Con paraguas y sin mascarillas, el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares volvió a acoger con normalidad el acto de entrega del Premio Cervantes tres años después. Si los motivos sanitarios impidieron la celebración de las dos últimas ediciones, la aquejada salud de Cristina Peri Rossi (Uruguay, 1941), la galardonada de 2021, fue la causa de su ausencia en la mañana de este miércoles. La actriz Cecilia Roth (Buenos Aires, 1956), pronunciaría el tradicional discurso en nombre de la escritora.

Ni siquiera la lluvia empañó un acto tan esperado. Los poetas desaparecidos en 2021 Joan Margarit y Francisco Brines, premiados en 2019 y 2020 respectivamente, no pudieron disfrutar de la entrega del “más alto reconocimiento de las letras hispánicas”, según consideró el ministro de Cultura y Deporte Miquel Iceta, primera autoridad en intervenir.

No pudo tampoco acudir al acto de la 46.ª edición la poeta y narradora Peri Rossi, sexta mujer distinguida con este reconocimiento tras la también uruguaya Ida Vitale, las españolas María Zambrano (1988) y Ana María Matute (2010), la cubana Dulce María Loynaz (1992) y la mexicana Elena Poniatowska (2013). Pero la actriz argentina demostró que haber dejado en sus manos el discurso de la escritora, que cumple con el criterio de alternancia de premiados entre las dos orillas, había sido una buena decisión.

“La literatura es compromiso: un artículo contra Putin o un poema sobre el deseo entre dos mujeres”

Probablemente fruto de los nervios, Roth olvidó la medalla en el momento de la recepción, por lo que antes de emocionar al respetable con la historia de su compatriota uruguaya, hubo de regresar a la mesa presidencial, donde el rey Felipe VI la esperaba con una sonrisa complaciente.



Iceta había adelantado minutos antes que “no ha habido en su trayectoria ninguna concesión al mercado”, pero no fue hasta que lo escuchamos de su puño y letra (y en la voz de la actriz) cuando comprendimos la dimensión de su figura. “Nací en Uruguay”, comenzó Roth, “cuando desgraciadamente Europa estaba sumida en la II Guerra Mundial”.

Sobre la anécdota de un zapatero judío y un músico alemán con un parche en el ojo que “en Europa se habrían matado”, según le habría dicho su madre, Peri Rossi confecciona un emocionado alegato contra la guerra, que arrastra consecuencias como el exilio, experimentado por ella misma en dos ocasiones a lo largo de su vida.

“La literatura es compromiso”, dice la actriz con su característica voz un tanto rasgada. Y añade, como ejemplos, “un artículo contra Putin o escribir un poema lírico que exalta el deseo entre dos mujeres”. Sobre esas dos consignas, la feminidad y la guerra, se articula este discurso emocionado, que no elude apuntes biográficos como la trascendencia que tuvo en su vida descubrir la biblioteca de su tío en Uruguay, un hombre “ferozmente misógino” que se oponía a su deseo de ser escritora “porque las escritoras se suicidan”.

El diario de Ana Frank; La Madre, de Máximo Gorki; y El Quijote fueron tres libros determinantes para Peri Rossi. Sobre el último, no podía faltar la alusión al autor que da nombre al flamante premio que acababa de recibir. La referencia al capítulo de Marcela, a la que acusan de ser culpable del suicidio de Crisóstomo, la condujo a pensar que “Cervantes desacraliza la belleza como atributo femenino”.

Se despidió Peri Rossi (o sea, Cecilia Roth) con algunos fragmentos de sus poemas. “Consignar el presente / vaticinar el futuro” son dos versos que hoy sigue suscribiendo bajo la idea de “convertir la resistencia en literatura”. El aplomo de Roth durante toda la lectura sucumbió a las leyes de la gravedad una vez que encontró asiento, donde dejó caer sus lágrimas hasta el inicio de la intervención del rey Felipe VI.

