Espectadores voluntarios junto a Júlia Truyol en un momento de 'Contra Antígona'. Foto: Marta Mas Girones

Espectadores voluntarios junto a Júlia Truyol en un momento de 'Contra Antígona'. Foto: Marta Mas Girones

Teatro

'Contra Antígona', la revisión del clásico que cede el protagonismo a un coro de 15 espectadores voluntarios

Andrea Jiménez, artífice de la aclamada 'Casting Lear', nos sorprende con su relectura de este mito en la que reivindica la acción colectiva frente al "momento de parálisis" actual.

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Andrea Jiménez (Madrid, 1987) es un torbellino escénico. Ella crea, dirige, interpreta, improvisa y se abre en canal si es necesario. En 2024, ya nos sorprendió con su particular visión de El rey Lear de Shakespeare, en la que entablaba una conversación entre el teatro clásico y su historia personal, entre su padre –un actor invitado en cada función al que se enfrentaba por primera vez en el escenario– y ella misma –que hacía de Cordelia–.

Casting Lear, así llamó a aquel experimento, se transformó en todo un fenómeno teatral que, como su autora, no se agota, y, a vueltas de Colombia, donde lo representó recientemente, ya ha sido programado para participar en la 80.ª edición del Festival de Aviñón y en el Théâtre de la Ville de París.

Hasta entonces, en su nueva y esperada propuesta, Contra Antígona, Jiménez se baja del escenario y vuelve a su lugar natural, como directora, con lo que probablemente sea su proyecto más político.

“Yo venía de hacer mi última obra, en la que por primera vez he trabajado con un clásico desde la profundidad, desde el lugar en que una obra puede dar respuestas a la vida real. Casi la he tratado como un oráculo. Y ahora tenía ganas de hacer un gesto colectivo, no tan íntimo. Quería pensarnos como sociedad o comunidad”, cuenta la directora que aquí cambia a Shakespeare por Sófocles y al improvisado padre por un coro ciudadano.

Antígona siempre ha sido el eje de mi relación con el teatro y con el mundo, es un mito que ha estado latiendo en mí desde la adolescencia, como un faro, como una especie de gran ejemplo de valentía y de ir hasta el final de algo. Es un espacio dialéctico de pensamiento sobre los conflictos esenciales del ser humano”, subraya.

Bajo esa premisa, su primer impulso, cuenta, fue mirar al mito desde nuestro presente. “Lo que yo propuse en un principio era hacer que comentaristas, filósofos e influencers de hoy opinaran sobre la tragedia en directo”.

La historia de una mujer dispuesta a enfrentarse a todo con todas las consecuencias para poder enterrar a su hermano, a expensas de la prohibición de darle sepultura que ha emitido el gobernador, Creonte. Es la libertad frente al poder, el individuo contra el Estado... Sin embargo, aquella idea fue desarrollándose hasta que comprendió que la esencia de la obra era más bien el coro.

“No estoy muy segura de que el camino sea esperar a que nos salven los héroes o heroínas valientes”. Andrea Jiménez

“Hasta entonces, yo misma lo había leído con Antígona como absoluta protagonista, pero ese era un relato que para mí se queda corto con lo que propone Sófocles y como mirada sobre el mundo. No estoy segura de que el camino sea esperar a que nos salven los héroes o heroínas valientes, dotados de una fe inaccesible al resto. En cambio –prosigue–, el lugar del coro es el lugar de la duda, de la pregunta, de la convivencia; el lugar de quedarse en el conflicto, de estar y de dejarse atravesar por él. Y ese es el ejercicio que propongo”,

Como ya hiciera en Casting Lear, el factor de la espontaneidad y la improvisación está aquí presente en esa idea de coro ciudadano que Jiménez sube a escena y que estará formado, en cada función, por quince espectadores que se ofrezcan voluntarios. La premisa es clara. Si no se llega a ese número de quince personas, la obra no se hace. “Es un primer gesto de compromiso ciudadano, de ser parte de este acto frágil que es el teatro y de sostenerlo. Eso ya es para mí un ejercicio de ciudadanía”.

Una escena de 'Contra Antígona'. Foto: Marta Mas Girones

Una escena de 'Contra Antígona'. Foto: Marta Mas Girones

La idea es conseguir que esos voluntarios “vivan la experiencia como en el coro trágico, siendo el espectador ideal, el que amplía la emoción trágica al dejarse atravesar por la historia”. Para ello, Jiménez ha dispuesto de unas audioguías –tal y como ya utilizó en su anterior proyecto–, que les orientan a partir de preguntas sobre la obra, instándoles a tomar partido.

“Se trata de evocar un tour turístico –señala–, porque nuestra primera relación con un clásico es, a veces, museística. Entonces al principio la pieza es prácticamente un tour guiado por la tragedia de Antígona que se va transformando en una experiencia en tiempo real”.

Esta es la parte en la que tanto ella como Victoria Szpunberg, con quien ya trabajó en Vulcano y Mal de coraçon, han intervenido más. “Hemos trabajado con la versión de Jeroni Rubio que, siendo muy respetuoso con Sófocles, acerca un poco la tragedia. Y eso es una gran parte del texto. Lo demás tiene que ver con este tour guiado. Con esta relación con el coro y cómo abrir las preguntas que nos hacemos”.

Y si hay audioguías, hay un afán de museo. Contra Antígonadel 21 de mayo al 21 de junio en el Teatre Lliure– se erige en el escenario sobre seis columnas de ruinas griegas. “Como las piedras pesadísimas que representan el origen de nuestras instituciones, que ahora están algunas derrumbadas, pero todavía algo se mantiene en pie”.

Un momento de 'Contra Antígona'. Foto: Marta Mas Girones

Un momento de 'Contra Antígona'. Foto: Marta Mas Girones

La escenografía, cuenta Jiménez, tiene algo de inamovible. “No podemos borrar el pasado. Podemos respetarlo y no tocarlo, podemos apropiarnos de él, dialogar con él o destruirlo”. En ese sentido, el coro –otra vez– es quien cambiará su relación con el espacio, que representan también las ruinas de la democracia.

Júlia Truyol encarna a la desobediente Antígona; Clara de Ramon es Ismene; Olga Onrubia, Euridice; Xavi Sáez, Creonte; y Marc Soler, Hemón. El título, Contra Antígona, es un “canto contra la polarización”, dice su creadora que, además, reflexiona sobre la pertinencia o no de volver hoy al mito: “Estamos en un momento de parálisis. Se están derrumbando nuestras estructuras éticas y morales como europeos mientras vemos suceder ante nosotros la tragedia en directo retransmitida por redes. Y sentimos esa impotencia. Para mí este lugar de parálisis y de desconcierto es el que atraviesa el coro de la tragedia”.

¿Y cuál es la solución?, plantea. “Yo no la tengo. Solo puedo ofrecer un espacio donde juntos intentemos imaginar una salida. No ser una masa uniforme que unidireccionalmente toma una solución perfecta, sino ser un coro hecho de muchos unos que aparecen ante sí. Es volver a conquistar esa pluralidad de los únicos que decía Hannah Arendt y redescubrir la felicidad pública”.

En este caso, es la posibilidad de hacer una obra de teatro juntos. “Pero también es la acción colectiva de pensar, estar y posicionarse ante unos hechos”, reflexiona la directora que, tras Contra Antígona, comparte, no volverá a estrenar nada en dos años.