Jack London, fotografiado entre 1906 y 1916, junto a ilustraciones de 'Martin Eden', 'El lobo de mar', 'Colmillo Blanco' y 'La llamada de lo salvaje'. Diseño: Rubén Vique

Jack London, fotografiado entre 1906 y 1916, junto a ilustraciones de 'Martin Eden', 'El lobo de mar', 'Colmillo Blanco' y 'La llamada de lo salvaje'. Diseño: Rubén Vique

Letras

150 años de Jack London, el gran aventurero, lobo de mar y cronista de lo salvaje

El autor de 'Colmillo Blanco' fue uno de los primeros escritores superventas de Norteamérica y retrató como pocos la naturaleza, la miseria y la rebeldía humana.

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“Había vivido libre, y libre estaba muriendo”. En este escueto comentario ante la agonía y muerte del protagonista de uno de sus relatos, "Koolau el Leproso", Jack London (San Francisco, 12 de enero de 1876 - Glen Ellen, 22 de noviembre de 1916) encapsuló todo su credo vital, que obedeció siempre la máxima de Nietzsche (al que leyó con sumo provecho): “Vivid peligrosamente”.

La vida de Jack Griffith, que firmó su obra inmortal como Jack London, no podía ir menos encaminada a la literatura. Hijo de un astrólogo irlandés y de una profesora adepta al espiritismo, se crio en la pobreza y se educó en compañía, entre otros, de Flaubert, Kipling o Washington Irving, cuyos libros frecuentó de adolescente, en interminables jornadas de lectura en la biblioteca pública de su ciudad.

A los dieciséis años ya lo había leído todo, y no había cumplido los veinte cuando se embarcó en una goleta para cazar focas en Japón, un oficio, el de marino, que le haría cubrir largas travesías por el Pacífico, el mar de Bering o las costas de Alaska. Desempeñó oficios diversos, de peón caminero en Canadá a buscador de oro en el Yukón, donde casi muere de escorbuto.

Su apego a la acción encontró un aliciente en el periodismo, oficio que ejerció casi siempre en condiciones extremas. Fue corresponsal en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 y en la intervención estadounidense en Veracruz, México, de 1914.

No se cita tanto como sus novelas sobre las tierras del norte –La llamada de lo salvaje o Colmillo Blanco, por citar las dos más conocidas–, pero tiene al menos una obra maestra de la crónica: La gente del abismo, reeditada en 2016 por Gatopardo. Para elaborar ese largo reportaje de periodismo “gonzo”, viajó a Londres en 1902 y pasó varios meses viviendo entre los vagabundos del East End, a fin de denunciar el reverso oscuro del Imperio británico.

Ethan Hawke en la película 'Colmillo Blanco' (1991), adaptación de la novela homónima de Jack London

Ethan Hawke en la película 'Colmillo Blanco' (1991), adaptación de la novela homónima de Jack London

El resultado es un libro “vigoroso”, en palabras de Ian Sinclair, e “intencionalmente sensacionalista”, donde London, aplicando técnicas de su obra literaria, retuerce la realidad hasta convertirla en un entramado fantástico y grotesco. La verdad que emerge de él, en todo caso, es más profunda que la de cualquier informe histórico sobre los excluidos de la bicoca del comercio colonial.

El libro fue tan influyente que Orwell lo imitaría en Sin blanca en París y Londres, otro clásico del reportaje narrativo donde el autor de 1984 descendió también a los bajos fondos de esas dos metrópolis europeas.

Pero antes de su crónica inglesa, London ya se había desempeñado como vagabundo en su país. A finales del siglo XIX, recorrió Estados Unidos con lo puesto, experiencia que recogió después en The Road, unas memorias que marcarían el paso a Steinbeck y Kerouac para sus historias ambulantes de la América profunda.

Como cronista de mundos desconocidos, London llevó a Norteamérica realidades que de otro modo difícilmente habrían descubierto los lectores. Fue de los primeros en escribir de surf en la prensa, tras quedar él mismo deslumbrado durante una escala en Hawái, en 1907, mientras intentaba dar la vuelta al mundo gracias a la fortuna que había ganado con La llamada de lo salvaje.

Jack London en Waikiki, Hawái, 1915. Del libro 'Our Hawaii', de Charmian London, su segunda esposa.

Jack London en Waikiki, Hawái, 1915. Del libro 'Our Hawaii', de Charmian London, su segunda esposa.

Un día, sentado en la playa mientras arreglaban su embarcación, divisó figuras humanas recortadas en el horizonte, flotando sobre el agua. En esos nativos que volaban “con sus tobillos alados sobre la blanca cresta de una ola”, el recio marino y aventurero vio el triunfo del ser humano sobre el océano salvaje.

Como novelista, fue autor de algunos de los primeros best sellers de Estados Unidos. En lo político fue contradictorio, aunque se situó siempre a la izquierda; como individualista feroz, miró siempre las ideologías con desconfianza.

Aceptaba los postulados marxistas, pero, como escribió Orwell en 1940, “con su amor por la violencia y la fuerza física, su creencia en la ‘aristocracia natural’, su adoración por los animales y su exaltación de lo primitivo, tenía lo que se podría llamar con justicia una tendencia fascista”.

Como cronista de mundos desconocidos, London llevó a Norteamérica realidades que de otro modo no habrían descubierto los lectores

En cualquier caso, sus personajes fueron siempre el reflejo de esa íntima contradicción entre los impulsos aventureros del héroe solitario y una clara conciencia de las injusticias sociales.

Dejó un puñado de cuentos magistrales. En “El chinago” anticipó con precisión kafkiana el horror burocrático y la arbitrariedad del poder, y “Encender un fuego”, considerada hoy una cumbre de la narrativa breve norteamericana, es un relato estremecedor que muestra, con crudeza naturalista, la indiferencia de la naturaleza frente a la arrogancia del ser humano.

Jack London en su despacho, hacia 1916. Foto: The Bancroft Library. University of California, Berkeley

Jack London en su despacho, hacia 1916. Foto: The Bancroft Library. University of California, Berkeley

Se hizo rico y se arruinó varias veces. Tuvo una relación difícil con el alcohol –narrada con maestría en John Barleycorn–, dos matrimonios desastrosos y un final nunca esclarecido: durante mucho tiempo se creyó que se había suicidado, como algunos de sus personajes, aunque hoy la mayoría de sus biógrafos considera que murió por una sobredosis accidental de morfina.

Se hizo famoso, más que ningún otro escritor de su tiempo, con novelas basadas en sus aventuras; escribió memorables narraciones marinas, como El lobo de mar, cuya recepción reprodujo el éxito de La llamada de lo salvaje. En su momento incomprendida, Martin Eden, novela autobiográfica sobre el ascenso social de un marinero que llega a escritor de éxito, es hoy un modelo de novela de formación y un clásico mil veces adaptado. Y como casi toda la obra de London, mantiene intacta su fuerza ciento cincuenta años después del nacimiento de su autor.