Ensayo

Frente al holocausto

Diego Carcedo

5 abril, 2000 02:00

Temas de Hoy. Madrid, 2000. 279 páginas, 2.700 pesetas

El 23 de marzo de 1943, el Dr. Korherr, inspector de estadísticas del Reichsföhrer de las SS, enviaba a Himmler un informe titulado "La solución final de la cuestión de los judíos europeos". Korherr señalaba la reducción dramática experimentada por la población judía en Europa: "cuando se produjo en 1933 la toma del poder, el número de judíos en Europa era superior a los diez millones. Esa cifra ha descendido a la mitad". Sin embargo, la labor de exterminio de los judíos iba a chocar con un obstáculo considerable que no era otro que la retirada de Alemania en todos los frentes.

A partir de julio de 1943, el III Reich se vio sometido a un empuje incontenible de las tropas soviéticas y Hungría y Rumania, aliadas de Alemania, comenzaron a preparar su retirada del conflicto. La respuesta de Hitler fue fulminante y el 19 de marzo del 44 los alemanes ocuparon Hungría.

El objetivo fundamental no era otro que el de concluir el proceso de exterminio de los judíos europeos. Eichmann fue nombrado jefe de la policía de seguridad de Hungría y comenzó a detener y deportar a los judíos con destino a las cámaras de gas. A diferencia de otros episodios relacionados con las deportaciones, la realizada en Hungría sucedía ante los ojos de las legaciones diplomáticas de una manera innegable y las noticias sobre el exterminio de los judíos y la existencia de las cámaras de gas eran ya tan abundantes como irrefutables. En este contexto es donde tuvo lugar la acción humanitaria de ángel Sanz Briz, encargado de la legación de negocios de la embajada de España en Hungría. A esas alturas de la guerra, el gobierno de Franco ya había decidido extender su protección diplomática a los judíos sefardíes alegando su histórica vinculación con España.

Sanz Briz se encontró desempeñando sus funciones en un país donde los judíos no eran sefardíes sino askenazíes a pesar de lo cual se les brindó el apoyo español. No sólo eso. Si, originalmente, los documentos protectores dispensados por la legación española eran individuales, pronto fueron incluyendo a los familiares y a no mucho tardar a otras personas con las que la única relación existente era la de ser judíos. El hecho de que Sanz Briz utilizara además edificios protegidos por la inmunidad diplomática permitió que unos cinco mil judíos salvaran la vida, una cifra muy sensiblemente superior a la conseguida por el cinematográfico Schindler. Cuando se produjo la cercanía de las tropas soviéticas a Budapest, Sanz Briz se vio obligado a abandonar la legación. En esos momentos fue Perlasca, un italiano que había combatido durante la guerra civil española, el que continuó la labor de salvamento alegando que era representante diplomático de España. La figura de Perlasca ha sido contrapuesta no pocas veces a la de Sanz Briz cuando los que salvaron la vida gracias a su acción recuerdan a ambos con honda gratitud. Fue esa una gratitud que tardó en ser manifestada por otros. Hasta 1991, Sanz Briz no recibió el título de Justo de la Humanidad conferido por el Estado de Israel. En su país se había tendido sobre él un manto de silencio posiblemente porque no se consideraba políticamente correcto hablar bien de alguien que había sido funcionario del régimen de Franco. No mejor fue la suerte de Perlasca. El presente libro constituye un magnífico tributo a la gesta de Sanz Briz y una amenísima narración sobre aquel episodio de valor en medio de una operación que costó la vida a unos doscientos mil judíos. Aunque escrito con impecable estilo periodístico, Carcedo ha utilizado prácticamente toda la bibliografía hispana sobre el tema del Holocausto y ha sabido combinarla con un trabajo de reconstrucción testimonial muy notable. El resultado es un libro que se lee bien y que merece la pena leer como acto de justicia histórica y como tributo al temple moral en una época en que la palabra solidaridad va camino de convertirse en la excusa para la existencia de organismos no siempre recomendables.