Jenaro Talens. Foto: Eolas

Jenaro Talens. Foto: Eolas

Letras

El emocionado canto a la vida de Jenaro Talens: poemas como cenizas de sentido

El poeta recopila en 'La velocidad de la sombra' sus composiciones desde 2018, en las que recuerda su niñez y "la costumbre de escuchar a los muertos".

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En 1964 se publicó En el umbral del hombre. Era el primer libro de poesía de Jenaro Talens (Tarifa, 1946), autor de una extensa obra poética que, con Vísperas de la destrucción en 1970, se erigió ya en alta poesía y parte significativa de la renovación que se estaba gestando en aquellos momentos.

La velocidad de la sombra

Jenaro Talens

Eolas, 2026
158 páginas. 16 €

Talens es además autor de numerosas publicaciones sobre literatura y cine, y a él se deben un buen número de traducciones de Shakespeare, Rilke, Trakl, Samuel Beckett y Edmond Jabés, entre otros.

En La velocidad de la sombra (2018-2024) los poemas responden a una indagación sobre quién se es, quién se ha sido y, dando un paso más allá, a la metafísica, qué es ser. Así, leemos en el primero de los poemas: "El ser, ese misterio / impenetrable", "misterio / impenetrable" y, sin embargo, misterio que imanta, pues "no se puede vivir, como si se tratase de un fatum, una condena, sin el acecho / de la pasión por lo ininteligible".

Al prologar su poesía completa en Cenizas de sentido, escribía Talens: "Siempre puse en mis escritos toda mi vida y mi persona", afirmación plenamente válida para los poemas de este nuevo libro. Por eso, el personaje que habla en ellos se pregunta: "¿Es la memoria un sueño?".

Cuestión que surge "en el otoño / del caminar" –"otoño" e "invierno" son palabras recurrentes y no pueden leerse solo como las estaciones del año; se hacen además menciones explícitas, como en "me adentro / en el terreno ignoto de la ancianidad"–. Pues bien, pese a que se hace la mencionada pregunta la mirada se dirige al pasado y se rememoran "Rostros, cuerpos, lugares, familiares quizá", ahora "figuras en un cuadro […] de una naturaleza / muerta".

De ahí les dará nueva vida la palabra –palabra, según se dice, que tiene la edad de la memoria, "Antes de que naciesen las palabras, / no existía el recuerdo"–, todopoderosas las dos, pese a que, ya ha quedado citado, sobrevuela la duda de si la memoria no será un sueño.

En cuanto al lenguaje, Talens plantea si nombrar a los poemas como "cenizas de sentido" es suficientemente elocuente, o si lo es reconocer la inestabilidad semántica, al hablar de "el doble sentido de los significados".

Atraídos, pues, por la memoria, reviven en escritura las figuras familiares ("Padre, ya sé que habitas en la nada", "También tu sombra me acompaña, madre"), donde los apóstrofes atraen a la situación de diálogo, al aquí, tanto que en otro poema el yo dice tener "la costumbre de escuchar a los muertos".

En este ejercicio de rememoración, de revitalizar lo que es ya ceniza, no faltan las fotografías, como en "Miro una vieja fotografía en blanco y negro", entre otras ocurrencias.

Estos poemas, claro, también rescatan del pasado al yo y se recuerda la imagen de niño y sucesivas etapas, y todo sirve para reflexionar sobre la identidad: "digo adiós a quien fui", "aún no / comprendes ni quién fuiste, ni quién eres", "advertir, de pronto, que un desconocido / ha vivido mi vida, como si fuese yo", por citar solo unos pocos casos.

Pregunta esta, la de quién se es, decisiva y que no deja indiferente a nadie, de manera que al leer La velocidad de la sombra, no puede el lector hacer como si ello no fuese con él.

Por otra parte y como es sabido, Talens ha mostrado siempre su capacidad para dotar de melodía a sus poemas. Secuencias de clave impar, tan típicas de la poesía española contemporánea, pautan estos poemas, incluso los presentados como poemas en prosa.

Aunque la sombra se acerque, este libro es un emocionado canto a la vida, un libro de espléndida poesía.

La lucha del saber con el creer

No sé quién soy, y asumo que tampoco
soy lo que sé. Sentado ante mi mesa,
esta fría mañana de un noviembre lluvioso
[…] ¿quién habla por mi boca
como si fuese yo? No es el murmullo
de lo desconocido, sin embargo,
lo que en el fondo me preocupa,
sino el hacerme cómplice de convenciones
que todo lo invalidan si lo impone la fe.
Así que lo que aprendo se lo debo a dudar
de cuanto me transmiten las palabras que digo
y a escuchar el silencio de la naturaleza.