Teatro

Chéjov la comedia de la tragedia

Ramón Barea protagoniza “Sobre los perjuicios que causa el tabaco”

20 junio, 2001 02:00

"Somos felices o somos obedientes". Este es uno de los irónicos dilemas que Chéjov plantea en Sobre los perjuicios que causa el tabaco, un monólogo que llega (en la tercera versión que guardó celosamente Stanislavski) a La Fundición de Bilbao el próximo viernes de la mano de la directora Ione Irazabal y Ramón Barea. El dramaturgo Ignacio Amestoy repasa para EL CULTURAL la figura del autor ruso, creador de una obra cargada de ironía y pasión por la vida, de alta comedia, de carcajada inevitable, de economía escénica y de crítica benévola.



Llega un momento en la vida en el que uno busca la felicidad o hace lo que debe hacer. Somos felices o somos obedientes. Ser ambas cosas, a la vez, es totalmente incompatible. Pero la capacidad que tiene el ser humano para habituarse es tan poderosa que puede acabar aceptando como normal cualquier disparate que se repita muchas veces. Al final, los corderos aspiran a la felicidad del cordero". Este es el meollo de un tan intenso como sabroso monólogo que, escrito por Antón Pávlovich Chéjov (1860-1904), vuelve ahora a las tablas españolas de la mano de Ramón Barea: Sobre los perjuicios que causa el tabaco.



La pieza fue escrita por Chéjov, con 26 años, en 1886, aunque el autor la refundió para la posteridad más tarde, en 1903, meses antes de morir en el balneario alemán de Badenweiler. Desde un espíritu auténticamente chejoviano, los artífices del montaje que ahora se estrena alertan sobre una tercera versión, que sería la que ellos han seguido, entregada por el dramaturgo ruso a su gran mentor, Constantin Stanislavski, padre del célebre Método, que la guardó, hasta ser descubierta recientemente... El juego es lícito. Las mentes más lúcidas coinciden, desde su muerte, en Chéjov como un gran desconocido. Ya lo dejó escrito el propio Stanislavski (Mi vida en el arte): "El capítulo sobre Chéjov aún no ha sido leído íntegramente. El libro se cerró sin que nadie hubiera podido penetrar en el valor esencial de su creación. Por eso es menester reabrirlo y ponerse a estudiarlo hasta el final, pero detenidamente y sin falsos prejuicios".



Amarga felicidad



La imagen tediosa y aburrida que tenemos de Chéjov y, sobre todo, de su obra no se corresponde con la realidad. Chéjov, heredero de Ostrovski y de Turgueniev, lo fue también de su estilo irónico y benévolo. Alexander Nicolaievich Ostrovski (1823-1886) e Ivan Serguievich Turgueniev (1818-1883) fueron en Rusia el equivalente a Zola y Hebbel en Francia y Alemania, respectivamente. Amarga es la felicidad que viven los personajes de Ostrovski. Al final de su obra La pupila, tras el casamiento de una joven con el hombre que detesta, una criada describe bien la intención del autor: "Lo que es una diversión para el gato es una pena para el ratón". Lo que para unos es comedia para otros es tragedia. Será también la perspectiva de Chéjov. Por otro lado, su admiración por Turgueniev le lleva a Chéjov a expresarla en La gaviota. Tuberculoso desde muy joven, tal vez desde los dieciséis años, la vida de Chéjov es una continua huida en pos de una felicidad que sabe no existe y que, tal vez, sólo se encuentre con la muerte.



El personaje único de Sobre los perjuicios que causa el tabaco también quiere huir. Ivan Ivanovich, dominado por su mujer, dueña de un internado de señoritas estudiantes de música, no está nada a gusto con su labor de administrador del centro y, además, profesor de música y otras disciplinas en el mismo. Y quiere huir: "Huir del solfeo, de la cocina ahorrativa, de la sopa de nada, del dinero de mi mujer, de todas esas ramplonerías..., y detenerme en algún lugar lejano, en el campo, y quedarme plantado como un árbol. Y olvidar". Olvidar, tal vez morir. La tragedia de Ivan Ivanovich es comedia para el espectador. O debe serlo.



Chéjov se consideraba hijo de siervo y hasta él mismo se figuró esclavo. Su abuelo tuvo que comprar su libertad, pero la emancipación de los siervos de la gleba no se decretó hasta 1861, un año después del nacimiento del escritor en Toganrov, un puerto en el mar de Azov. En 1876, el negocio de su padre quiebra, y la familia se va a Moscú. Desde Taganrov le envía cuentos a su hermano Aleksandr, periodista con cierta influencia, hasta que, en 1879, se va a Moscú a estudiar medicina. Sobre los perjuicios que causa el tabaco se beneficia de los conocimientos de su carrera de médico, que llega a ejercer. Durante sus estudios, no dejará de escribir cuentos, centenares de cuentos, que mueven a la risa irónica. Un estilo que trasplantará a las piezas cortas de su teatro entre las que se encuentra Sobre los perjuicios que causa el tabaco, y a las que seguirán El oso (1888), Petición de mano (1889), La boda (1890), El aniversario (1892) o Trágico a la fuerza (1893).



