Mistral para combinar su vida privada y pública en un ámbito femenino cerrado, desconfiado, que tampoco resultará ajeno a la mentalidad de la época: el temor a una nueva guerra, a la ascensión del fascismo en Chile e incluso a cuestiones raciales (se considera integrante de una raza inferior, dado su sustrato indígena, aunque no sin cierto orgullo) frente a la anglosajona.

Pero es el amor -teñido de aspectos filiales- el tema fundamental de estas cartas, las separaciones y los proyectosde vida en común, inversiones, viajes, su desprecio de lo español, la fidelidad, el karma, las abundantes supersticiones, su temor a que Doris Dana permanezca en Nueva York para casarse. Su pasión le lleva a escribir: "Mis ojos están puestos en ti. Tú eres toda mi razón de vivir. Sufrir largo tiempo de esta dolencia me parece una penitencia muy dura. Eso solo puedo vivirlo a tu lado" (p. 100).

Gabriela Mistral suplica o anuncia rupturas que no se producirán. Teme que su relación sea descubierta por sus cuidadoras y acompañantes, Eda y Palma, que leen su correspondencia. Despotrica contra el correo y escribe en un solo día varias cartas o las guarda y envía, a la vez, más tarde. Su prosa se ilumina en ocasiones. Aparece la poeta. Pero las inquietudes obsesivas por el amor y desamor, reiteradas, abrumadoras, dificultan la evasión. Tenemos la impresión de haber profanado un recinto secreto de forma impúdica e irrespetuosa.

En verso y prosa

El terremoto que asoló Chile a finales de febrero impidió que se celebrase el V Congreso del Español en Valparaíso y que en él se presentase Gabriela Mistral, en verso y prosa (Alfaguara), edición conmemorativa en la que han colaborado, entre otros, Gonzalo Rojas, Darío Villanueva, Pedro Luis Barcia o Adolfo Castañón. A salvo, al fin, de "la maleza venenosa del chismerío y del rencor", como explica Rojas, la Nobel chilena se muestra en sus versos al desnudo y esencial, cantando su "nuevo día."