Delphine de Vigan.

Delphine de Vigan. Francesca Mantovani / Éditions Gallimard

Letras

'Los figurantes', el debut teatral de Delphine de Vigan, es toda una reivindicación de lo invisible

La autora de 'Las gratitudes' sorprende con una historia que se olvida de los grandes directores, actores o actrices.

La obra cede el protagonismo a los ‘extras’ del cine y de la vida.

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Orso, Cécile, Bruno y Joyce, a los que más tarde se une Nora, son cinco figurantes de cine que aguardan en una sala de espera a que alguien, el Superayudante o la Jefa de Figuración, les diga algo. No saben de qué van vestidos, ni para qué película o qué escena, pero esperan pacientemente como se les ha ordenado que hagan.

Portada de 'Los figurantes'.

Portada de 'Los figurantes'. Anagrama

Los figurantes

Delphine de Vigan

Traducción de Pablo Martín Sánchez. Anagrama, 2026. 108 páginas. 18,90 €

Habituales de los sets de rodaje, todos ellos arrastran sus propias mochilas por un escenario precario, con horarios abusivos, rodajes interminables y un trato inhóspito. Son la cara invisible de la cadena cinematográfica, una parte más del decorado.

Los figurantes, el debut dramático de Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966), es una metáfora de las clases sociales, de las diferencias jerárquicas y de la propia vida. “Hemos aterrizado en una historia que ya había empezado cuando llegamos y de la que van a echarnos antes de que termine”, dicen sus personajes.

Aunque esta es la primera vez que De Vigan escribe teatro, ha comentado en varias ocasiones cómo alguna de sus novelas fue concebida inicialmente como una obra. O, al menos, como un híbrido entre ambos géneros.

Es el caso de Las gratitudes. Dirigida en Francia por Fabien Gorgeart, su evidente potencial escénico convenció también a Juan Carlos Fisher para adaptarla en nuestro país en uno de los estrenos más exitosos de la temporada –este verano visitará el Festival de Olite–.

Quienes adoren a la De Vigan de sus libros anteriores encontrarán aquí algunos de sus grandes temas

Los figurantes viene a constatar que el formato le tentaba desde hacía tiempo.

La obra está repartida en cuatro actos desiguales de los que el primero de ellos, titulado Esperar, se lleva simbólicamente la mayor parte. “Ya sabes que este oficio consiste en eso”, recuerda el personaje llamado Orso, con guiño incluido al Godot de Beckett.

Él es el más observador de los cinco en esta obra sin Gran Director, ni Gran Actriz o Gran Actor (todos ellos reducidos a la mera presencia de una voz en off) que, más bien al contrario, está protagonizada por los extras: una enfermera que ha aprendido todo tipo de síndromes, un veterano del oficio, una joven aprendiz, un actor retirado y una sindicalista.

El texto tiene ese tono ligero pero trascendental que ya le hemos visto en otras ocasiones. “¿A qué te dedicas?”, pregunta alguien en la obra. “Últimamente intento entender el mundo”, le responden.

Y quienes adoren a la De Vigan de sus títulos anteriores –No y no,Las horas subterráneas, Las lealtades...– encontrarán aquí también algunos de sus recurrentes grandes temas.

Por supuesto, la precariedad laboral y la desigualdad, pero también la salud mental, el miedo y el fracaso, el impacto de la tecnología en nuestras vidas, y la necesidad de volvernos visibles.

La obra, que se representará por primera vez este verano en el Festival Off de Aviñón dirigida por Valérie Donzelli, pone especialmente el foco en esto último, en los extras de la vida, y reclama su lugar en el mundo.

A fin de cuentas, “si el cine se parece a la vida es gracias a nosotros”, reivindican sus personajes.