Alta comedia



Risa irónica que también pretenderá en sus obras mayores. Así en el comienzo de La gaviota, el conocido diálogo de Medvédenko, el maestro, y Másha, la hija del intendente de la casa, podría encuadrarse en la alta comedia. El maestro le pregunta a la joven: "¿Por qué va usted siempre de negro?" Ella contesta: "Estoy de luto por mi vida. Soy desgraciada". Y él dice: "¿Por qué? No comprendo... Tiene usted buena salud. Su padre, aunque no es rico, posee bastante dinero. Mi vida es mucho más dura que la de usted. Yo no gano en total veintitrés rublos al mes, y de eso me descuentan lo que contribuyo al fondo de pensiones. Y, sin embargo, no voy de luto".



Estreno de "La Gaviota"



Es histórico el doble estreno de La gaviota, en San Petersburgo y en Moscú, en los años 1896 y 1898, respectivamente. En la primera ocasión, con fracaso. Y en la segunda, dirigida e interpretada -como Trigorin- por Stanislavski, en el Teatro de Arte, con absoluto éxito, lo que hizo que en el telón de la sala figurara para siempre una gaviota blanca. Del primero de los estrenos, Chéjov diría: "La obra ha fracasado, hundiéndose estrepitosamente. En el teatro hubo una gran tensión que acabó originando desconcierto y pavor. La actuación de la compañía fue absurda. La conclusión a la que llego es que no se debe escribir teatro".



Al segundo, no asistió, se lo contaron. Tampoco estuvo presente en los estrenos, realizados también por Stanislavski, de Tío Vania (1900) y Tres hermanas (1901). Sí estará en la presentación de El jardín de los cerezos (1904). Pero no le gustará a Chéjov el montaje del Teatro de Arte. A su mujer, la actriz Olga Knipper, a la que conoció como triunfal intérprete de Arkádina, en La gaviota moscovita, y que en El jardín de los cerezos hacía la terrateniente Raniévskaia, le dijo tras el estreno que Stanislavski había "echado a perder" su obra. Chéjov asistió a los ensayos. Ante la utilización de una serie de efectos escénicos para que los actores reaccionasen ante ellos como en la vida misma, Chéjov se molestó, y llegó a decir, en alto, para que Stanislavski lo escuchara: "Tengo que escribir una pieza nueva, que comience de esta manera: ¡Qué bien, qué tranquilidad maravillosa, qué silencio! No se oye ni el piar de los pájaros, ni el ladrar de los perros, ni a los cucos, a los búhos, ni al ruiseñor, ni el tic-tac del reloj, ni el llamar de campanillas, ni el canto de los grillos..." En otra ocasión, también mientras se ensaya, le preguntan por cómo montar una escena, y contesta: "Yo no soy régisseur, soy médico". El estreno de El jardín de los cerezos coincidió con el día de su cumpleaños, 17 de enero. Stanislavski no encontró otra cosa para regalarle que unas telas bordadas.



A Chéjov no le gustó: "Es un objeto valiosísimo, pero debe estar en un museo". ¿Qué le hubiera gustado que se le regalase? Rápidamente, dijo: "Unos calcetines. Mi esposa no me cuida, es actriz, y yo llevo los calcetines rotos. Atiéndeme, almita, le digo: Se me sale el dedo gordo por el calcetín del pie derecho. Y ella me contesta: Pásatelo al izquierdo. ¡Yo no puedo así!". El dos de julio de ese año moría. Stanislavski instaba a leer de nuevo el "capítulo" de Chéjov. No era el que parecía. Stanislavski lo comentaba: "¿No se han dado cuenta ustedes de que, durante la interpretación de las piezas chejovianas, se oye de repente en la sala una carcajada, tan sonora y alegre, que es imposible escuchar en otros espectáculos? Cuando Chéjov empuñaba la pluma para escribir un "vaudeville", era capaz de llevar la broma hasta convertir la pieza en algo irresistible por la risa que provocaba".



Entretenimiento feliz



En Sobre los perjuicios que causa el tabaco hay un momento en el que el protagonista dice algo esclarecedor para comprender a aquel tierno agonizante que fue Chéjov, y para comprender su obra toda: "Ya que no podemos ser felices, por lo menos vamos a estar entretenidos. El aburrimiento es terrible, no me extraña nada que el hombre sea el único animal capaz de pagar para que algo o alguien le entretenga".



Sí, tenemos que reabrir el capítulo de Chéjov. Y volver a leerlo. Para comprenderlo. Comprender su económica teatralidad. Sobre esto también nos dejó escrito algo muy sabroso: "La gracia es el menor número posible de movimientos... No hay que poner un fusil cargado en escena si nadie lo va a disparar". ¿Y del tabaco, qué? Algo tajante, con el perdón de los fumadores: Chéjov no es partidario...



Ramón Barea (Bilbao, 1949) es el actor que incorpora a Ivan Ivanovich Niujin en Sobre los perjuicios que causa el tabaco, bajo la dirección de Ione Irazabal. Barea es una de las personalidades más destacadas del teatro y del cine tanto en el País Vasco como en el resto de España. Fundador y director del grupo Karraka, es protagonista destacado de la consolidación del Teatro Independiente vasco, que nació con Akelarre y culmina en Ur, pasando por Geroa, Orain y Gasteiz, entre otros grupos. Actor, director y autor, entre sus trabajos en teatro destacan Oficio de tinieblas, Bilbao-Bilbao o Euskadifrenia. Tras el cercano estreno en Madrid con éxito de La ratonera, acaba de presentar El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, sobre el ensayo de Oliver Sacks, con dramaturgia de Peter Brook y versión y dirección suyas.