Gemma Ruiz Palà.

Gemma Ruiz Palà. Jordi Bernabé

Letras

'Una mujer de tu edad', de Gemma Ruiz Palà: una divertida novela contra los prejuicios de la madurez

El libro, que arranca con la protagonista en la cama con un hombre mucho más joven, anima a romper tabúes y cánones.

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La mujer es Kate Gold, estadounidense, artista, casada, madre de dos hijos. Un primer plano la presenta en una escena del todo inusual: la imagen congelada de un hombre joven durmiendo junto a una mujer mayor; suena la voz de ella preguntándose cómo ha ido a parar ahí y barruntando a dónde le llevará esta situación. Parece un flechazo, un crush intergeneracional, en jerga juvenil.

Portada de 'Una mujer de tu edad'

Portada de 'Una mujer de tu edad' Consonni

Una mujer de tu edad

Gemma Ruiz Palà

Traducción de Gemma Deza
Consonni, 2026. 221 páginas. 20,50 €

Así arranca lo que parece un relato cinematográfico adscrito al género de la sátira, una propuesta mordaz y atrevida conducida por el tono directo y fresco de su protagonista, que nos irá contando lo que ha ocurrido en su vida hasta llegar a esta escena y lo que ocurrirá en los próximos días.

El título hay que leerlo así, tal como suena, Una mujer de tu edad, con tono enunciativo, sin exclamaciones reprobatorias hacia ella cuando se la juzga en una pareja considerada inapropiada. Sobre esta idea se articula la tercera propuesta narrativa de su autora, la escritora y periodista Gemma Ruiz Palà (Sabadell, 1975), prolongando así la intención de dar voz a las mujeres del siglo XX.

Primero fue Aulagas (2016), donde narraba tres historias sobre las consecuencias del proceso personal y familiar de mujeres de tres generaciones en su tránsito del mundo rural al urbano. Después las protagonistas de Nuestras madres (Premio Sant Jordi, 2022), la generación de mujeres nacidas durante la dictadura, valientes y talentosas, siempre a la sombra de figuras masculinas pese a ser auténticos referentes de vida. Ahora cambia el ángulo y el registro, pero mantiene el sentido de su compromiso.

Aquí arriesga haciendo que la gracia y la ironía den curso a todo lo que atañe a la trama y al estilo. Acierta con un humor ácido que dispara a diferentes frentes, de manera que lo que podría prejuzgarse como un argumento fácil y previsible, se va extendiendo en una construcción con pliegues bien diseñados, en coherencia con el aparato escénico que la acoge.

Es esta una parábola reivindicativa: más mujeres con derecho a voz, a burlar los cánones y vivir con emoción

La ficción se organiza en torno a siete días en Venecia durante la Bienal de Arte, adonde acude invitada la protagonista con una escultura reivindicativa (True wonder woman). Le acompaña un operativo de gente joven que la arropa en sus lances y actúa como algo más que el coro necesario para una representación que visibiliza el arte documental comprometido que reivindica.

Pero el tiempo va más allá de los días venecianos, y viene y va, en su imparable discurso, por los escenarios de su vida y las personas que la determinaron, entre ellos la tía Frankie (merece la pena recomponer los fragmentos que la van construyendo para homenajear a la mujer de más peso en su vida).

Así, entre bromas y veras, sin dramatismo ni victimismo, en medio de ese escenario transitado por “biennales estrafalarios”, del que no están exentos asuntos graves (la obra El ascensor del miedo otorga una dimensión inesperada al conjunto) se sugiere un buen puñado de conversaciones transversales. Sobre romper el tabú del envejecimiento, educación emocional, juicios y prejuicios, maternidad y culpa… Sobre todo lo que tuvo que ir perdiendo Kate (paciencia, obediencia, miedo, estatus, respeto y amistades) tras una decisión drástica que dividió su vida en un antes y un después.

Su voz, incisiva y directa, clave en este relato, es algo más que un elemento narrativo. La ficción respira a través de ella e invita a una lectura que entretiene y divierte, además de aportar consideraciones necesarias en tono a la épica de las mujeres mayores. Es, en cierto sentido, una parábola reivindicativa: más mujeres en estos lances (viene a decir), con derecho a voz y a burlar los cánones. A vivir con emoción y sin querer despejar la incógnita de un final con puntos suspensivos.