Mendicutti

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Letras

Mendicutti y el recuerdo de las mimosas amarillas

En 'Para que vuelvas hoy', el escritor recorre la fugaz historia de amor de Isabel Peñalber, una anciana que en su juventud ejerció la prostitución, con el poeta Marcos Ana

20 abril, 2020 09:10

Para que vuelvas hoy

Eduardo Mendicutti

Tusquets. Barcelona, 2020. 256 páginas. 18 €. Ebook: 9,99 €

Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, 1947) es autor de una obra amplia que ha gozado del aplauso del público y de la crítica. Para que vuelvas hoy, su última novela, se inicia con Isabel Peñalber, una anciana a la que no ha abandonado un llamativo brío, prueba fehaciente de que, como dice el refrán, “quien tuvo, retuvo”. Por sus dificultades de movilidad, a Isabel la cuidan dos jóvenes. Marta, que la acompaña cada tarde como voluntaria, entabla con ella una amistad de la que dan cuenta unas jugosas conversaciones en las que Isabel va rememorando su vida.

Así conocemos que, después de un tiempo en el que trabajó como sirvienta, decide dedicarse a la prostitución para ganarse la vida. Entre los acontecimientos que rescata del olvido y que nutren sus conversaciones vespertinas con Marta, hay uno que destaca y que se convierte en leitmotiv de la historia. Se trata de la relación de una sola noche que tuvo con Fernando Macarro Castillo, un hombre que marcó su vida y que le regaló un enorme ramo de flores que ella, pasado el tiempo, confunde con las de una mimosa plantada delante de la casa familiar.

El hecho no tendría mayor trascendencia si no fuera porque el ocasional amante de Isabel fue Marcos Ana, el poeta y combatiente del ejército republicano durante la Guerra Civil, que fue encarcelado cuando tenía diecinueve años porque se le atribuyeron tres delitos de sangre que negó haber cometido. Condenado a muerte, fue finalmente amnistiado tras permanecer largos años en prisión. En la novela, Mendicutti ficcionaliza un pasaje de su autobiografía, aquel en el que relata su primera relación sexual con una mujer tras salir libre de la cárcel. Ella era Isabel Peñalber.

En un juego impecable entre realidad y ficción, Mendicutti recrea parte de las memorias del poeta Marcos Ana

La obra está vertebrada por los diálogos entre Isabel y Marta, que se mezclan, a su vez, con monólogos interiores de la protagonista. Al mismo tiempo, ocasionalmente aparecen fragmentos de carácter lírico escritos en cursiva que simbolizan los recuerdos de la anciana y que guardan relación con la parte narrativa. Cada capítulo de la novela introduce distintas secuencias significativas en el devenir vital de la mujer, así como personajes que sirven para incorporar los temas que le interesan al autor, la mayor parte de ellos vinculados con las relaciones familiares y el oficio de Isabel. Es destacable el impecable juego final entre la realidad y la ficción, entre lo que cuenta Marcos Ana en sus memorias y la recreación que hace Mendicutti del episodio con Peñalber.

Asimismo, sobresale el uso del lenguaje, rico en expresiones populares (“la Peineta tenía una risa de esas que se contagian como el sarampión”), coloquialismos (chuchurría, cucamonas, meticona), localismos andaluces (desavío, camballada, dar achares, pitraco) e incluso neologismos (jartible, ciquitrate) que vivifican el estilo.