Image: José María Guelbenzu

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Letras

José María Guelbenzu

“Estaba de pie ante el escaparate de la editorial sin atreverme a entrar”

El Cultural
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José María Guelbenzu. Foto: Julián Jaén

Creo que fue en el otoño de 1966; por aquel entonces yo trabajaba en "Cuadernos para el Diálogo", en la sección editorial, y a la revista llegó la selección final de novelas aspirantes al Premio Biblioteca Breve de 1967. Como eran otros tiempos, la editorial solía enviar a la prensa una lista de finalistas, cada uno con su correspondiente comentario que acreditaba que habían sido leídos; eran unos 20. Este hecho insólito casaba a la perfección con lo que entonces era Seix Barral: la editorial literaria de referencia, la aristocracia de la edición literaria, el espejo de la modernidad. Y allí estaba, en la lista, mi novela. Una esperanza que, de pronto, se convertía en realidad, en la euforia del reconocimiento como escritor. Durante días nos dedicamos a deducir mis posibilidades frente a los demás, pero no quería y sí quería hacerme ilusiones. Yo tenía 22 años y era mi primera novela, un cuento largo titulado Cuarto rosa -en homenaje a Louis Armstrong- que siguió extendiéndose y se convirtió en El Mercurio.

La siguiente noticia fue una nota en la Prensa que daba noticia del fallo; el premio lo obtuvo -era, además, el gran momento latinoamericano- Carlos Fuentes, pero ante mi alegría e incredulidad, el jurado designaba como finalistas una novela de Jorge Guzmán y la mía. Nunca he vuelto a sentir de la misma manera esa mezcla de gratitud y orgullo que me proporcionó uno de los momentos de verdadera felicidad en mi vida. No era sólo ser finalista de un premio, era ser finalista del premio que, para mí, suponía el reconocimiento más alto, el de la casa editorial más exigente y prestigiosa de la época. El mejor editor me reconocía como autor, no cualquier editor sino el mejor, el que estaba trayendo a España la gran literatura contemporánea. No era un sueño ni una esperanza: era la realidad. Había sucedido lo imposible, lo deseado; y tan sólo con 22 años y una primera novela.

Siguió un tiempo en el que día a día me estuve vengando íntimamente de todos los malos ratos, desesperanzas, vacilaciones y miedos que hasta entonces habían ido acompañando mi escritura al tiempo que la fe en mí mismo, en la vocación. Luego, el silencio de la editorial empezó a crearme una cierta desazón, pues lo cierto es que no estaba seguro de que la condición de finalista implicara la edición del libro; entrar en un catálogo de escritores como aquel me parecía mucha presunción, pero también me gustaba imaginarlo. Y, por fin, un día el contacto se produjo. No recuerdo si Carlos Barral envió por delante a Juan García Hortelano o fue una invitación directa; hoy lo recuerdo como simultáneo. Gané uno de los mejores amigos que he tenido -Juan- y entré en contacto con quien habría de ser, andando el tiempo, un modelo de editor para mí mismo. El caso es que viajé a Barcelona en un estado de emoción y timidez exacerbadas un día de enero, me alojé en casa de un amigo en cuyos brazos generosos me echó Félix Grande, y a la mañana siguiente estaba de pie ante el escaparate de la editorial, en la calle Provenza, sin atreverme a entrar en el edificio. Miraba el escaparate, donde se exhibían las últimas novedades, entre ellas las de la colección Nueva Narrativa Hispánica y trataba de imaginar la portada de El Mercurio entre ellas y trataba de convencerme de que era verdad, de que yo también pertenecía a ella, a la colección, a la editorial, a aquellas amadas portadas, a aquel estilo de edición. Por fin, sujetando los nervios, traspasé la gran puerta y empecé a subir las escaleras que llevaban a las dependencias editoriales. Aquella fue la mañana de mi entrada en el reino de Camelot.

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DESDE ENTONCES

José María Guelbenzu (Madrid, 1944) ha publicado además El río de la Luna (premio de la Crítica, 1981), La Tierra prometida (premio Plaza & Janés, 1991), No acosen al asesino (2001), El cadáver arrepentido (2007), Un asesinato piadoso (2008), Un amor verdadero (2010), El hermano pequeño (2010) y Muerte en primera clase (2012).