Carmen Díez de Rivera ante el Muro de Berlín. Foto: cortesía de la familia Díez de Rivera

Carmen Díez de Rivera ante el Muro de Berlín. Foto: cortesía de la familia Díez de Rivera

Letras

La biografía que hace justicia a Carmen Díez de Rivera, mucho más que la musa de la Transición

Carmen Domingo publica 'La soledad fue el precio', que destaca la importancia del papel político de la secretaria de Suárez que fue acusada de comunista infiltrada y que acabó como eurodiputada ecosocialista.

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Esta biografía de Carmen Díez de Rivera (1942-1999), escrita por Carmen Domingo (Barcelona, 1970), se une a la lista de títulos, bastante nutrida, en torno a esta figura relevante desde dos puntos de vista: el político, desde la Transición al Parlamento Europeo, y el personal, desde los orígenes familiares a las relaciones amistosas de la biografiada. Aumenta el interés de este volumen que haya obtenido el premio Comillas 2026.

La soledad fue el precio

Carmen Domingo

Premio Tusquets. Tusquets, 2026. 384 páginas. 22,90 €

El atractivo de Carmen Díez de Rivera es contradictorio, porque no figura entre los grandes hacedores de la reforma política y de la democracia, ni tampoco ha gozado de un reconocimiento público unánime, sino que ha sufrido ataques de analistas y medios de comunicación. Fue una secundaria esencial, si así puede decirse en referencia a la única mujer con algo de visibilidad en los espacios del poder desde que Suárez fue presidente del Gobierno.

Otra cosa es si realmente participó en la toma de decisión de los grandes asuntos o si permaneció en la trastienda de la primera escena, ejerciendo, eso sin duda, una significativa influencia informal. Se la sigue conociendo popularmente como la Musa de la Transición, expresión poco feliz inspirada por su amigo Francisco Umbral, quien la bautizó en realidad como Musa de la Reforma.

En todo caso, eso de musa resulta hoy anticuado e injusto con Díez de Rivera. Estamos ante la primera mujer jefa del gabinete de la presidencia del Gobierno, que jugó un papel destacado en la legalización del PCE, asunto clave para que el país alcanzase una plena normalidad democrática, y que amplió los contactos de Suárez en las cancillerías europeas.

También en su currículo se registra su ruptura con el presidente del Gobierno, cuando este se desdijo de su decisión de no presentarse a los primeros comicios, su afiliación al PSP, el reencuentro con Adolfo Suárez en el grupo europeo del CDS, el nuevo alejamiento de Suárez cuando, sin contar con ella, este se adhirió a la familia liberal, y su paso al grupo socialista del Parlamento Europeo, donde ejerció su ecosocialismo.

Secundaria esencial, fue la única mujer con visibilidad en los espacios del poder durante la transición a la democracia

Pero, precisamente por estos movimientos que la fueron inclinando hacia la izquierda, fue acusada de comunista infiltrada y hasta de espía soviética, o se le descalificó reduciéndola a una oportunista y traidora a su clase social, que se habría servido de su atractivo personal para condicionar a Adolfo Suárez e influir en don Juan Carlos.

Sectores y líderes de la opinión se escandalizaban de que Carmen mantuviese amistad con Tierno Galván, Carrillo, Pasionaria y el padre Llanos. Demasiado cercana al poder y, al mismo tiempo, exhibidora de una independencia ideológica y personal impropia de las formas políticas del tiempo y más aún sorprendente en una mujer, Carmen Díez de Rivera pisó los salones sin pasar desapercibida, por su actitud y por su atractivo, fortalezas y debilidades que a nadie dejaba indiferente.

Por otra parte, esta biografía aborda, sin reparos pero con respeto, la vida privada de Díez de Rivera, en especial el fuerte shock que experimentó a los diecisiete años cuando recibió la noticia de que no podría seguir el noviazgo con el joven Ramón Serrano Polo, porque era su hermano por parte de padre. Ella era hija extramatrimonial de la marquesa de Llanzol y del cuñado de Franco y ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer.

Este doble mazazo marcó su vida y la llevó a escapar de Madrid, primero a París, luego a trabajar de misionera en Costa de Marfil y por fin a intentar la vida religiosa en un convento de carmelitas de Ávila. Todos estos bandazos acabaron con su ingreso en RTVE como secretaria de Adolfo Suárez, recomendada por el entonces príncipe de España. Ahí comenzó una singular carrera política y vital.