Margarita Nelken

Margarita Nelken

Historia

Mujer, cultura y política: la aventura intelectual de Margarita Nelken, pionera del feminismo en España

La Fundación Banco Santander recupera en el libro 'La vida y las mujeres' los artículos de prensa de la diputada socialista de la Segunda República, que explican la situación de la mujer en el primer tercio del siglo XX.

Más información: Los ‘topos’ de Franco que remataron a la República

Publicada

La inteligencia y el compromiso de Margarita Nelken (Madrid, 1894-Ciudad de México, 1968) suministran, a través de sus artículos en prensa, valiosas claves para la comprensión de la situación social de la mujer en la España del primer tercio del siglo XX.

La vida y las mujeres

Margarita Nelken

Fundación Banco Santander, 2026
320 páginas. 10 €

Entre sus preocupaciones figuran la proyección y el reconocimiento del talento femenino oculto, opacado u olvidado, la denuncia de las condiciones laborales y las deficiencias de la educación de la mujer española y la defensa de “la bondad de un cierto feminismo” que impulsa la presencia parlamentaria de la mujer para que, “siendo muy mujer, muy femenina, lo más femenina posible, pueda dar en ciertos casos la nota femenina necesaria”.

La colección Cuadernos de Obra Fundamental de la Fundación Banco Santander recupera esta voz relevante de la intelectualidad española de la época, pionera de los enfoques feministas y la acción social, diputada socialista en las tres legislaturas de la Segunda República y fallecida en el exilio, en La vida y las mujeres, recopilación de artículos publicados en su mayoría en el periódico madrileño El Día entre 1916 y 1918, con edición y prólogo de Alejandra Rodríguez Parragués.

Las dos primeras secciones, “Semblanzas” y “Conversaciones”, componen un catálogo de talentos femeninos coetáneos que inspiran en Nelken sentimientos de admiración y demandas de reconocimiento.

De los distritos de la cultura, la intelectualidad, la acción política y la beneficencia rescata, entre otras, a la compositora María Rodrigo, la actriz Margarita Xirgu, Zenobia Camprubí (traductora de Tagore, pero, “ante todo, la mujer de Juan Ramón Jiménez”), Angelita Romero de Torres (hermana del pintor y experta en crisantemos), las escritoras Marguerite Audoux, Lucie Félix-Faure Goyau y Concha Espina, la bailarina Thamara Swirskaya, la señora viuda de Fe (meritoria librera y editora), la arpista Gloria Keller, la condesa de Romanones (por su labor en la lucha contra la tuberculosis), Narcisa Freixas (por su trabajo en la enseñanza musical a niños y obreras), la actriz Josefina Blanco de Valle-Inclán (que considera que la mujer de un escritor “debe ser así, algo gris”), la activista socialista Virginia González, la dramaturga Fernanda Melgarejo de Valarino, la fundadora del Banco de Crédito Obrero, Regina Lamo y María de Maeztu como directora del “grupo de señoritas” de la Residencia de Estudiantes.

Nelken rescata, entre otras, a la compositora María Rodrigo, a Margarita Xirgu, a Zenobia Camprubí, a Angelita Romero de Torres...

En los artículos integrados en “Arte y literatura”, la madrileña confirma su conocimiento de la cultura europea, con textos sobre Selma Lagerlöf, Séverine, Casa de muñecas de Henrik Ibsen, Marcelle Capy, Colette, Marie Curie (con motivo de una visita a Madrid) o Marie Lenéru (por su fallecimiento).

De padre alemán y madre francesa, Nelken estudió por libre el bachillerato francés clásico, viajó por el continente y publicó sus primeras críticas de arte en revistas de París y Londres.

Los textos sobre feminismo y sufragismo ocupan el cuarto apartado de la obra. Nelken recuerda a la precursora Olympe de Gouges, defensora de Luis XVI (la primera feminista “activa” de Francia), reflexiona (mirando hacia Inglaterra) sobre el aprendizaje social de “las futuras electoras”, acuña el concepto de “desigualdad necesaria” (y, vinculado a él, el de “feminismo masculinizado”), estudia los informes del Congreso Feminista Internacional de Zúrich de 1919 (un ejemplo de “humanitarismo”) y la “inspiración feminista” de Ibsen y explica uno de sus posicionamientos más polémicos: su oposición al voto femenino en España.

Nelken, como Victoria Kent, a la que elogia (representa “la democracia bien entendida”), está, “por ahora, y aquí, en contra de los derechos políticos de la mujer”. Y no por creer a la mujer española “en condiciones inferiores a las del hombre”, sino “por creerla inferior en preparación social”.

Apoyada en ejemplos europeos, afirma que en España los derechos políticos de la mujer llevarían al “advenimiento de un Gobierno reaccionario”. Porque la mujer española “no está, ni con mucho, capacitada para que su actuación fuese realmente un progreso” (sí considera oportuna la aprobación del sufragio femenino en Estados Unidos, “pues es natural que, en un país en que la educación cultiva por igual a hombres y mujeres para que tengan por igual conciencia de sí mismos, hombres y mujeres participen por igual en la dirección de los asuntos públicos”).

Cuando escribe esto falta algo más de una década para que la mujer vote por primera vez en España (Nelken y Kent se siguen oponiendo, no así Clara Campoamor), en 1933, en las elecciones municipales de abril y generales de noviembre, en las que la formación vencedora fue la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas).

Mención aparte merece el artículo que dedica a Gregorio Martínez Sierra por Feminismo, feminidad, españolismo. Nelken se reconoce en los análisis sobre la cuestión feminista desarrollados en esta obra “trascendental” (con capítulos “de una delicadeza y de una sensibilidad exquisitas y también de un sentido común admirable”), que constituye “una predicación, desde su primera hasta su última línea, para que la mujer sea lo más mujer posible, para que sepa serlo más que nunca”. Como sabemos desde hace rato, los libros firmados por Martínez Sierra (para Nelken, “el más ardiente defensor del feminismo”) fueron escritos por su esposa, María de la O Lejárraga.

La vida social centra el último bloque de esta recopilación. Nelken reflexiona sobre las mujeres, la paz y la guerra (estamos en 1917), los “trabajos femeninos” en España, las carencias de la educación, las huelgas de obreras en los países europeos, las condiciones laborales de las madres, la igualdad salarial, el cuidado de los hijos, el trabajo a domicilio, la situación de las empleadas de telégrafos, telefonistas y cigarreras, los problemas de las “señoritas de la clase media” o, invocando a Stuart Mill, el feminismo defendido por hombres.