El escritor argentino Eduardo Sacheri. Foto: Universidad Nacional de Rosario

El escritor argentino Eduardo Sacheri. Foto: Universidad Nacional de Rosario

Letras

El escritor argentino Eduardo Sacheri, sobre la dictadura del 76: "La violencia se multiplicó y se ocultó cuidadosamente"

El autor de 'El secreto de sus ojos' tenía 9 años cuando una junta militar tomó las riendas de su país tras una asonada. Hablamos con él sobre lo que recuerda del período.

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El golpe de Estado de 1979 encontró al historiador, guionista y narrador Eduardo Sacheri (Castelar, 1967) viviendo en un pueblo cercano a la ciudad de Buenos Aires, en un ambiente propio de esa clase media próspera que caracterizó a la Argentina durante buena parte del siglo XX.

Autor de El secreto de sus ojos, llevada al cine por Juan José Campanella, y ganador del Premio Alfaguara 2016 por La noche de la Usina, Sacheri conserva con gran precisión la memoria de aquellos días.

"Sí, recuerdo que el golpe militar no fue recibido con demasiada aprensión entre esa clase media próspera que le mencionaba. Por un lado, los golpes militares eran moneda corriente en mi país, en esos tiempos (1955, 1962, 1966, ahora 1976). Por el otro, existía una fuerte sensación de hartazgo con respecto a la violencia desatada entre el peronismo ortodoxo, de derecha, y el peronismo revolucionario de izquierda, que venía sacudiendo a la Argentina desde 1973", destaca Sacheri.

Pregunta. ¿Hasta qué punto el hartazgo que comenta pudo contribuir al éxito del golpe?

Respuesta. Bueno, ese enfrentamiento, desatado sobre todo a partir de la muerte del presidente Perón (1 de julio de 1974), generaba una permanente zozobra a partir de los atentados, los asesinatos políticos, los secuestros extorsivos.

»Aunque la naciente dictadura terminaría multiplicando por factores inverosímiles esa violencia (la mayoría lo comprobó, trágicamente, después), esa constatación se demoró varios años en aparecer ante los ojos del grueso de la población: mientras la violencia anterior al golpe se exhibía, se teatralizaba, se exponía como una herramienta de acción política, con la dictadura esa violencia no solo se multiplicó, sino que se ocultó cuidadosamente.

P. Pero la gente era secuestrada, detenida... ¿Cómo es posible que los argentinos no reaccionaran?

R. La sociedad argentina, excepto quienes conocían casos de desapariciones de primera mano, creyó cándidamente, al principio, que el "orden" tradicionalmente asociado a la presencia de los militares (un tópico frecuente en la cultura cotidiana de la época) estaba solucionando ese anterior clima de violencia.

P. ¿Cómo fue vivir su infancia y juventud en una dictadura tan cruel?

R. En aquellos entornos en los que no había víctimas de la represión ilegal (el caso de mi familia, por ejemplo) las violaciones a los derechos humanos no eran masivamente sabidas, y el gobierno militar contaba —en sus primeros años— con una aquiescencia difícil de entender a la luz de lo que se supo años después.

»¿Un par de ejemplos? Los festejos multitudinarios que se desataron en 1978, cuando la Selección Argentina de Fútbol obtuvo el Mundial. ¿Otro ejemplo? Cuando la Organización de Estados Americanos envía una misión para investigar lo que está pasando en Argentina en 1979, numerosísimos automovilistas colocan en sus autos unas calcomanías con la bandera argentina con la leyenda "Los argentinos somos derechos y humanos", haciendo un juego de palabras con el meollo de la investigación.

"El gobierno militar contaba —en sus primeros años— con una aquiescencia difícil de entender a la luz de lo que se supo años después"

»¿Un ejemplo más? El masivo y festivo apoyo con el que buena parte de la sociedad argentina secundó el desembarco de tropas argentinas (y la guerra consecuente) en las islas Malvinas, en abril de 1982.

P. ¿No podían ser esos festejos una vía de escape ante el terror, como sostienen algunos historiadores?

R. Creo que eso hablaría mejor de la sociedad argentina en general, pero no tengo una visión tan benévola. Creo que en 1979 y 1980, cuando los problemas económicos empezaron a golpear fuertemente a la sociedad, el clima político empezó a cambiar.

»Recién entonces quienes venían protestando por las violaciones a los derechos humanos (Madres de Playa de Mayo, por ejemplo) empezaron a encontrar un eco más favorable a sus reclamos y a sus denuncias sobre lo que realmente había estado sucediendo.