El discurso del monarca fue una alegre sorpresa. En lugar de volver a subrayar la contribución indiscutible de Peri Rossi a la literatura hispanoamericana y otros apuntes de solemne calado, como ya hizo en el almuerzo del día anterior, donde brindó “por la palabra y por los ideales cervantinos de libertad, justicia y concordia”, el rey esgrimió un verdadero análisis literario sobre la totalidad de su obra, deteniéndose en cada uno de los géneros que ha desarrollado: la poesía y la narrativa, con predominancia de las formas breves.

“El árbol de sus creaciones tiene frondosas ramas”, resumía justo antes de destacar su “disconformidad con los conceptos literarios preestablecidos” y definir con una frase las líneas generales de su poética: “seduce sin hacer concesiones y cautiva con su extraordinario poder de fascinación”.

“Cervantes desacraliza la belleza como atributo femenino”

Por otro lado, “la experiencia más dolorosa de su vida fue también la más enriquecedora”, dijo Felipe VI sobre el exilio en la vida de la escritora, primero en España y luego en Francia por la dictadura franquista. Sin embargo, celebró que hubiera tomado el camino de la literatura hasta convertirse en “una voz en defensa de los vulnerables”.

De sus datos biográficos, priorizó los años 60, cuando en la Barcelona del boom latinoamericano coincidió con coetáneos como Manuel Vázquez Montalbán, Álvaro Pombo o Javier Marías y “las mujeres de Lumen”: Esther Tusquets, Ana María Moix o Ana María Matute. Tuvo, además, la gentileza de acordarse de “una pequeña editorial de Palencia” (se refería a Cálamo) que publicó La noche y su artificio, aunque no la mencionó, como sí hizo justo antes con el sello de Penguin Random House. Le agradeció, por útimo, “mostrarse rebelde” y “abrirnos las puertas de su casa”.

María José Gálvez, directora general del Libro y Fomento de la Lectura, fue la encargada de recordar el acta del jurado que distinguía a Cristina Peri Rossi con el Premio Cervantes 2021, un galardón dotado con 125.000 euros.

Pronunciado el 10 de noviembre de 2021, se reconocía “la trayectoria de una de las grandes vocaciones literarias de nuestro tiempo y la envergadura de una escritora capaz de plasmar su talento en una pluralidad de géneros. La literatura de Cristina Peri Rossi es un ejercicio constante de exploración y crítica, sin rehuir el valor de la palabra como expresión de un compromiso con temas claves de la conversación contemporánea como la condición de la mujer y la sexualidad. Asimismo, su obra, puente entre Iberoamérica y España, ha de quedar como recordatorio perpetuo del exilio y las tragedias políticas del siglo XX”.

El veredicto fue emitido por un jurado compuesto por José Manuel Sánchez Ron, a propuesta de la Real Academia; Cristina Maya, por la Academia Colombiana de la Lengua; José Francisco Asís Montero, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Ana Rosa Domenella, por la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL); Ignacio Peyró, por la Dirección del Instituto Cervantes; Laura Revuelta, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Ciro Francisco Bianchi, por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) y por último Maja Zovko, por la Asociación Internacional de Hispanistas.

Además del flamante galardón, Peri Rossi ha obtenido el premio de poesía de la Fundación Loewe, el Ciudad de Barcelona, el NH Mario Vargas Llosa de relatos y el Quijote, concedido por la Asociación de Escritores de España, y, más recientemente, el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2019.

De todo lo que se perdió la escritora uruguaya en el acto donde, sin estar, fue protagonista, quizás lo más reseñable fue el himno universitario Gaudeamus igitur, sorprendentemente interpretado con mascarillas por el coro de la Universidad de Alcalá de Henares. Tampoco vio cómo Felipe VI fue vitoreado a su entrada en el Paraninfo con gritos de “Viva el rey” ni como el presidente Pedro Sánchez rechazaba los paraguas que le ofrecían.

No vio Cristina Peri Rossi a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ni a la delegada del gobierno María de las Mercedes González Fernández, ni al rector de la Universidad de Alcalá, José Vicente Saz. Tampoco a muchas otras personalidades institucionales que fueron a celebrarla en su ausencia. Aunque puede sentirse orgullosa de su representación a cargo de Cecilia Roth, que leyó emocionada el discurso en su nombre.

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