Letras

Pigmeo

Chuck Palahniuk

22 julio, 2011 02:00

Chuck Palahniuk

Traducción de Javier Calvo. Mondadori. Barcelona, 2011. 256 páginas. 19,90 €

Billy Wilder se reía del socialismo en One, two, three, logrando momentos verdaderamente hilarantes. Chuck Palahniuk (Portland, 1964) debutó con El club de la lucha, una fábula que escarnecía la sociedad de consumo e insinuaba la justificación de la violencia para superar la alienación producida por un materialismo desalmado, donde se identifica la realización personal con la propiedad de un apartamento decorado con muebles de IKEA. En Pigmeo, Palahniuk urde una trama delirante para ensañarse con los revolucionarios que aún creen en la lucha armada. Un pequeño ejército de adolescentes se infiltra en los Estados Unidos para organizar un atentado. El protagonista es un jovenzuelo de mente estrecha y dogmática, experto en artes marciales y explosivos. Su misión es integrarse en una familia norteamericana y esperar. El agente 67 no alumbra pensamientos sino consignas, pero sus erecciones incontroladas a veces debilitan su compromiso con la subversión anticapitalista.

Con un estilo telegráfico, simbólico e impactante, Palahniuk se aleja de cualquier pretensión realista. Sus narraciones se mueven en el terreno de lo metafórico, adoptando un tono que combina el humor más feroz, el desencanto y el nihilismo. Pigmeo carece de la inspiración de Billy Wilder. Más bien recuerda el burdo anticomunismo de El mensajero del miedo. Al relatar el frustrado atentado que precede a la improbable redención por amor del agente 67, Pigmeo mezcla lo apocalíptico y lo grotesco. El resultado es una chapuza, donde se amontonan frases de D. H. Lawrence, Nietzsche y Fidel Castro. No es improbable que alguien le ría la gracia, sobre todo cuando rescata la cita de Castro, afirmando que “una revolución es una lucha entre el futuro y el pasado”. Ya se sabe que las revoluciones y las utopías no están de moda y nunca hay que desperdiciar la ocasión de ridiculizarlas.

Pigmeo se público el año 2007, poco antes de la Gran Recesión. No sé si ahora Chuck Palahniuk repetiría su borrachera posmoderna. Después de que Inside Job aireara las perversiones del poder económico, parece absurdo ironizar sobre un inexistente peligro comunista. Palahniuk no oculta las imperfecciones de la sociedad norteamericana, pero a veces parece que ese punto de autocrítica sólo es un pretexto para establecer analogías entre Hitler, Idi Amin y el marxismo-leninismo.

Evidentemente, Pigmeo no está predestinado a convertirse en un clásico de la sátira política. Sólo es una apología levemente crítica de un capitalismo en las vísperas de una crisis con un desenlace cada vez más incierto.