Image: Así es como la pierdes
Junot Díaz. Foto: Miguel Rajmil
Como demostró tan espléndidamente su extraordinaria novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Junot Díaz posee una de las voces más distintivas y atractivas de la ficción contemporánea: es ágil, espabilado, enérgico y maravillosamente eclético, y es capaz de evocarlo todo para el lector, desde las aflicciones de la historia dominicana hasta las banalidades de la vida en Nueva Jersey. La maravillosa vida breve de Óscar Wao es al mismo tiempo una historia iniciática, un retrato de familia, una reflexión sobre el legado violento de la época de Trujillo en la República Dominicana, un análisis posmoderno y desde la cultura pop de la fragmentación de la historia y una historia evocadora sobre el encanto y las decepciones del sueño americano. Es uno de esos libros asombrosamente inclusivos que parecen abarcar todo lo que sabe el autor, mientras que su nueva colección de relatos, Así es como la pierdes, es una interpretación miniaturista, un acorde musicalmente estructurado que realiza variaciones sobre un tema principal: un joven dominicano que se dedica a ir tras las mujeres y sus consecuencias emocionales.Este personaje, Yunior, es por lo visto el mismo Yunior que narraba La maravillosa vida... y que protagoniza Los boys, la colección de historias con la que Díaz debutó en 1996 y que fue aclamada por la crítica. Así es como la pierdes es, en muchos aspectos, una especie de complemento de Los boys, con más destellos estroboscópicos de la vida de Yunior mientras trata de compaginar las novias con una carrera literaria y con la reconciliación con su padre, que estuvo ausente durante gran parte de su infancia. Algunos relatos se narran en primera persona y otros, de manera un tanto torpe, en segunda persona.
Las mejores historias son las que están contadas con la energía verbal y el torrente de palabras que hicieron que La maravillosa vida... fuese tan memorable y que reflejan los esfuerzos de Yunior por transitar entre dos culturas, la dominicana y la estadounidense, aunque siempre sigue siendo un extranjero. Díaz describe de manera evocadora el cariño de Yunior hacia Santo Domingo: cómo le encanta "el aterrizaje del avión y los aplausos de toda la gente cuando las ruedas besan la pista" y "la pelirroja que va a reunirse con la hija a la que no ha visto en 11 años" que lleva regalos en su regazo como "los huesos de un santo". Al mismo tiempo, es un experto en la evocación del exótico mundo de Nueva Jersey que Yunior y su atractivo hermano, Rafa, conocen cuando son niños, cuando su padre traslada a la familia a EE. UU.: el asombroso espectáculo de la nieve y de los muñecos de nieve, de la televisión enseñándoles inglés y de los viajes al Pathmark.
Mientras cuenta la historia de su familia, Yunior describe a Rafa -que morirá de cáncer- como el "tipo más duro del barrio": un novio terrorífico y cruel, que incluso maltrata a las "chicas locas que orbitan" a su alrededor. También transmite el desdén machista que siente su padre hacia las mujeres con unos términos irrespetuosos. En un momento dado, papá le dice despectivamente a mamá que "la mujer media no puede aprender inglés". Yunior nos cuenta que su padre solía llevarle a visitar a sus novias y que le dejaba en el coche mientras subía corriendo para tener sexo con ellas, y que su hermano solía hacerlo con chicas en el dormitorio que compartían.
A Yunior le gustaría considerarse como el más inteligente y el más sensible, el que tiene "un cociente intelectual que te partiría en dos" y el que se plantea convertirse en escritor. "No soy un mal tipo", protesta cuando su novia Magdalena recibe una carta de una mujer a la que ha estado viendo, una carta que "estalla como una granada de Star Trek y se lleva por delante todo, el pasado, el presente y el futuro". Y añade: "Sé cómo suena eso -defensivo, poco escrupuloso- pero es verdad. Soy como cualquier otro: débil, lleno de errores, pero en el fondo soy bueno". En otro relato, sin embargo, después de tener una aventura con una profesora de instituto, Yunior reconoce lo parecido que ha sido su comportamiento al de su padre y al de su hermano: "Esperabas que ese gen se hubiese saltado una generación y que no lo tuvieras, pero [...] te estabas engañando".
Los retratos que hace Yunior de las mujeres se ven estimulados por un machismo condescendiente y una especie de arrepentimiento melancólico. Está Alma, "una de esas chicas latinas alternativas que escuchan a Sonic Youth y leen comics sin las que jamás podrías haber perdido tu virginidad", que lee su diario y descubre que la ha estado engañando. Y está Verónica, "una basura blanca de las afueras de Paterson", "una sabihonda de las que no te encuentras todos los días" a la que le encantan las tiendas de libros. En cuanto a Nilda, la ex novia dominicana de Rafa, atraviesa una mala racha tras su muerte, entrando y saliendo del colegio, víctima de las palizas de algunas chicas, triste y sola. Yunior tropieza con ella en la lavandería automática de un minicentro comercial y piensa por un segundo que los dos podrían volver a empezar y marcharse juntos hasta la Costa Oeste. Pero el momento pasa y pierde el rastro de Nilda.
Así es como la pierdes no pretende ser un gran análisis detallado del amor como la novela El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez -que ofrece una brillante reflexión sobre las variedades del amor y de la pérdida- pero nos da una pequeña visión reveladora sobre el tema. Cuando una amiga le pregunta si quiere a su novio casado, uno de los personajes de Díaz responde: "Le conté que las luces de mi vieja casa en la capital parpadeaban y que nunca sabías si se iban a encender o no. Dejabas tus cosas y esperabas, y no podías hacer nada realmente hasta que las luces se decidían. Así, le dije, es como me siento".