'El rey don Rodrigo arengando a los jefes de su ejército antes de dar la batalla del Guadalete', un cuadro de Bernardo Blanco y Pérez.

'El rey don Rodrigo arengando a los jefes de su ejército antes de dar la batalla del Guadalete', un cuadro de Bernardo Blanco y Pérez.

Historia

La batalla de Guadalete no fue en el Guadalete: mitos de la conquista islámica de la Península Ibérica

Yeyo Balbás ofrece en 'Espada, hambre y cautiverio' (Desperta Ferro) un fascinante relato sobre la llegada de los musulmanes a Spania o el origen del reino de Asturias combinando la relectura crítica de las fuentes con las últimas investigaciones arqueológicas.

5 marzo, 2022 03:53

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La célebre batalla de Guadalete, que enfrentó al último rey visigodo Rodrigo y al general bereber Tariq en el año 711, en realidad no ocurrió a orillas del río Guadalete. Las fuentes escritas más cercanas a los hechos describen que el enfrentamiento se registró en el conjunto de sierras que rodea por el norte y noroeste la bahía de Algeciras, concretamente en una zona que cuadra con el Barbate y la laguna de la Janda, un humedal de 4.000 hectáreas situado al norte del municipio de Tarifa y desecado a mediados del siglo pasado para obtener tierras de uso agrario.

La popularización del río Guadalete como lugar de la batalla, que se saldó con la derrota hispanogoda y la muerte de su monarca —probablemente ahogado en la laguna: su cadáver nunca se encontró, solo algunos ornamentos de su caballo— tras la desafección de sus flancos, liderados por Oppas y Sisberto, hermanos de Witiza, predecesor de Rodrigo, tiene su origen en la obra De rebus Hispaniae, de Jiménez de Rada, elaborada en el siglo XIII, que identifica el lugar como Vedelac. A pesar de que numerosos estudiosos cuestionaran esta localización desde el siglo XIX, la versión quedó oficializada a través de los textos de Claudio Sánchez Albornoz y su enorme prestigio académico.

La ubicación errónea de la mal llamada batalla de Guadalete —su título debería ser "la batalla del Lago"— podría pasar como anécdota de no ser porque se trata de un choque trascendental en la historia de España: la victoria sin paliativos del ejército musulmán de Tariq, que había cruzado el Estrecho de Gibraltar al mando de unos 12.000 efectivos, no solo supuso la desaparición del rey y la pérdida irreparable de sus tropas, sino también un duro golpe moral para los habitantes del Regnum Gothorum, azotado desde hacía décadas por el hambre, la peste y las luchas intestinas. Fue el punto de partida de la conquista islámica de la Península Ibérica.

Rodrigo se aleja vencido del campo de batalla. Un lienzo de Marcelino Unceta y López.

Rodrigo se aleja vencido del campo de batalla. Un lienzo de Marcelino Unceta y López. Museo del Prado

Espada, hambre y cautiverio (Desperta Ferro), de Yeyo Balbás, arroja ahora una necesaria luz sobre el fin de la Hispania visigoda y la forja del al-Ándalus musulmán, una cuestión especialmente ideologizada y politizada en los últimos tiempos. Uno de los objetivos, asegura el autor, más conocido por sus incursiones en la novela histórica, la traducción de obras militares o el asesoramiento de series como El Cid que por ensayos de carácter académico, reside en desentrañar unos hechos que, "a nivel popular, aún siguen perdidos en las brumas de la leyenda". Guadalete representa un claro ejemplo. Y el resultado es un libro sorprendente y ambicioso, muy trabajado tanto por la excavación de las fuentes como por el abanico de temas y escenarios que radiografía, y de novedosas interpretaciones. O como dice José Soto Chica en el prólogo, "un valiente libro de historia".

