Izquierda: coronel Casado, jefe del Ejército de la República en Madrid. Derecha: Coronel Ungría, jefe de los servicios secretos del Ejército de Franco. abajo: Desfile de la Victoria en mayo de 1939, presidido por Franco. Diseño: Rubén Vique.

Izquierda: coronel Casado, jefe del Ejército de la República en Madrid. Derecha: Coronel Ungría, jefe de los servicios secretos del Ejército de Franco. abajo: Desfile de la Victoria en mayo de 1939, presidido por Franco. Diseño: Rubén Vique.

Historia

Los ‘topos’ de Franco que remataron a la República

Con las tropas republicanas exhaustas en los últimos meses de la Guerra Civil, el espionaje franquista forzó la rendición. Gutmaro Gómez desentraña esta historia decisiva.

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Ganar la guerra y asegurar la victoria. Esta frase, atribuida al jefe de los servicios secretos de Franco, vertebra Cómo terminó la Guerra Civil española y resume con precisión las dos misiones que el general encargó a su flamante servicio de inteligencia y a su responsable, el coronel Ungría.

Cómo terminó la guerra civil española

Gutmaro Gómez Bravo

Crítica, 2026. 400 páginas. 21,90 €

En opinión del autor de la obra, el profesor Gutmaro Gómez (Madrid, 1975), José Ungría cumplió con eficacia la misión, creando en tiempo récord una nueva arma de guerra, con un servicio de espionaje, de información y de seguridad moderno, enfocado a finalizar la contienda y, sobre todo, a organizar la posguerra. Junto con ello, el nuevo servicio se dedicaría a alterar los abastecimientos y los servicios en el lado republicano, para profundizar en el derrotismo y la división de sus fuerzas.

Propaganda y hambre estaban entre las preocupaciones de estos espías novísimos. Muchos de ellos pertenecían a la quinta columna y se estaban jugando la vida desde el principio de la guerra. En Madrid se organizaron clandestinamente en el llamado Consejo Asesor, formado por miembros de la CEDA, Acción Católica, Falange y Tradicionalistas, que ocupaban altos cargos de la administración de la ciudad, en los abastecimientos, la energía y otros servicios básicos e instituciones.

Desde estas posiciones destacadas maniobraron para sabotear el funcionamiento de la ciudad y manipular su ambiente político-social. Otro éxito suyo, como documenta el autor del libro, consistió en que prácticamente la totalidad del servicio secreto republicano pasase a trabajar para el franquista y que altos funcionarios y militares en Madrid se ofreciesen para lograr el fin de la guerra.

El éxito de Ungría fue que casi la totalidad del servicio secreto republicano pasase a trabajar para el franquista

La República prácticamente había asumido la derrota tras la batalla del Ebro, la caída de Cataluña y la ocupación de Barcelona. Entonces se crearon las condiciones para que el servicio de espionaje, desde Burgos, y el Consejo Asesor en Madrid pusieran en marcha las tareas que se les habían encomendado.

Asimismo se redactaron unas Instrucciones para la futura capitulación. Este documento contenía los mensajes que se querían fijar en las mentes de los republicanos, pero que al final de la guerra no fueron respetados. Me refiero a la amnistía y evacuación de oficiales superiores y altos cuadros de la administración, y la consigna referida a que nada tendrían que temer quienes no tuviesen las manos manchadas de sangre. La verdadera cara que iba a tener la posguerra se avanzó con la Ley de Responsabilidades Políticas, que declaraba ilegal cualquier partido que hubiera existido o pudiera existir y dejaba todo el campo al Partido Único.

El último mes de la guerra los acontecimientos fueron vertiginosos y confusos, sobre todo el golpe de Casado contra Negrín y los comunistas. La explicación que propone Gómez Bravo es que, en realidad, fue una operación combinada con los servicios secretos franquistas y, a la vez, la última contienda intestina de la Guerra Civil. Los comunistas, abandonados por sus líderes, se enfrentaron a las tropas del anarquista Cipriano Mera.

