Image: Espectros de la movida. Por qué odiar los años 80

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Letras

Espectros de la movida. Por qué odiar los años 80

No todo fue malo. Lenore dice que al menos la cultura pop tuvo la virtud de sacudir el “muermo franquista”

17 mayo, 2019 02:00

Víctor Lenore. Foto: Txemari Ortiz de Luna

Víctor LenorePrólogo de César Rendueles. Akal. Madrid, 2019. 207 páginas. 18 €. Ebook: 9,99 €

“Resulta fácil hacer una evaluación cruel de la movida madrileña”, escribe César Rendueles en el prólogo del libro. Se comparta o no, dicha estimación es un arma de doble filo porque, al acabar su lectura, se puede tener la impresión de que este breve pero penetrante ensayo de Víctor Lenore (Soria, 1972) es precisamente eso, un despiadado ajuste de cuentas con los protagonistas, temas y (supuestas) aportaciones de la movida. Por otro lado, no podría ser de otra forma: con la perspectiva que da el tiempo, las mistificaciones de entonces se nos muestran hoy de forma descarnada, de tal modo que lo que antaño pudo disculparse atendiendo a la recuperación de la libertad ahora nos resulta de una petulancia insufrible.

Pero, aun así, se impone la diferenciación, pues no todos los actores de aquel momento fueron iguales ni lo fueron tampoco los resultados en las diversas modalidades artísticas, entendidas en un sentido muy amplio, desde la pintura a la moda o incluso una peculiar actitud ante la vida, una puesta al día de la consabida joie de vivre. Es verdad que la mayoría fueron estrellas fugaces, pero no es menos cierto que también hubo talento y que esa inteligencia creativa -llamarle genialidad sería excesivo- marcó un hito y trascendió la propia movida. El caso de Almodóvar está en la mente de todos.

No todo fue malo. Lenore dice que la cultura pop tuvo la virtud de sacudir el “muermo franquista”

Lenore sigue aquí la senda marcada, entre otros, por Teresa M. Vilarós (El mono del desencanto), Germán Labrador (Culpables por la literatura) o Jordi Costa (Cómo acabar con la contracultura). Pese a sus diferencias de enfoque y valoraciones, estos ensayos tienen en común su tono crítico -o hasta hipercrítico- con casi todos los aspectos de la movida, desde el estrictamente artístico hasta el más difuso, político y sociológico. Ya desde el principio el lector comprueba cómo epígrafes como “Aquellos maravillosos años” aparecen aquí sin nostalgia y con una fuerte carga sarcástica. Por si fuera poco, el autor se encarga de expresarlo con acidez: “Los 80 son una década absurdamente idealizada”(p. 19).

Como en los ensayos antes citados, el análisis crítico de Lenore se efectúa desde una perspectiva explícitamente política: “Cultura de mercado, censura de Estado” se titula el segundo capítulo, que hace un repaso al “uso de la cultura como factor de desmovilización social” y al relevante papel desempeñado por el PSOE en tal empeño. En la línea auspiciada por la analítica marxista y puesta al día por intelectuales y teóricos de la izquierda radical, el autor entiende que “la forma habitual de dominación ideológica de los años 80 es mucho más sutil de lo que puede pensarse” por cuanto incluye “mecanismos de consentimiento por parte de los sometidos” (p. 62). Ya puede colegirse de esas premisas el desdén de Lenore a la movida como “modernidad”, pues en la realidad, fuera de las ensoñaciones narcisistas, la “modernización” del país transitaba por unas vías bien distintas: “los 80 traen el neoliberalismo salvaje”.

No todo fue malo: dice Lenore que la cultura pop tuvo la virtud de sacudir el “muermo franquista”, cuestionar la moral católica y visibilizar nuevas opciones sexuales. Con todo, fueron triunfos parciales, con frecuencia epidérmicos y tardíos. El autor no puede evitar la ironía: “mugre en Malasaña”, “la movida de la pasta”, etc. Completando paródicamente el tema de Mecano, “Hoy no me puedo levantar, el fin del milenio me dejó fatal”, el último capítulo en forma de corolario insiste en las líneas antedichas, pero también se abre a una reflexión más amplia “sobre qué tipo de cultura necesitamos para desarrollarnos en un mundo cada vez más hostil”.