Simulacro de fusilamiento Academia de Caballería (1936). Fotografía de Cacho incluida en el libro 'El verano detenido', que recoge algunas instantáneas de Valladolid durante la contienda nunca antes publicadas.

Simulacro de fusilamiento Academia de Caballería (1936). Fotografía de Cacho incluida en el libro 'El verano detenido', que recoge algunas instantáneas de Valladolid durante la contienda nunca antes publicadas.

Historia

¿Y si la guerra civil española duró hasta 1948? Un libro cuestiona la historiografía fijada por el franquismo

Los historiadores Javier Rodrigo, Miguel Alonso y David Alegre coordinan la edición de 'La guerra civil española. Una historia global', una publicación que pretende marcar la pauta historiográfica de las próximas décadas.

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"Cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado". El 1 de abril de 1939 Franco firmó con faltas de ortografía el último parte de guerra desde la cama, aquejado de una fiebre, según relató este lunes en un restaurante madrileño el historiador Javier Rodrigo durante la presentación del libro La guerra civil española. Una historia global, publicado en Galaxia Gutenberg.

Más allá de la anécdota, lo relevante de este documento es la última frase. ¿Realmente la guerra había terminado? Técnicamente, sí, pero hay matices. Rodrigo, al frente de la edición de este libro, coordinado por él mismo junto a los historiadores Miguel Alonso y David Alegre, no pretende revocar la cronología establecida (1936-1939), pero advierte que buena parte de las prácticas llevadas a cabo por el Movimiento durante la primera posguerra se inscriben aún en un contexto bélico.

Rodrigo habla de "guerra irregular" para referirse a las medidas perpetradas por el franquismo en este lapso de tiempo que conocemos como posguerra. No en vano, el último campo de concentración se clausura en 1947 y hasta el 7 de abril de 1948 no se emite un decreto que anuncia que el Estado de Guerra deja de tener vigencia. Hasta entonces, los juicios estaban en manos de tribunales militares y cada decisión del gobierno "aludía al bando de guerra" y se justificaba en la supuesta "cruzada nacional". Además, se seguía combatiendo contra la guerrilla (los maquis).

No es el único cuestionamiento que se glosa en este libro, en el que participan unos cincuenta historiadores e historiadoras –la cuota femenina es elevada, teniendo en cuenta la representación eminentemente masculina en la historiografía de la Guerra Civil–, casi todos ellos menores de cincuenta años (aunque no se ha renunciado a la inclusión de nombres tan prestigiosos como el de Xosé M. Núñez Seixas).

Uno de los lugares comunes en los que se suele incurrir, siguiendo los códigos de la propaganda franquista, es el de que "la Guerra Civil era inevitable". Nada de eso. El conflicto más sangriento de España es el resultado de un proceso conspiratorio que implicaba la participación de la Italia fascista de Mussolini, convencido de que intervendría antes incluso de la sublevación el 17 de julio de 1936 (17, no 18, que es la fecha elegida por el franquismo, pues fue el día que el general desplegó a sus tropas).

Del mismo modo, el asesinato de Calvo Sotelo, líder de la oposición desde que el Frente Popular ganara las elecciones en febrero de 1936, fue un antecedente; no un detonante.

Rodrigo quiso desmontar también "el mito de que Franco quería alargar la guerra para matar más". La realidad, según el historiador, es que "necesitaba consolidar su poder", pues su autonomía era limitada entonces, pero si se renunció a la victoria rápida fue, en esencia, "por imposibilidad". Tres de las grandes ciudades españolas –Madrid, Barcelona y Valencia– habían resistido la primera embestida facciosa y la República tuvo la oportunidad de rearmarse.

No obstante, aquellos meses de julio, agosto y septiembre de 1936 fueron los más cruentos. El 80% de los asesinados que durante la Guerra Civil fueron arrojados a fosas comunes murieron durante aquellas semanas, apuntó Rodrigo. El objetivo de los sublevados era, sin duda, "la violencia contra la población civil para paralizar cualquier resistencia al golpe de Estado".

Porque la guerra es sencillamente el resultado de un golpe militar. Nada que ver con la Revolución de Asturias (1934), episodio en el que muchos historiadores han querido ver "la primera batalla de la Guerra Civil".

Sin embargo, el golpe fallido de Sanjurjo dos años antes sí guarda relación con el levantamiento del 36. Y es que aquella asonada habría servido como ensayo del golpe definitivo, cuyo plan se lleva a cabo modificando lo que salió mal entonces. La estrategia de las columnas, por ejemplo, estaba muy meditada y terminó por ser la que ejecutaron los sublevados tras la defensa de Madrid por parte del bando republicano.

De lo que no hay duda, según Rodrigo, es de que "sin internacionalización, no habría existido guerra civil en España". Varios textos de este libro, que se apoyan en archivos tan importantes como el de la Sociedad de Naciones y el de la Luftwaffe –la fuerza aérea alemana–, aluden, por ejemplo, a las dudas iniciales que tuvo Hitler respecto a la intervención en la guerra.

La gran guerra civil europea

Finalmente, su entrada propició un ejercicio de resistencia sin precedentes, según apunta Rodrigo: "Ningún país se ha enfrentado al fascismo en una guerra como lo hizo entonces España". En esta línea, aseguró –como ya había advertido el periodista Chaves Nogales en pleno conflicto– que la guerra civil española fue un capítulo más de la guerra a gran escala que se gestaba en Europa. Además, es el único momento de la historia en que "todo el mundo está mirando a España", escenario en el que estaba aconteciendo "la gran guerra civil europea".

El resultado de la contienda, como sabemos, fue desolador. Pero hasta ahora la historiografía no se ha ocupado tanto de lo que realmente significó a nivel social, una crisis humanitaria de dimensiones extraordinarias, como a nivel político, lamentaba Rodrigo. A propósito, el historiador Miguel Ángel del Arco se hace eco de estas cuestiones en un texto que aborda la hambruna del país precisamente en los años de la primera posguerra.

La decisión, en fin, de encarar este proyecto parte de "la necesidad de plantear una mirada alternativa y desacomplejada de la Guerra Civil en nuestro país", explicó Rodrigo, que pretende que, a través del libro, afloren "las preguntas que surgirán en los próximos veinte años".

La guerra civil española. Una historia global es, por tanto, un acercamiento moderno a la cuestión cultural e identitaria, prácticamente inédita en la historiografía anterior, que pase por revisar, por ejemplo, la presencia femenina en el frente de guerra, como hace alguna autora en este volumen, o cómo las drogas y el alcohol sirvieron como vía de escape en un trance como aquel.

Respecto a los enfoques historiográficos actuales, Rodrigo manifestó que le sorprenden "acercamientos equiparadores" como el de las polémicas jornadas que iban a organizarse en Sevilla –finalmente se celebrarán, después del aplazamiento, en otoño de este año–, organizadas por el periodista Jesús Vigorra y Arturo Pérez-Reverte, que mantuvo un duelo dialéctico en la distancia con el escritor David Uclés porque este renunció a participar debido a la presencia de José María Aznar y Espinosa de los Monteros.

El otro motivo que alegó Uclés fue el título de las jornadas, 1936: la guerra que todos perdimos, en el que supuestamente faltaban los signos de interrogación que habrían abrochado la frase por "un error de imprenta", según explicaron después los organizadores. A Rodrigo tampoco le gustó ese título, pero sí asistiría si le invitaran, aseguró este lunes. Además, "me sorprende que Uclés se haga el ofendido cuando él respalda esa posición", vino a decir, en referencia a alguna declaración anterior y a la visión que vierte al respecto en La península de las casas vacías.