Ensayo

Guía para viajeros inocentes

Mark Twain

5 marzo, 2010 01:00

Trad. Susana Carral. Ed. del Viento. 622 pp. 29 e.


Resulta muy de agradecer la excelente labor que desde hace ya años está realizando Ediciones del Viento por recuperar clásicos inencontrables (o jamás traducidos, como éste de Twain) de la literatura universal de viajes y que les han convertido en una editorial de referencia.

Innocents abroad, traducido aquí con acertada libertad por Guía para viajeros inocentes, no sólo está a la altura de las piezas mayores de Twain, sino que es, sin duda, una de ellas. Se lee como una verdadera y fascinante novela. La expedición en la que se embarca Twain (y que probablemente fue el primer "viaje organizado" de la historia) comienza por publicitarse en el periódico. El 1 de junio de 1867, desde el puerto de Nueva York saldría un vapor destinado a realizar una "excursión a Tierra Santa, Egipto, Crimea, Grecia y lugares de interés intermedios". Los "lugares intermedios" no eran en realidad otra cosa que un viaje exhaustivo por toda la costa mediterránea.

Durante meses en todos los periódicos de Norteamérica se habló de aquella gran excursión de placer colectiva a Europa. Jamás a nadie se le había ocurrido nada semejante , se organizó un comité seleccionador de la tripulación que recibió varios cientos de solicitudes y finalmente zarpó, llevando entre su tripulación, entre otras muchas personas, a un joven y casi inédito por entonces autor nacido en Missori, Samuel Langhorne Clemens, cuyo ingenio el mundo admiraría luego bajo el pseudónimo de Mark Twain.

La crónica de Twain es un despliegue de talento narrativo. Desde las primeras descripciones de los pequeños "inocentes americanos" subiendo al espacioso vapor Quaker City, hasta las decepciones, los hallazgos inesperados, los enamoramientos y los enfados. La mirada de Twain no es cínica sino amablemente socarrona, y hay detrás de ella tanto amor y tanta ternura por la ridiculez y la fragilidad de la condición humana, que acaba imponiéndose siempre un tono entusiasta y bien humorado. Leer esta Guía para viajeros inocentes se parece en realidad mucho más a asistir al relato entretenidísimo de un amigo que sabe relatar una anécdota cómica sin convertirla en guiñolesca. La "ingenuidad" para descubrir el Mediterraneo de Twain, lejos de ser un inconveniente, acaba convirtiéndose en una virtud y da la pauta de un descubrimiento que, por su obviedad, puede llegar a pasar desapercibido: el de que para descubrir y narrar lo que quiera que haya salido de manos de los hombres no hace tanta falta un gran conocimiento histórico como una peculiar sensibilidad para percibir cuál es el lugar de lo humano.