Image: Ya era hora de que los buenos fueran anarquistas

Image: "Ya era hora de que los buenos fueran anarquistas"

Letras

"Ya era hora de que los buenos fueran anarquistas"

Joaquín Leguina y Rubén Buren presentan Os salvaré la vida (Espasa), una novela sobre la figura de Melchor Rodríguez, el Ángel Rojo que salvó la vida de miles de personas durante la Guerra Civil

6 septiembre, 2017 02:00

Joaquín Leguina y Rubén Buren

A pesar de haber salvado la vida a miles de civiles de todos los bandos durante la Guerra Civil española, Melchor García es hoy un personaje casi desconocido en nuestra memoria histórica y colectiva. Aprendiz de calderero, ebanista y torero en sus orígenes, el Ángel Rojo, anarquista convencido, evitó las ejecuciones irregulares, masivas y arbitrarias de presos y defendió sus derechos, sin importar los credos políticos o el color de sus ideales, ya fueran de sus simpatías, comunistas o falangistas.

Premio 2017 de Novela Histórica Alfonso X El Sabio, Joaquín Leguina (Cantabria, 1941) y Rubén Buren (Madrid, 1974), bisnieto de aquel, recuperan hoy su memoria en Os salvaré la vida, un título que "es novela, no biografía" según matiza el que fuera presidente de la Comunidad de Madrid en una entrevista concedida a El Cultural. En él, subraya, "hay personajes reales y otros que son pura ficción. Evidentemente Melchor Rodríguez, Paca y su hija Amapola son reales". Y aunque reconoce que no quieren desvelar quiénes son ficticios o quiénes no, revela que "el chófer de este señor, no es real, pero existe un chófer que sí lo era". De hecho, matiza Buren "el contexto de la novela es auténtico, la casa existe. Hay muy pocos personajes inventados".

A ambos les presentó una noche José Antonio Martín Otín, Petón, consciente del interés de los dos por la figura de Melchor Rodríguez. Aquello fue un flechazo creativo, tanto que ya preparan un nuevo proyecto, esta vez de corte comunista, sobre la vida de Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthasen. "No nos conocíamos de nada -interviene Rubén Buren-, teníamos unas ideas políticas diferentes y una visión del mundo muy parecida, algo que descubrimos a medida que fuimos hablando. Hemos discutido mucho de la manera que se tendría que discutir, es decir, discutiendo, dialogando, intentando no imponer sino escuchar y aceptar la opinión del otro".

Pregunta.- En Os salvaré la vida hablan de un aspecto de la guerra civil, de un personaje, casi desconocido , ¿cómo definirían su obra?
Joaquín Leguina.- Yo creo que quiere ser una historia de verdad, un relato que tiene que ver con las emociones sobretodo. Hemos intentado hacerlo lo más bello posible. Tiene un aroma anarquista porque el personaje y el ambiente que recrean lo son. Pero no es un manifiesto libertario. Es una novela madrileña.
Rubén Buren.- Y de pobres.
J. L.- Sí, madrileña y de pobres.

P.- En ella rescatan la figura de Melchor Rodríguez, ¿puede pecar este Ángel Rojo de no tener defectos, más allá de en lo familiar?
R. B.- Es difícil encontrar una novela comercial donde salga el anarquismo de otra forma que no sea representado por un tipo con cresta y poniendo bombas. Ya era hora de que los buenos fueran anarquistas porque también hay que ver esa ideología de esta otra manera. Entiendo el maniqueísmo al que te refieres y un poco ese viaje del héroe, no tan inmaculado porque le hemos puesto sus sombras también. Es cierto que Melchor como muchos otros anarquistas de esa época que se sentían, lo que llamaban ellos, los "santos anarquistas", tenían un problema. Y es que creían en la moral del hombre por encima de todo y se convertían en verdaderos apóstoles del anarquismo con una moral tan estricta que a nosotros ahora mismo nos sorprendería porque serían como una especie de apóstoles cristianos. Con lo cual cuando estamos hablando de que este seguimiento que hacen Melchor o Celedonio de sus ideas hasta el grado infinito aunque suene irreal es real.
J. L.- De hecho, la novela no es maniquea en absoluto. Él tiene esa parte familiar y personal que muestra sus sombras. Una persona que ha salvado miles de vidas es un héroe, pero claro, los héroes no son inmaculados.
R. B.- Sí pero su mácula viene de otros lados. Viene de su vida personal. Políticamente es complicado porque es un hombre que discute hasta con los suyos para salvar la vida de los enemigos. A mí también me costó. De hecho, cuando sale de la cárcel le dan cheques en blanco y le ofrecen un trabajo donde figurar solo sin hacer nada. Y él tipo les dice que no. El tema es que se lo creían. Ese santo anarquista, esa idea. Eso es lo que cuesta de la novela a quien no conozca la anarquía de ese momento. Entender ese proceso casi como un proceso de santificación para ellos. La idea es tan importante que es complicado comprender desde nuestro punto de vista actual.

