Alfredo Aracil, ilustración del 'Paraíso' de Gustavo Doré y Martina Batic.

Alfredo Aracil, ilustración del 'Paraíso' de Gustavo Doré y Martina Batic. Rubén Vique

Música

El Festival de Granada roza el cielo con el estreno de una obra inspirada en el 'Paraíso' de Dante

La pieza de Alfredo Aracil 'Cuaderno III' es una de las apuestas más interesantes del certamen.

Martina Batic dirige al Coro de la Orquesta Gulbenkian.

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Una de las apuestas más interesantes del presente Festival de Granada es el estreno de Paradiso. Polifonía del siglo XVI a nuestros días, la obra coral de Alfredo Aracil. Será este sábado 11 de julio en el Monasterio de San Jerónimo, con el Coro de la Orquesta Gulbenkian, dirigido por Martina Batic.

En este concierto también figuran obras de Orlando di Lasso, Carlo Gesualdo, Manuel Cardoso, Duarte Lobo, Estêvão de Brito, Giovanni Pierluigi da Palestrina y Tomás Luis de Victoria. Lo que se escucha por primera vez es el Cuaderno III del compositor madrileño.

Los dos primeros, que tienen ya una importante trayectoria, fueron presentados en 1991 y 2004. El tercero ha sido un encargo del festival granadino. Buena ocasión para reencontrarnos con el sutil arte sonoro de Aracil, que parte de planteamientos sumamente intelectuales. Los propios de un creador eminentemente culto y curioso, que se hace preguntas y que envuelve sus pentagramas en una extraña poesía nacida de la exactitud, de la precisión del trazo, de la respiración natural de las cosas y del manejo del silencio como elemento constructivo. Son características que acaban por actuar como animadoras de la emoción, de ese latido interior que termina por llegar.

En su conjunto, Paradiso se concibió hace treinta y seis años como un ciclo de madrigales basados en textos del Paraíso de la Comedia de Dante. "Fascinado por el alcance y la profundidad del poema, fui consciente de que había en él mucho más de lo que yo era capaz entonces todavía de descubrir", comenta el compositor.

Los modos, obsesiones, características y espíritu del estilo de Aracil se nos presentan así con meridiana claridad gracias a los pliegues de una música de extraordinaria sutileza, de una paleta tímbrica de rara exquisitez, de una gracilidad y de un encanto proverbiales.

"La descripción de la música se superpone, en buena parte del paraíso de Dante, a las de la luz y la danza". Alfredo Aracil

Aracil siempre ha tenido como meta la claridad, la evocación, la traslación de sus pentagramas al mundo circundante, un mundo irreal y mágico, lleno de misteriosas luces, de llamadas y de reflejos. Que casan aquí con esa afilada penetración, extendida a lo largo de los años, en el mundo de Dante.

Este Cuaderno III, que se ha previsto para el coro con la eventual participación de dos percusionistas, fue compuesto entre 2025 y 2026.

"La descripción de la música se superpone, en buena parte de la estancia de Dante en el Paraíso, a las de la luz y de la danza, en forma esta normalmente de movimientos circulares de astros, beatos o ángeles", apunta Aracil.

La sutileza habitual de la construcción y de la descripción aracilianas promete lo mejor y más exquisito.

En esa línea se sitúa el tercer madrigal, que se inicia con una referencia al canto de una corona de luces (ardenti soli), con sabios que han destacado en diferentes disciplinas, girando a su alrededor, que va a comparar con la danza de unas mujeres que giran y se detienen sucesivamente al compás de una melodía; una combinación de movimiento y sonido que termina equiparando a un reloj mecánico cuya sonería, por su armonía y dulzura, solo allí, "donde gozar es eterno", puede percibirse.

En la parte final, la nube armónica enunciada por sopranos y contraltos en el segundo madrigal del Cuaderno I y reiterada en el tercero del Cuaderno II reaparece en este epílogo "sin apenas modificaciones mientras el anillo de 44 notas que en el primer Cuaderno había servido para dar forma a los círculos angélicos vuelve ahora alterado por permutaciones aleatorias que lo apartan de toda lógica racional. Y en ese aparente caos, un acorde formado por la superposición de terceras menores, que da como resultado un cruce entre la consonancia de las terceras y la disonancia de los tritonos emerge como centro de gravedad en el momento culminante del éxtasis místico de Dante; es el momento del sonido como sensación pura más allá de cualquier especulación".

Esta música elevada, junto a otras maravillosas muestras de la mejor polifonía, tiene su cima en el último número de este tercer Cuaderno: Come orologio…/ O luce eterna.