Eve Babitz y Joan Didion. Diseño: Rubén Vique

Eve Babitz y Joan Didion. Diseño: Rubén Vique

Letras

Eve Babitz y Joan Didion devorando Hollywood: la diosa de los suburbios y la perfecta chica burguesa

Son las dos caras de la misma moneda si esa moneda fuera Los Ángeles en el ocaso de los 60. La periodista Lili Anolik las enfrenta en un libro fascinante.

Más información: Isabel Coixet: "En Estados Unidos me he encontrado un país en pleno fascismo"

Publicada

No exageramos al decir que el lector que se acerque a esta historia se dará un buen atracón de sexo, drogas y rock and roll. Habrá quien afee el tópico, pero si se zambulle en la compleja y ambivalente relación de las escritoras estadounidenses Joan Didion (Sacramento, 1934 - Nueva York, 2021) y Eve Babitz (Los Ángeles, 1943 - Los Ángeles, 2021), comprenderá que no hay tantos libros que justifiquen el uso de tan inveterada expresión.

Didion y Babitz

Lili Anolik

Traducción de Gala Sicart Olavide
Random House, 2026
440 páginas. 22,90 €

Estamos en California, cuando agonizan los años 60, y dos mujeres muy distintas tratan de abrirse camino en la radiante escena cultural de Los Ángeles. Didion es menuda, recatada y amable, pero tiene un sueño y va a lograrlo cueste lo que cueste: ser una escritora de éxito. Babitz es caótica y volcánica; decidida, pero emocionalmente insegura.

Da sus primeros pasos en el arte visual –una foto en la que posa desnuda y jugando al ajedrez con Marcel Duchamp sirve de detonante– y desemboca, también, en la literatura. La periodista Lili Anolik, biógrafa de Babitz, ha reunido sus peripecias vitales para armar un libro que, sostenido en la materia anecdótica, revela la decadencia de una época exuberante en la que convivían el éxito y la destrucción; donde el machismo era la norma, pero campaba a sus anchas bajo el amparo de la discutible "libertad sexual".

Si dijéramos que Didion y Babitz es una biografía doble no seríamos del todo precisos. Anolik, en realidad, se sirve de la figura de Didion –a medio camino entre la antagonista y el principal personaje secundario– para establecer un contrapunto con la de Babitz, la verdadera protagonista.

La autora de Yo era un encanto, una recopilación de sus artículos –inéditos hasta ahora en español– que acaba de publicar también Random House, era hija de un violinista de la Twentieth Century-Fox y de una artista plástica. Ahijada de Stravinski, creció en un círculo elitista –Chaplin, Picasso, Greta Garbo, Janet Leigh…–, pero Babitz se decantó por la vida disoluta.

Conocida como "la diosa de los suburbios", encontró su veta artística en el collage y el diseño de portadas de discos de rock, pero los años pasaban entre fracaso y fracaso. Mientras tanto, disfrutó de las drogas y el sexo en clubes como el Troubadour, al que acudían Van Morrison, Neil Young, Janis Joplin, Jim Morrison...

Uno de sus amantes fue el líder de The Doors, que "se negó a llevársela a la cama hasta que ella le llevara a ver a su padre", según apunta Anolik. "No logro recordar lo que era acostarse con Jim Morrison, porque con él estabas obligada a emborracharte tanto que esas cosas se te olvidaban", dijo Babitz. La fotógrafa Annie Leibovitz también sucumbió a su irresistible encanto.

Sus relaciones sentimentales fueron, en cambio, traumáticas. Desde Walter Hopps, fundador de la mítica Ferus Gallery, un hombre casado que le dio la patada cuando se hizo la foto con Duchamp, hasta el escritor Dane Wakefield, un envidioso que se fue con una amiga suya en cuanto Babitz inició su carrera como escritora, pasando por el productor musical Ahmet Ertegun, también casado, que se comportaba violentamente cuando bebía.

Así y todo, el hombre más nocivo para Babitz fue, según Anolik, el productor Earl McGrath, que cimentó su talento en las relaciones públicas. Roman Polanski, Tom Wolfe, Harrison Ford –al que Babitz conoció cuando era camello– y Mick Jagger –del que nuestra escritora dijo: "Me odiaba porque estaba gorda"– eran habituales en los saraos de Franklin Avenue, donde vivía Joan Didion con su esposo, John G. Dunne.

McGrath, que años después trataría de destruir a Babitz por celos, presentó a las escritoras en 1967. Didion no era, precisamente, el alma de la fiesta, pero era una anfitriona ejemplar –"la perfecta chica burguesa", leemos– y andaba siempre al acecho de episodios y personajes que poder incluir en sus libros. En aquella época, Babitz lo vivía y Didion lo relataba.

"Joan, como Eve, era una mujer de hombres", asegura Anolik, y es que la pretendió, entre otros, Warren Beatty. Pero lo cierto es que en su vida –que sepamos– solo mantuvo sexo con dos. El primero fue Noel Parmentel, un pendenciero –íntimo de Norman Mailer– que la maltrató –según sus diarios, aparecidos en 2025– y, sin embargo, siguió íntimamente ligado a su vida años después.

Cuando Joan Didion terminó 'El año del pensamiento mágico', preguntó ansiosa a su editor si sería un superventas

Fue quien le presentó a Dunne y el padrino de su hija, Quintana, que murió alcoholizada con 37 años. El segundo fue Dunne, claro, con quien contrajo matrimonio: una "decisión profesional", según Anolik.

Tal era la ambición de Didion que fue capaz de "entregarse a un hombre al que no amaba, porque el hombre al que amaba [Parmentel] le dijo que lo hiciera". Es evidente que Anolik tiene un concepto bastante degradado de Didion en el aspecto humano, pero ciertamente Dunne resultaría un contacto imprescindible para ella en su ascenso al olimpo literario.

Entre los testimonios que la autora recabó para este libro –además de las cartas, diarios, fotos y manuscritos que completan la documentación–, incluye el de un tal David Thompson, que asegura que cuando Didion terminó El año del pensamiento mágico –sobre el duelo por la muerte repentina de su marido–, preguntó ansiosamente a su editor si iba a ser "un superventas".

Calculadora y sin escrúpulos. Así es el retrato de Didion en este libro. Sin embargo, la ruptura con Babitz nada tuvo que ver con esto. Antes al contrario, Didion fue su mentora en los inicios de su carrera y, en 1973, cuando estaba corrigiendo el primer libro de Babitz –El otro Hollywood–, esta la despidió. Consideraba que su perfeccionismo restaba frescura a su prosa.

Representaban la disciplina y la espontaneidad, la profesionalidad y la impureza, pero ambas desnudaron en sus obras los dislates de sus vidas. Puro exhibicionismo. Babitz no llegó nunca a consolidarse, pero en los últimos años alcanzó una popularidad inesperada. Era tarde para disfrutarlo. Una enfermedad la había destruido. Mientras sus libros se vendían como nunca, ella aseguraba que tenía un lío con Donald Trump.