El título de la obra lo brindan los términos utilizados por el anónimo autor de la Crónica Mozárabe, fechada en el año 754 y probablemente la fuente más fiable, para describir la llegada de las huestes del Profeta a la Península Ibérica. "La tesis que defiende este libro es que la conquista islámica de Spania estuvo protagonizada por una reducida élite arabo-bereber y no supuso un fenómeno sustancialmente distinto a cualquier otro proceso análogo de la Antigüedad y la Edad Media, lo cual, a causa de la propia naturaleza de la guerra del periodo, implica el uso de una considerable violencia para forzar los pactos de capitulación", explica Balbás.

Covadonga y Pelayo

Lo más innovador de la obra consiste en la combinación de la revisión crítica de las fuentes escritas —dedica un capítulo entero a "los relatos de la conquista", pues las crónicas altomedievales están plagadas de contradicciones de fechas, identidades o itinerarios—, las investigaciones arqueológicas más recientes y el análisis de los acontecimientos desde el prisma de la historia militar —se analizan ejércitos, tácticas, batallas y se pone hincapié en una cuestión tan crucial como la logística: el cruce del Estrecho, por ejemplo, fue una auténtica proeza en este sentido teniendo en cuenta las limitaciones de la época—. Todo ello "pone patas arriba" las visiones tradicionales de expansión peninsular musulmana.

'Don Pelayo en Covadonga'; de Luis de Madrazo.

'Don Pelayo en Covadonga'; de Luis de Madrazo. Museo del Prado

No obstante, uno de los grandes méritos del trabajo de Balbás es la abrumadora y fascinante contextualización que construye para explicar lo que ocurrió en el año 711. Por un lado, narrando la vertiginosa expansión militar del califato omeya —en menos de un siglo, desde que en 622 Mahoma se refugió en un oasis de la península arábiga para transmitir la palabra de Alá, sus dominios abarcaban desde el corazón de Asia hasta el Atlántico—; y por otro, evidenciando los problemas estructurales que en la transición entre los siglos VII y VIII afectaban a todo el mundo posromano. De hecho, a pesar de su fulminante caída, Balbás asegura que el reino visigodo constituía la estructura política más sólida de Europa occidental.

"A través de dicha visión global trato de contextualizar la conquista musulmana de Spania como un episodio más dentro de la expansión militar de los árabes. Lo cual permite entender que, en contra de lo que en ocasiones se afirma, no tiene nada de insólito la relativa celeridad con la que fue sometido el reino visigodo. El surgimiento del reino de Asturias solo adquiere sentido si se analiza dentro de su contexto más amplio, en de la sucesión de crisis y catástrofes militares sufridas por el califato, que concluyeron con la tercera fitna o gran guerra civil, el derrocamiento de la dinastía omeya y las disputas entre facciones arabobereberes de al-Ándalus", destaca el autor, situándose al margen de la historiografía hispanocéntrica.

Portada de 'Espada, hambre y cautiverio'.

Portada de 'Espada, hambre y cautiverio'. Desperta Ferro Ediciones

Su ensayo alcanza hasta la mitificada constitución del reino de Asturias y pisa los pantanosos terrenos del concepto de Reconquista. Y es especialmente interesante ese capítulo porque refleja la minuciosa y compleja metodología empleada por Balbás —además de enfrentar las fuentes, su narración adquiere especial enjundia al visitar la geografía y los yacimientos arqueológicos cantábricos con el objetivo de extraer reveladora información en clave del siglo VIII— para desbrozar la propaganda de los relatos y quedarse con una batalla de Covadonga —un "modesto enfrentamiento" en el entorno de los Picos de Europa— y un Pelayo lo más verosímiles posible.

"Covadonga puede considerarse un paradigma de que una batalla modesta puede adquirir grandes repercusiones históricas", cierra el investigador. "Este tipo de valoraciones, de un modo inevitable, conducen al resbaladizo e ideologizado terreno de la especulación histórica. Desde la Ilustración se identificó el proceso de expansión territorial denominado Reconquista con un proceso de construcción nacional. Las causas y el desarrollo de la rebelión de Pelayo hay que verlas en el contexto de su época, identificarla con una sublevación de tipo 'patriótico' respondería a un pensamiento teleológico y presentista. No obstante, también es cierto que la España moderna probablemente no existiría de no haber triunfado esta rebelión, por muy modesta y local que fuera".