Marina Mayoral

El 27 de agosto de 1962, un amigo íntimo de Leopoldo Panero que vivía en Estados Unidos soñó que el poeta le tocaba el hombro y le decía "adiós, amigo". Luego se enteró de que el patriarca de la saga Panero había muerto ese mismo día. Esta y otras anécdotas de experiencias cercanas a la muerte contó Marina Mayoral (Mondoñedo, Lugo, 1942) para ilustrar la presentación de su última novela, El abrazo, editada por Stella Maris. En ella, la escritora y catedrática de literatura jubilada utiliza un suceso paranormal de este tipo como nexo entre los dos grandes temas de su obra y, en definitiva, de la literatura universal: el amor y la muerte.



Al comienzo de la novela, el protagonista, el prestigioso arquitecto Federico Castell, es declarado clínicamente muerto, pero él continúa viendo, oyendo y sintiendo, aunque los demás no lo perciban. Es más, adquiere una consciencia extracorporal, ya que puede seguir al médico hasta la sala de espera, donde aguarda la familia. Allí ve -¿o imagina?- a su mujer y a su hermano fundiéndose en un abrazo desconsolado pero algo más que fraternal. Poco después, milagro: el protagonista despierta. La extraña experiencia y la sospecha que nace de ella le cambian la vida y echan a andar la novela.



Aunque lo que más le gusta a Mayoral es "desmenuzar sentimientos" -de hecho, estudió psicología clínica pero no llegó a ejercer-, la escritora se ha documentado mucho para escribir sobre estos fenómenos extraños que acontecen en el tránsito entre la vida y la muerte. Ha leído los clásicos del tema, como Vida después de la vida, de Raymond Moody, que acuñó el término Experiencia Cercana a la Muerte en 1975; o La muerte: un amanecer, de Elisabeth Kübler-Ross. Pero su mejor fuente ha sido Consciencia más allá de la muerte, de Pim van Lommel. La autora siempre ha creído que estas visiones de túneles y seres celestiales son "el último favor que nos hace nuestro cerebro ates de apagarse", pero el cardiólogo holandés asegura que estas no son producto de la imaginación ni de la falta de oxígeno del cerebro. Utilizando conceptos de la física cuántica, el libro abre la puerta a una posible explicación de lo que experimentó el amigo de Panero, el personaje de Mayoral y otros cientos de casos similares reportados en el mundo al introducir el concepto de consciencia no local. El cerebro como interfaz de la consciencia, no como su almacén físico.



Mayoral, siguiendo a Unamuno, celebra la incertidumbre que suscita el más allá y, como el autor de Del sentimiento trágico de la vida, asume ese "quién sabe" que comparten creyentes y ateos, que en los primeros significa flaqueza y en los segundos, esperanza. "Hay que instalarse en la incertidumbre. Si no, es fácil caer en el fanatismo", subraya la escritora. No obstante, Mayoral se desmarca de Unamuno en un aspecto: "Él desprecia la vida si no hay trascendencia. Yo pienso que, haya lo que haya después, la vida merece la pena".



Personajes y técnicas

Además de Federico, el otro personaje fundamental de la novela es Mica, una enfermera con unas manos mágicas para la rehabilitación de enfermos. Demasiado mágicas según las habladurías del hospital, aunque la llamen la Monja por su carácter bondadoso y reservado. Federico se convierte en su paciente y pronto surge un vínculo especial entre ellos, porque también ella ha sufrido por amor y ha vivido de cerca una experiencia cercana a la muerte.



Mayoral utiliza un narrador objetivo que acompaña a los protagonistas y diálogos abundantes que se completan con los pensamientos y recuerdos de los personajes, escritos en cursiva. Lo que más valora la escritora de su estilo es la claridad. "Me parece un requisito indispensable porque es una muestra de respeto al lector. Corrijo mi escritura hasta que todo se entienda perfectamente", asegura.



Aunque la novela trate temas profundos, el tono de la novela no está exento de humor, asegura. "Es muy difícil dar con el tono adecuado, y en este libro lo encontré desde el principio". Por eso, en los talleres de escritura creativa que imparte, siempre aconseja: "No empecéis a escribir sin haber encontrado el tono apropiado. Si no, todo lo único que haréis será perder el tiempo".