P. ¿Alguno de los amigos de sus padres, o los padres de algunos de sus amigos, sufrieron directamente la represión?

R. No. Y mis respuestas anteriores deben ser leídas en esa clave. Creo que las mayorías que permanecían indemnes a la represión mantuvieron, hasta bien avanzada la dictadura, esa mirada cándidamente ignorante de la real envergadura de las violaciones a los derechos humanos que estaban teniendo lugar.

P. ¿Cuáles fueron las principales consecuencias del golpe a nivel cultural?

R. Creo que puede rastrearse un fuerte giro autoritario, tradicionalista, con matices integristas, desde fines de 1973, cuando en la pulseada que se produce —con el peronismo en el poder— entre el ala de izquierda y el ala ortodoxa de ese movimiento el triunfo se inclina, decididamente, hacia la derecha del peronismo.

»La breve presidencia de Perón y la de su esposa y sucesora, Isabel Perón (ladeada por su ministro José López Rega) son claves en ese viraje. Intelectuales considerados de izquierda, actores, músicos... son amenazados y perseguidos por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), una organización parapolicial organizada por el propio López Rega.

»Los ambientes universitarios son escenario de purgas descontroladas. Lo mismo sucede con los medios de comunicación. El Golpe Militar acentúa esas tendencias. La censura sobre libros, cine, teatro y cualquier producto artístico se generaliza bajo el paraguas de "actividades subversivas".

"La dictadura militar ejerció una enorme represión sobre el universo intelectual argentino, pero fue menos prolongada en el tiempo que en otros países"

P. ¿Qué precio pagó Argentina por el exilio de gran parte de sus intelectuales, tanto escritores como cineastas y actores?

R. Aquí voy a permitirme una opinión menos pesimista que la que, sospecho, deben tener algunos de mis colegas. Y baso mi "optimismo" en una comparación cronológica. La dictadura militar ejerció una enorme represión sobre el universo intelectual y cultural argentino, pero fue una experiencia autoritaria bastante menos prolongada en el tiempo, si uno la compara con otras dictaduras que obligaron a los exiliados a languidecer largamente en el exterior, o aún a permanecer el resto de su vida fuera de su país.

»Pienso, mientras escribo, en el caso de España, o de Uruguay, o de Chile, por poner algunos ejemplos. La extraordinaria virulencia del régimen militar argentino se concentró en unos pocos años. Para 1981 la dictadura empezaba a mostrar fisuras diversas, y la vida cultural y artística empezó a cobrar bríos a través de esas fisuras.

P. ¿A qué o a quiénes se refiere?

R. ¿Algunos ejemplos? La inolvidable experiencia de Teatro Abierto se inició en 1981. Una de las artistas más emblemáticas que venían padeciendo el exilio, Mercedes Sosa, brindó una serie de conciertos exitosísimos en febrero de 1982, en Buenos Aires.

»Uno de los efectos paradójicos de la Guerra de las Malvinas (abril-junio de 1982) fue que la prohibición militar de difundir música en inglés en las radios argentinas habilitó la difusión de numerosos artistas argentinos: el auge del rock nacional no empieza a partir de la restauración democrática, sino precisamente en esos años finales de la dictadura.

P. ¿Qué queda en la Argentina actual de la asonada? ¿Tiene algo que ver el éxito electoral de Milei?

R. Creo que hoy en día son escasísimos los defensores de la Dictadura. Tan escasos como durante las últimas décadas transcurridas. Por supuesto que las redes sociales son una caja de resonancia en la que ése —como tantos otros discursos minoritarios— encuentran una presencia que puede parecer mucho más sólida que la que realmente posee.

»Sí es cierto que en los últimos años la visión que el kirchnerismo había consolidado sobre la década de 1970 en general, y la dictadura en particular, ha recibido respuestas más o menos críticas. Pero esas críticas no tienen tanto que ver con una reivindicación de la dictadura sino con otras aristas del período que el kirchnerismo prefirió hacer a un lado: los enfrentamientos internos del propio peronismo entre 1973 y 1976, las acciones y objetivos de las organizaciones armadas revolucionarias, etcétera.

»Las claves de esas críticas, creo, no tienen tanto que ver con los nostálgicos de la dictadura (que, insisto, son una escuálida minoría) sino con quienes comulgan con el enfoque que construyó la presidencia de Raúl Alfonsín, el primer presidente de la restauración democrática, muy crítico de la violencia revolucionaria setentista, aunque más crítico aún del terrorismo de Estado.