Carlangas en su barrio adoptivo, Carabanchel, una mañana de junio.

Carlangas en su barrio adoptivo, Carabanchel, una mañana de junio. Mónica Mollá

Música

Carlangas, músico: "Del éxito capitalista nunca estuve cerca, ni me interesa"

El exlíder de Novedades Carminha sigue defendiendo su carrera en solitario. Tras un primer disco en 2023 vuelve al rock con 'Universo Paralelo', un álbum de autosalvación.

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A Carlangas (Monterroso, Lugo, 1987), nombre artístico de Carlos Pereiro, no se le imagina otro oficio que el de músico. “Hay gente que de pequeño se juntaba alrededor del fútbol, yo lo hacía alrededor de los discos”, cuenta a El Cultural.

Por mucho que aterrizara en Madrid hace 20 años para hacer periodismo, incluso lo ejerciera brevemente, escribir canciones es su gasolina vital. A ello se dedica desde que formó una banda con amigos y nació Novedades Carminha, grupo de culto e imprescindible en cualquier verbena moderna que se precie.

Cuatro años después de la disolución de la banda, que no baraja volver a reunirse, y con otros dos trabajos en solitario ya publicados, acaba de lanzar nuevo álbum: Universo Paralelo (Caries / Virgin).

Lejos de los nervios que conllevan los nuevos lanzamientos, está en paz y tranquilo. “La vuelta a casa es algo que me sienta bien”, asegura.

Ese regreso no es a Galicia, de donde no pretende perder jamás un ápice de acento –“Es impensable, me define. Eres de donde fuiste al instituto”–, sino al rock. Al que sonaba en casa por su padre y al indie de los 2000 que marcó sus primeras adquisiciones musicales, con discos de The Strokes, The Libertines y Black Lips.

Carlangas lo ha probado todo: la cumbia, la electrónica, el hip hop, y tras picotear de estos géneros ha vuelto a su plato favorito. “Es como tomarte unas lentejas de tu abuela. Puedes ir a un estrella Michelin y está de puta madre, pero no quieres comer allí todos los días”.

Nos recibe en su barrio adoptivo, Carabanchel, donde en las pasadas fiestas de San Isidro pudo poner a prueba por primera vez el disco, que cuenta con una colaboración con Leiva, del que buscaba su sonido garajero y dosmilero de Pereza. Allí sufrió las estrictas restricciones municipales que están poniendo en jaque la música en directo.

Carlangas en su barrio adoptivo, Carabanchel, una mañana de junio.

Carlangas en su barrio adoptivo, Carabanchel, una mañana de junio. Mónica Mollá

Algo similar le ocurrió recientemente en el polémico Festival de Les Arts, en Valencia, donde el límite –de 80 decibelios– fue “todavía más sangrante”.

“Me parece una falta de respeto hacia los artistas y hacia el público que paga, porque aunque los conciertos de San Isidro sean gratis, los pagan los contribuyentes. Los conciertos tienen que darse con unas condiciones y una de ellas es que suenen, y por debajo de unos límites no suenan. A lo mejor tienen que buscar otros espacios si quieren que haya música, pero la música tiene que sonar”.

Carabanchel en venta

Aun así, para el cantante gallego el concierto en la Pradera madrileña fue especial. “Ver en el público al dueño del bar que cerró para venir a verme o a los amigos del colegio de mi hijo con sus padres, que no sabían quién era yo antes de verme en el patio, fue la hostia”.

Vive en este barrio obrero desde hace un lustro y es testigo de cómo está siendo canibalizado por los fondos de inversión. “Carabanchel mola mucho, hay un tejido social importante y gente que se lo lleva currando años. Sin eso será un aeropuerto. Los vecinos tenemos que estar unidos, aunque no sé si es suficiente. Cuando mandan más las empresas que los propios gobiernos, entonces somos títeres, pero que nos dejen gritar por lo menos”.

Sabe que ese Universo Paralelo sobre el que canta en el disco, ajeno a la gentrificación, al cambio climático y los genocidios, no existe, pero se niega a dejarse arrastrar por el derrotismo. “Es donde nos quieren: deprimidos, solos, tristes, porque así es mucho más fácil manipularnos”. No lo hace por optimismo, del que anda escaso, sino por autosalvación.

Carlangas en las oficinas de su sello, en Carabanchel.

Carlangas en las oficinas de su sello, en Carabanchel. Mónica Mollá

“Tengo que buscar el mejor lugar desde donde pueda ver toda esta mierda”. Para él, las redes sociales, que potencian el individualismo y la desconexión social, no son el sitio idóneo. “Tengo ya 38 tacos y viví la explosión de todas ellas. Decían que iban a ser las plazas públicas, que iban a mejorar la democracia, y al final lo que están haciendo es meternos mensajes de falsos gurús, vendernos guerras en directo y violentarnos. Y todo el mundo está enganchado, nadie se escapa”.

Sus letras, sin ser evidentes, están atravesadas por todo lo que le preocupa. “A mí lo explícito nunca me ha interesado. Creo más en la poética de la música, pero las canciones pueden hablar de cosas. No me gusta la música que no habla de nada”.

De adolescente, cuenta, escuchaba mucho rock reivindicativo: “Pero fíjate, Eskorbuto, que era el grupo que más me interesaba, iba en contra de todo. De hecho, tienen un disco que se llama Anti Todo y por eso me molaban”.

vocación popular

En un momento en el que parece que todo va en contra del ser humano, a Carlangas le gusta ser humanista y vivir la música como algo social. Su verdadera ambición es hacer música popular, que llegue a la gente y la pueda disfrutar cualquiera, como la de Manu Chao, Kiko Veneno, o la de El Madrileño de C. Tangana. “Y no quiero decir que luego no escuche Aphex Twin, que también me mola”.

Sobre “petarlo”, sea lo que signifique eso, dice no saber nada. “Tampoco creo que yo esté en ese lugar, para eso hay que ser guapo y cantar de puta madre. Yo toco la guitarra regular y canto regular, para mí el éxito es que me dejen expresarme. Del éxito capitalista nunca estuve ni cerca, ni me interesa, pero del personal y artístico sí. La gente sigue escuchando mi música, vienen a los conciertos y es así desde hace veinte años que empecé con Novedades Carminha. En ese sentido, mi carrera es megaexitosa”.

“Es muy complicado lanzar una carrera en solitario, lo más probable es que te des una hostia brutal”

A Carlangas, este tercer álbum en solitario le ha servido para quitarse el síndrome del impostor que le supuso empezar a labrarse un camino por su cuenta. “Era consciente de que es muy complicado lanzar una carrera en solitario. Lo más probable es que el primer año ya te des una hostia brutal y que no puedas remontar, es lo que le pasa al 90% de artistas”.

Añora su época al frente de Novedades Carminha, porque “hay algo muy especial en tocar con tus amigos”, pero sabiendo que “las cosas se acaban y reconectar artísticamente después de parar es prácticamente imposible”.

Tampoco lo piensa mucho, asegura, ahora está en otra. Tiene por delante un verano de festivales, que arranca este sábado en el O Son do Camiño de Santiago, y un otoño de salas donde defender el álbum. Y aunque le gusta valorarlos a vista de pájaro, ya tiene experiencia para saber cuándo son de los que calan, y cree que este disco es uno de ellos.