Diseño: Rubén Vique

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Letras

'Bambi bomba', un cuento inédito de Greta García

La escritora nos brinda un relato hilarante y disparatado con motivo del especial que dedicamos al humor, protagonista de la Feria del Libro 2026.

Más información: Lee 'La última lección', un cuento inédito de Chaves Nogales integrado en el libro que sigue a 'A sangre y fuego'

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Este es el cuento de la niña de uno ochenta doblada en un asiento del Alsa. Este es el cuento que costó ciento veinte euros. Este es el cuento de la niña de uno ochenta que viaja con una bolsa del Mercadona cuando ella no hace la compra en el Mercadona y se da cuenta de que muchos hombres viajan con la bolsa del Mercadona. Este cuento es el resultado de una semana de viajes en autobús y dieta a base de pizza pepperoni. Este es el cuento que intentó valer doscientos euros pero al final se quedó en ciento veinte euros. Este es el cuento de las novecientas palabras. Este cuento es una broma. Este cuento no tiene gobierno, orden ni disciplina alguna. Este cuento se ha cansado nada más empezar. El final será el principio del mundo, después vendrán las preguntas, el dinero, el trabajo, la explotación, los ayuntamientos, la guerra y no acabará nunca. No se sabe. Puede que este cuento tenga un final feliz, como el que te hacen por menos dinero de lo que vale este cuento. Este es el cuento que Sherezade nunca llegó a contar porque no existían las antenas parabólicas, los autobuses ni el sindicato de trabajadores. Total, que la niña de uno ochenta empieza a tener dolor en las costillas y lumbares de clavarse el cinturón de seguridad y decide ponerse en vertical y escribir un cuento. Y empieza enfadada porque la niña tiene hambre pese a llevar comiendo pizza pepperoni una semana, le duele la cabeza, lleva meses sin casa, preguntándose el sentido de la existencia, la humanidad, el amor, el miedo, además, no le caben las piernas en ningún sitio. Y empieza con que si su cuento costaba un dinero, con que si protesta, con que si el mal tiempo, en plan todo negativo oscuro deprimente maleante sinsentido blablablá. Así vagaban las palabras diciendo frases sin ton ni son desde Gijón a San Sebastián en el Alsa. Cosas que se inventa random la niña de uno ochenta en su ordenador que esconde los mayores secretos de la historia de los secretos y los mayores insultos de la historia de los insultos. Pero de pronto el chófer pega un frenazo. FRRRRRRRRR. Y la niña se da un chocazo con la frente en el asiento delantero y el ordenador por poco la parte en dos como a la mujer del mago. El autobús va lleno y todos los pasajeros al unísono cantan: ¡AAA! ¡EEE! ¡OOO! ¿QUÉ? ¿QUÉ PASÓ? Y la ven, ahí, en mitad de la carretera, tan sola: Bambi. Y Bambi les mira con los ojos vidriosos, abre mucho la nariz, y anuncia: Habéis matado a mis padres, es la hora, vais a morir. Bueno, menudo revuelo se monta en el autobús. Un señor del fondo grita: ¡Atropéllala! Y otro: ¡Corre! Y se escuchan varios alaridos: ¡Siempre he odiado a Bambi! ¡Es una bruja! ¡La odio! ¡Va de víctima! ¡Llorica de mierda! Pero hay personas que se oponen: Pero por el amor hermoso, si es Bambi, ¿cómo vamos a matar a Bambi? Ella es la ternura, la belleza, la cosa más linda, un dibujo animado, un animal que habla, es mágica, es la naturaleza, es una niña chica, además, es huérfana. El jaleo en el Alsa es fuertecito. Algunos dicen que esa ni es Bambi ni Bimbo, que es un efecto óptico derivado del exceso de pantalla móvil. Total, que cuando todo apunta a que los pasajeros van a empezar a clavarse las uñas unos a otros, el chófer habla por el megáfono: Nada de atropellar a Bambi, vamos a esperar a que nos respondan de la central de Madrid para que me expliquen el protocolo a seguir. Y algunos pasajeros dicen: Venga, vale. Pero otros siguen rucurrucu: Bambi bomba. Bambi guarra. Bambi pobre. Bambi se está lanzando un farol, es una mentirosa compulsiva, sus padres nunca murieron, nadie los mató, la caza es un bien para la humanidad. Bambi vierte una primera lágrima y la lágrima cae al suelo y se hace un agujero en el asfalto. Las nubes, el viento, el sol, todo está parado a su alrededor. Y cae otra lágrima y otro agujero en el asfalto y la niña de uno ochenta se lo ve venir, que Bambi se va a poner a llorar y llorar y va a provocar un socavón y al infra mundo que se va el Alsa entero. ¿Señor autobusero, podría usted abrir la puerta? Pero el chófer está muy ocupado mirando un vídeo de un ciervo saltando y le dice: No, hasta que no den señales de Madrid, nada. Así que ella coge el martillito rojo que ve colgado en el marco de la ventana y revienta un cristal. ¿PERO ADÓNDE VAS, FLIPÁ? Le cantan todos los pasajeros otra vez modo góspel. Pero la niña de uno ochenta no responde. Ella podría soltar una bordería, unos cuantos insultos ladridos maullidos, pero ella prefiere simplemente irse de allí y punto. Y los del autobús siguen pipipipi: ¡Vámonos! ¡No, no nos vamos! ¡Matemos a Bambi! ¡Yo quiero llegar ya a San Sebastián y comerme una tarta de La Viña! ¡Chófer, pon la calefacción, hace frío! ¿Hay wifi gratis? ¡El baño no funciona! ¡Me han robado la botella de agua! Y ahí se quedaron por la eternidad discutiendo sin darse cuenta de que Bambi y la niña de uno ochenta ya no están allí.

Greta García es autora de Solo quería bailar y Muere, papá.