Hubo encarnizados combates hasta que una semana después el ejército republicano dirigido desde los sótanos del Ministerio de Hacienda controló la situación. Según el autor del libro, Burgos y el Consejo de Defensa de Casado y Miaja colaboraron en la fijación de un relato que culpaba a los comunistas de la violencia. Pero parece que nada indica que el PC tuviese un plan previo de acción, sino que se limitó a reaccionar contra el ejército republicano.

Tras el apaciguamiento de Madrid, había llegado el momento supremo. Casado trató de entablar una negociación final, pero Burgos no se movió de su objetivo de cobrarse una rendición incondicional. Tampoco logró pactar nada el socialista Julián Besteiro. Finalmente, se produjo la ansiada “rendición desde dentro” por la que habían trabajado los agentes de Ungría. Se consiguió poner el aparato republicano al servicio de la nueva dirección y la entrega definitiva se programó para los últimos días de marzo.

Si entonces la preocupación de los nacionales consistía en visibilizar su posición de vencedores, Casado y Besteiro aspiraban a convencer de que la capitulación era la consecuencia de una negociación más o menos entre iguales. En realidad, todos estaban mintiendo en parte o del todo, pero a todos servían estos discursos.

Las radios y la prensa martillearon una y otra vez estos mensajes, hasta que el día 28 de marzo se rindió el Ejército del Centro. Entonces los nacionales entraron en Madrid y comprobaron la eficacia de la información acumulada y tratada por su servicio de inteligencia.

Se establecieron campos de concentración, se procedió a la clasificación de los prisioneros militares y políticos, y se empezó con esa política de “reeducación” y represión que se había diseñado anteriormente y que contradecía el discurso de una paz restauradora. El parte militar del 1 de abril anunció que los nacionales controlaban toda España. Era el certificado de la victoria absoluta y la derrota total.

El libro termina con la ceremonia en las Salesas de Madrid, el 20 de mayo, al día siguiente al Desfile de la Victoria. Franco entró en el templo bajo palio, dejó su sable a los pies del cardenal Gomá y un coro entonó el Cara al Sol. Junto al altar había reliquias y otros objetos históricos que subrayaban los viejos lazos político-confesionales de España, alusivos a Don Pelayo o Lepanto. Se cantó un tedeum y se celebró una misa de rito mozárabe.

Para Gutmaro Gómez esta liturgia acumulativa simbolizaba la alianza entre el régimen militar y la Iglesia tradicional, la representación del nuevo Estado. En todo caso, como este libro ha pretendido demostrar, el final de la guerra se precipitó por efecto de una modernísima operación de los servicios secretos. Para ganar la guerra y asegurar la victoria. 

El gobierno de la república

Manuel Chaves Nogales

Página indómita.

Subdirector del diario Ahora, Chaves Nogales entrevistó a los principales líderes de la II República para que explicasen sus programas reformistas.

La guerra que cambió España

Miguel Ángel Santamarina

Ediciones B.

A través de un minucioso recorrido cronológico, el autor revisa con rigor y amenidad acontecimientos, personajes y batallas, desde el golpe del 36 a la rendición final.

Cómicos en guerra

Pedro Corral

La esfera de los libros.

Con el eco de la inolvidada Ay, Carmela, he aquí un suculento volumen que retrata la guerra a través de los padecimientos de actores y dramaturgos como Lorca o Muñoz Seca.

El hombre acecha al hombre

Miguel Hernández

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Inéditos como libro hasta ahora, he aquí todos los escritos periodísticos de guerra que Miguel Hernández, protagonista y testigo de excepción, escribió, sin ahorrar un ápice de dolor.


Línea de fuego

Arturo Pérez-Reverte

Alfaguara.

Noventa años después del comienzo del conflicto, Arturo Pérez-Reverte recupera su esencial Línea de fuego, con la que nos lleva al corazón de la batalla del Ebro.