Image: Rafael Chirbes: Soy comunista a la manera de Cervantes

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Letras

Rafael Chirbes: "Soy comunista a la manera de Cervantes"

8 octubre, 2014 02:00

Rafael Chirbes

"Yo vengo de una clase social modesta y agradecida", dice el ganador del Premio Nacional de Narrativa. "Y me han enseñado a que, si te dan un premio, tú das las gracias"

A Rafael Chirbes no le gustan los focos. Pero, al atender a El Cultural esta mañana, en su voz se percibe el entusiasmo de quien no se esperaba, para nada, el Premio Nacional de Narrativa. "Tengo la mala suerte de que Crematorio y En la orilla están de actualidad", dice. "Así que tengo que aguantar el haberme convertido, casi de la noche a la mañana, en una figura pública, expuesta a la luz del sol".

Desde ayer, cuenta, los periodistas lo asedian con la misma pregunta, una pregunta cuya raíz hay que buscar en el singular precedente que sentó Javier Marías al rechazar su premio por Los enamoramientos. Por si acaso, se la volvemos a hacer. ¿Pensó Chirbes -muy crítico con los gobiernos que nos metieron de cabeza en la crisis- en rechazar el Nacional de Narrativa? "De ninguna manera. Y me gustaría puntualizar que este premio lo entrega un jurado y no un Gobierno, ya sea del PP o del PSOE. Es un premio de los españoles; es decir, que un jurado elige una novela porque cree que esa novela puede ser provechosa para la ciudadanía. Si este premio tiene alguna connotación política es por el uso que los políticos han hecho de él, pero no por su naturaleza. Además, me parecería un desprecio al jurado, que por otro lado está formado por gente a la que respeto mucho". Lo de Marías lo respeta, pero no lo comparte. "Yo vengo de una clase social modesta, y agradecida -afirma-. A mí me han enseñado que, si te dan un premio, tú das las gracias". Tampoco, dice, sabe qué hará con el dinero. "Déjeme que me asiente y me entere un poco cómo funciona esto".

Chirbes no esquiva la crítica al actual Ejecutivo. "No quiero caer en el cuento de la lechera, porque ni siquiera sé cómo será la entrega, ni cuándo, ni dónde. Pero si tengo la oportunidad, le diré claramente al ministro Wert lo que opino de su política cultural". Y recuerda, por si hubiera dudas, o análisis apresurados, que ninguno de sus libros posee una carga política explícita. Que se trata de literatura, y que ahí no cabe el alegato, ni el juicio a las grandes cuestiones. Sin embargo, dice, "no hay literatura inocente, ni palabra inocente, pero tampoco literatura revolucionaria". Chirbes no es, ni mucho menos, optimista. "Cada día comprobamos que el banquete sigue en marcha. Pero de algún modo, la ciudadanía tiene su parte de responsabilidad. Hemos bajado la guardia, y no hay que olvidar que la lucha de clases es eterna". ¿Aún hoy? "Fíjese. La Transición fue una trampa, y debimos darnos cuenta cuando se pasó de la dictadura a la democracia sin apenas hacer nada. Continúa el problema de fondo: unos organizan, y el resto -es decir, nosotros- tan tranquilos en nuestra casa. La crisis inmobiliaria y la corrupción son distintas apariciones de un mismo fondo. De una historia que se repite. Tú votas y los políticos, automáticamente, rompen el pacto con los ciudadanos, pero no con las multinacionales que los han aupado hasta ahí".

-¿Habla de una casta?
-No quiero utilizar ese término, porque se me encuadraría en un partido político, y a mí me gusta hablar y sentirme libre. Simplemente digo que los ciudadanos nos hemos desorganizado y hemos renunciado a la autodefensa. A cada paso que han dado ellos, lo han sucedido tres pasos atrás de los ciudadanos. Yo me considero comunista, pero no un comunista burocrático, sino un comunista a la manera de Cervantes, que se acordaba de aquellos dichosos tiempos en que todos comíamos bellotas y éramos felices.

Ante tanta oscuridad, Chirbes se recoge y lee. Es lo que hace ahora. Y lo que hemos venido a interrumpir con el escándalo del premio. "Busco en la lectura, en los clásicos, nuevas vías para continuar mi obra. Ahora leo, aunque no sé si es una forma de trabajo. Supongo que sí. Hablemos de esto, no me gusta hablar de política porque siento que degrado a la literatura. Mis libros no tratan de la crisis, si no de quiénes somos y cómo encajamos en este agitado mundo, mis libros, como mucho, reproducen en pequeño lo grande, que es la función primera de la literatura. Un función, si quieres, pedagógica. La literatura ha de seguir haciéndose las preguntas que se hacían Lucrecio, Rojas, Esquilo, Shakespeare; es decir, preguntándose acerca de la naturaleza de este animal humano tan feroz y tan terrible".