Os salvaré la vida, es el resultado de algo más de un año de trabajo, además de todo el proceso previo de documentación por separado. El texto, de unas 350 páginas, es la mitad de lo que ambos habían escrito en un principio. "Cortar, depurar, discutir...", esos son los ingredientes de los que según Leguina se alimenta su obra. "Habíamos escrito el doble de páginas -explica-. Algunas partes que tenía yo han desaparecido, incluyendo un personaje que iba a ser central, porque en mitad de la escritura cambiamos todo".

Eso pasó en diciembre, cuando Rubén Buren tuvo que permanecer en el hospital. "Al no poder moverme tuve mucho tiempo para pensar y reconvertir toda la novela. Joaquín casi me mata. Ya estábamos en enero entonces".

P.- Háblenme del Ángel Rojo, ¿por qué resulta una figura tan desconocida?
R.B.- Melchor Rodríguez para la izquierda supone hablar de la represión republicana, hablar de que la República no era tan maravillosa y de que los movimientos de izquierda eran represivos. Mientras que, por su parte, la derecha utiliza el personaje de Melchor muy fácilmente para equiparar la matanza de los dos bandos en cantidad y calidad, cuando no fue así. Es decir, las matanzas del bando franquista fueron orquestadas desde el estado militar, sistematizadas jerárquicamente, fueron militarizadas y fueron más numerosas.

P.- Con respecto a la novela, particularmente la primera parte, es una novela muy coral, muy de personajes, entre los que hay un alto porcentaje de mujeres. ¿Qué papel jugaron ellas?
R. B.- Yo creo que se habla mucho del machismo en el libro. Una de las cosas que sí hemos querido remarcar es que la izquierda no era feminista y eso es una cosa muy compleja. También hay que entenderlo en su contexto. No hay que olvidar que la mujer, con la izquierda, obtiene una serie de reconocimientos tanto el divorcio, el matrimonio civil e incluso la libertad en otros aspectos.

"Aunque a la hora de votar el derecho al voto de la mujer, una parte importante de la izquierda votó que no", interviene Leguina, antes de que Buren remate "pero vamos que la figura de la mujer es importante porque, en mi opinión, el personaje central de la novela no es Melchor, es Amapola".

El Ángel Rojo, recuerda Leguina "había estado muchas veces en la cárcel. Nunca condenado por delitos de sangre, sino solo ideológicos, lo cual es bastante significativo". Para su bisnieto, cuya principal virtud de la obra es su carácter divulgativo, el principal objetivo de su escritura es "que la gente vea una manera de contar la historia de la Guerra Civil de una manera muy diferente a la que vienen contado. Que lo lean sin revanchismo". Y se pregunta, "¿estás seguro de qué papel tendrías tú en el 36?", antes de concluir "de lo que hablaba Melchor Rodríguez era del respeto al entendimiento y a las personas por encima de sus ideales. Él no catalogaba si había falangistas buenos y malos. Él catalogaba que los falangistas eran personas y como personas tenían derechos. De eso es de lo que trata la novela. Aunque sea muy difícil de entender hoy".

@mailouti