Image: Fidel Castro. La historia me absolverá

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Ensayo

Fidel Castro. La historia me absolverá

Claudia Furiati

31 julio, 2003 02:00

Castro en La Habana, en 1960

Traducción de Rosa S. Corgatelli. Plaza & Janés. Barcelona, 2003. 717 páginas, 25 euros

La historia de Fidel Castro es una concatenación de contradicciones y de momentos de suerte y de desventura. Sirva de ejemplo que la Revolución comenzó con un fracaso. El 26 de julio de 1953, Fidel Castro, ya licenciado en derecho, trató de asaltar al mando de un pequeño grupo de rebeldes, los cuarteles "Guillermón Moncada" en Santiago de Cuba y "Carlos Manuel de Céspedes" en Bayamo.

Los asaltantes, disfrazados con los uniformes de los soldados del cuartel que querían ocupar, fracasaron debido a su desorganización. Pretendían ocupar el cuartel y liberar a la isla del dictador Batista, pero los que no murieron fueron apresados. Fue la historia de una esperanza frustrada. Quizá por ello se conmemora en Cuba todos los 26 de julio.

Fidel Castro, hijo de una familia terrateniente y miembro del Partido Ortodoxo, fue acusado de ser el autor intelectual del asalto. Apresado, pidió defenderse a sí mismo. En la cárcel preparó con cuidado sus argumentos (se publicaron en el texto La historia me absolverá). Evitando el radicalismo-fundamentalista revolucionario, basó su defensa en la presentación de un programa político democrático-popular nacionalista que tenía como misión unir a "todo el pueblo" contra la dictadura de Batista; en la testificación de que el único autor intelectual del asalto había sido José Martí; y en el recuerdo al legítimo derecho que tiene el pueblo al tiranicidio. Terminó afirmando: "no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida de 70 hermanos míos. Condenadme, no importa. La historia me absolverá". El gobierno le amnistió el 2 de mayo de 1955 junto con sus compañeros.

La biografía que ofrece Claudia Furiati (publicada originalmente en portugués) es una historia "benigna". Fidel aclara en una nota introductoria que no es una biografía autorizada, sino sólo consentida. No obstante, cuando se lee se comprende que el "consentimiento" está muy cerca de la oficialidad. Fidel es alto, precoz, inteligente, audaz, estudioso, solidario, deportista, estratega, trabajador, camarada honrado, amigo de los pobres y valiente. Sin embargo, se explica poco de su vida íntima, no se revelan los entresijos del enfrentamiento con Ernesto Che Guevara, no se expone cómo los principios originales de la Revolución fueron sustituidos por otros valores, y nada se dice de cómo Fidel ha acabado siendo (fuera y dentro de la isla, con razón o sin ella) el símbolo de la opresión militar y del golpismo contra los que luchó en 1953. El perfil ególatra del genial revolucionario queda opacado.

Claudia Furiati realiza una buena labor de investigación y de síntesis, pero acaba atrapada por la figura del biografiado. Comienza la narración a finales del XIX (cuando el padre de Fidel llegó a La Habana y se convirtió en hacendado); y después va desgranando la vida de Castro: estudios, matrimonio y génesis como revolucionario. Desde 1959 la historia del Comandante se funde con la de Cuba. El valor del texto es el de ofrecer precisamente la historia "consentida" de Castro. La imagen de cómo quiere ser visto el gran revolucionario. Evidentemente, existen otros ángulos que siguen a la espera de ser narrados y comprendidos.