Image: Vicente Ferrer. El poder de la acción
Letras
Vicente Ferrer. El poder de la acción
Planeta recopila los escritos del cooperante en una edición con fotografías de Albert Uriach
Vicente Ferrer
'Vicente Ferrer. El poder de la acción' (Planeta), editado por María Llompart Muñoz, Dúnia Beltrán y Dolors Mañé Figueras, recoge las experiencias vividas y sentidas por Vicente Ferrer, basadas en conferencias y en un manuscrito del cooperante de Anantapur, la ciudad del infinito. La edición cuenta además con fotografías de Albert Uriach.La Fundación continúa
Sé que algunas personas se preguntarán qué pasará cuando yo no esté. Todo está en su sitio. Hay una maquinaria que produce un fuego permanente que no necesita mi presencia física. Queda todavía mucho camino por recorrer. Cuando yo no esté presente, estará Anna, y después Moncho, Alana y Charita, más todas las demás llamas vivas, los directores, los trabajadores, los voluntarios, los cooperantes, los colaboradores y padrinos...El futuro de la Fundación Vicente Ferrer está en las llamas encendidas. El día que yo muera, la Fundación caminará sola, porque ya tiene vida propia. Todos representan la continuidad de la organización, de manera que el movimiento y el espíritu de la acción buena ya no pertenece a una persona, sino al colectivo. Aunque todos somos importantes en nuestra organización, no resultamos imprescindibles. Está todo preparado para que se dé la continuidad. La estructura es muy sólida y eso garantiza un futuro de años de trabajo. Somos muchos equipos humanos, distribuidos por un gran número de pueblos, trabajando en común por un mismo objetivo. Además, la Providencia forma parte de nuestra organización, es un miembro del patronato y, en los momentos difíciles, nos ayudará.
Anna, mi mujer, es el alma del proyecto. Tiene un corazón muy grande y continuará trabajando. En mi vida ha sido un ángel que me ha ayudado y protegido. Es una mujer excepcional con una gran capacidad administrativa. Tiene toda la organización en la cabeza y a todas las personas en el corazón. Sin ella, nada habría sido posible. Anna es la Fundación. Ella y yo somos una misma persona: dos cuerpos y una alma. Para mí es fundamental saber que Anna y Moncho estarán al frente de todo cuando yo me vaya. Ellos simbolizan la continuidad.
Moncho continuará trabajando mejor que yo porque él es un indio ciento por ciento, lleva India en su corazón. Su espíritu y su gran sentido de la justicia lo convierten en la persona adecuada para consolidar la continuidad. Moncho es feliz viviendo en Anantapur, es como un árbol que ha crecido aquí, con profundas raíces. Para mí, es un regalo de la Providencia y su presencia me alarga la vida muchos años. No será nunca como Vicente Ferrer, él será Moncho Ferrer.
Además de Moncho, trabajan también en RDT los hijos de los que empezaron con nosotros, indios que han vuelto convertidos en médicos, profesores o enfermeras y quieren trabajar para esta comunidad. El futuro pinta bien. Nuestro trabajo es un proyecto de vida. Tenemos un equipo directivo, indios del pueblo, completamente dedicado a la organización. Todos ellos eran, cuando empezamos hace cincuenta años, muy pobres y sin acceso a la educación, pero han estudiado y se han instruido hasta el punto que están capacitados para trabajar a nivel directivo y de organización de proyectos. Muchos de los que ahora trabajan con nosotros como traductores, maestros o médicos, por ejemplo, fueron la generación de los primeros niños apadrinados.
Aunque yo ya no esté físicamente presente, confío en que la filosofía y el espíritu que nuestros trabajadores han heredado les guíen a través de los tiempos difíciles que puedan llegar, y que continúen manteniendo vivos los mismos valores fundamentales que hoy ostentamos, los cuatro principios que resumen la motivación interna y el Dharma de RDT: el interés humano por los demás, el trabajo más allá del deber, la búsqueda de la excelencia y ofrecer ayuda al mayor número de personas pobres posible. La humanidad, a lo largo de su historia, ha estado luchando contra poderosas fuerzas para transformar la sociedad en una más justa y humana. Desde la Fundación formamos parte de este esfuerzo permanente que continuará hasta el final de los tiempos. En esta batalla, consideramos que hay principios y valores más elevados que preceden e influyen en la filosofía de vida y, en consecuencia, en los principios de cualquier proceso de desarrollo.
Estos principios y valores garantizan la sensatez y la salud intelectual de todas las filosofías y sus procesos de desarrollo. Algunos de estos principios son: la dignidad y el valor independiente de cada ser humano, la sacralidad de la vida, la igualdad fundamental de todos los seres humanos, el destino común de la humanidad, no hacer daño a los demás, ayudar a quien lo necesita y el sencillo valor de la verdad. El denominador común es el interés humano por los demás. Para nosotros es evidente que estos valores existen y avanzan sólo en una sociedad democrática. Por lo demás, el nuestro es un compromiso laico al servicio de la humanidad.
El objetivo de lograr que los pobres dejen de sufrir es posible porque lo estamos haciendo, y si es posible hacerlo en la India, es posible en todos lados. No me gusta mirar hacia atrás, pero en realidad veo que hemos hecho un trabajo extraordinario. Miro el futuro con optimismo, nunca doy un paso atrás, o al menos intento no darlo. Si pudiera, me gustaría convertir la India en un paraíso, y tras la India vendría el mundo entero. Mi filosofía de trabajo implica ir paso a paso, pero lo más rápido posible. Para alcanzar todo el mundo hay que partir primero de un lugar, y para multiplicar los efectos de nuestro trabajo es necesaria una buena organización interna. Hemos tenido siempre un gran cuidado en crear una organización humana, eficaz, constructiva, capaz, inteligente, compasiva y justa. Los gobiernos, las grandes asociaciones internacionales, quieren dar una solución global al problema de la pobreza en el mundo. Nosotros damos una solución concreta a un pueblo determinado. La Fundación es un instrumento de apoyo y ayuda a Anantapur. Somos un puente entre este mundo de abundancia y el otro mundo de carencia. Nuestra obra prueba que todos los conflictos, cuyas raíces son principalmente económicas, pueden resolverse.
En un pueblo rural de la India, a un campesino pobre no le sirven de nada las grandes propuestas mundiales si lo que hoy necesita es comida para su familia. Los que estamos trabajando a nivel de la tierra compartimos con este hombre su realidad y la urgente necesidad de que ahora mismo se puedan remediar sus problemas. Nuestra prioridad son las personas y es admirable ver como la gente sigue adelante y sobrevive. Los indios tienen una alegría espontánea. No hay que confundir la pobreza con la infelicidad. Para ser feliz no hace falta demasiado dinero, pero sin unos mínimos, el desarrollo de las personas es imposible.
Los dálits son los más pobres entre los pobres y viven forzados por un sistema de castas que no les permite salir de su humilde condición. Son los trabajadores del campo y no tienen más medios que los que sus manos les ofrecen. Nadie puede imaginarse lo que han sufrido estas personas a lo largo de la historia; durante siglos han sido esclavos sin ninguna retribución. Se les consideraba la única casta que no participaba del origen divino y, por lo tanto, incluso su sombra contaminaba.
La humanidad les debe el trabajo no remunerado, les debe sus horas reales de trabajo traducidas en dinero. Necesitamos, pues, bombas atómicas de generosidad. Hay que ser generoso hasta el final porque queda muchísimo trabajo por hacer para poder compensarles. Nuestro proyecto no nació por amor al desarrollo, nació por amor al hombre. Somos conscientes que hay muchos tipos de necesidades en un país como la India y cubrimos distintos aspectos de la pobreza porque queremos eliminarlos todos. La necesidad no se resuelve aisladamente. Nuestro objetivo es doble: salvar la tierra y al ser humano que vive en ella. El proyecto integral de RDTFVF significa hacer frente a la pobreza, a la enfermedad y la ignorancia. Es un conjunto, una armonía de movimientos, y hay que ir muy despacio, procurando que la propia sociedad vaya asimilando aspectos del desarrollo que son beneficiosos para su propio futuro, y que ellos mismos se den cuenta que algunos esquemas mentales les impiden avanzar. Ser tenaz y perseverante resulta el modo más inteligente de combatir la pobreza. La nuestra es una rebelión muy práctica. Siempre hemos llevado a cabo nuestras acciones con mucha tranquilidad y poco ruido, y siempre tenemos presente el largo camino que nos queda por recorrer.