Portada de 'Testamento', disco de El diablo de Shanghai.
Los discos de febrero: el 'Testamento' generacional de El diablo de Shanghai y las tinieblas pop de Charli XCX
El grupo de indie rock catalán publica un ambicioso segundo álbum y la artista británica pone música a 'Cumbres borrascosas'. Destacan también lo nuevo de Gorillaz y Mitski.
Más información: Maria Arnal, artesanía vocal con inteligencia artificial: "Mi voz en este disco es más compleja: es física y digital"
Testamento
El diablo de Shanghai
El quinteto barcelonés es uno de tantos hijos de la pandemia que han hecho florecer la escena de indie rock nacional en los últimos años. Publicaron sus primeros singles en 2020 y, en una primera escucha, pueden recordar a los madrileños Camellos, quizá por eso de compartir sello (Candorro). Han ido escalando poco a poco, hasta un segundo disco que demuestra una ambición capaz de resaltar entre tanta calcomanía. Testamento es arriesgado y tiene las agallas necesarias para serlo.
Agraciado con la producción de Sergio Maschetzko (a cargo de las bandas inglesas The Last Dinner Party y Black Country, New Road), el disco mezcla brillantes canciones de ocho minutos ('Tierra Trágame') con otras que no llegan ni a uno ('Tenía que Valer la Puta Pena'). Sus letras poseen la picardía de su debut, 113 Pasos Adelante en el Ensanche (2023), pero son todavía más pretenciosas y difíciles de masticar. Bienvenidas sean: para hacer algo distinto, hay que permitirse ser un poco arrogante.
A diferencia de muchos otros grupos de guitarras inclinados por una lírica más directa, El diablo de Shanghai apuesta por la poética. Recuerdan a las letras que alumbraron Alcalá Norte, banda a la que el quinteto catalán teloneó en su paso por la ciudad condal, o a las de los irlandeses Fontaines D.C, cuyo post-punk poético de álbumes como Dogrel (2019) y A Hero’s Death (2020) se detectan en canciones como 'Editorial' y 'Abulia'.
Sin embargo, El diablo de Shanghai destaca también por su atrevido spoken word (cantar recitando), una fórmula aparentemente anti-hits, pero con la que ellos consiguen emocionar. Lo demuestran en la maravillosa 'Pisa Fuerte', desde ya en el repertorio de canciones que han conseguido encapsular una generación.
La voz del vocalista, Juan Trías de Bes (Juanito), parece un narrador de un filme de Eloy de la Iglesia, pero en la Barcelona de Terenci Moix. Aunque el nombre de la banda, dicen, viene de una novela de Juan Marsé. El embrujo de Sanghai (2009) es una fábula sobre los sueños y derrotas de niños y adultos, argumento que también vertebra Testamento. La joven banda catalana rebobina desde la vida adulta hasta la niñez en un disco original, una bocanada de aire fresco.
Nothing’s About to Happen to Me
Mitski
La cantante japonesa‑estadounidense desdice ese lamento de Chet Baker en Everything Happens to Me y se aferra a la idea opuesta en su nuevo álbum, Nothing’s About to Happen to Me, como si se hubiera quedado fuera de su propia vida. La compositora, habitualmente de perfil bajo, se convirtió en una estrella de Tik Tok gracias al single 'My Love Mine All Mine' del disco The Land Is Inhospitable and So Are We (2023).
Reacia a ese tipo de fama repentina, Mitski responde tres años después con un álbum minimalista en duración (30 minutos) pero maximalista en concepto: cuenta la historia de una mujer aislada, pero que se siente libre en una casa encantada, a lo Shirley Jackson.
Gatos, fantasmas y recuerdos desfilan por las letras del álbum, que convierten la soledad y el miedo en una mezcla de vulnerabilidad y patetismo. Canciones como 'In a Lake' o 'Where’s My Phone?' hablan de esa reclusión desde la paranoia, 'Cats' convierte al gato, que también ilustra la portada, en cómplice de su encierro, mientras 'I’ll Change for You' y 'Rules' reflejan las pequeñas reglas y sacrificios que acaban convirtiendo ese refugio en una cárcel.
Mitski es una cantautora sin florituras: de lírica directa, sin resultar simplona, y de un sonido que transita entre el folk sesentero (muy Blue de Joni Mitchell) y el country del que, como residente en Nashville, se alimenta con gusto. Sin necesidad de grandes volantazos en su carrera, firma un disco pequeño y reconfortante con el que vuelve a demostrar su talento para iluminar la depresión cotidiana.
The Montain
Gorillaz
Veinticinco años después de su debut, Gorillaz siguen siendo un extraño experimento. Lo que nació como una sátira de la industria musical ideada por Damon Albarn y Jamie Hewlett es hoy un proyecto global y multigeneracional. El ejemplo es The Mountain, su último disco.
Noveno de su trayectoria, el álbum parte de un viaje a la India y la muerte de los padres de sus creadores, y acaba siendo un duelo luminoso, lleno de invitados vivos y muertos. Y demasiado dispares entre sí. Por el disco pasean desde Jhonny Marr, mítico guitarrista de los Smiths, y IDLES, hasta los jóvenes raperos argentinos Bizarrap y Trueno, que firma la única canción en español del disco.
Los gustos del vocalista de Blur no entienden de edad, eso está claro. Misteriosamente consigue unificarlos a través del exotismo del sonido, donde las flautas de Ajay Prasanna y el sitar de Anoushka Shankar se mezclan con el pop y dan paso a la psicodelia.
Bien podría decirse que es uno de los álbumes más sentimentales de la banda, aunque sus letras busquen mirar de frente a la muerte sin recrearse en la tragedia.
En 'The Sweet Prince', Albarn se sienta junto a la cama de su padre para decirle "te quiero" antes de morir y en 'Orange County' admite que “lo más difícil es despedirse de alguien a quien quieres". The Mountain habla menos del miedo a morir que de cómo aprender a seguir con todo ese peso encima.
Wuthering Heights
Charli XCX
Si Kate Bush encarnó al fantasma de Cathy en 'Wuthering Heights', canción de su primer disco The Kick Inside (1978), ahora es Charli XCX quien se asoma a los páramos de Cumbres borrascosas con un disco homónimo, que funciona como banda sonora de la nueva adaptación cinematográfica de la novela y como un memorable álbum de pop gótico.
Inspirada en el guion de Emerald Fennell y queriendo escapar del hedonismo de Brat (2024), la artista británica se deja llevar por el universo romántico y oscuro de Emily Brontë. Mientras que en el anterior trabajo buscaba recuperar la cultura de los clubs de los 90 y 2000, aquí adopta la mirada adolescente de Fennell para contar la historia entre Cathy y Heathcliff, dos amantes malditos.Mezclando el pop de Bush y el rock de The Cure, el disco encuentra un tono a la altura de la neurosis amorosa de la novela.
Tanto la película como el disco arrancan con la potentísima y sombría 'House', colaboración con John Cale, exfundador de la Velvet Underground. "Creo que voy a morir en esta casa", repite Charli, dando voz a la sensación de asfixia que recorre tanto Cumbres borrascosas como el palacio de los Linton, donde acaba atrapada la protagonista.
Esa opresión se filtra en el resto del álbum, que transita entre las tinieblas y el pop y dialoga con Brontë de forma explícita en sus letras. En 'Chains of Love' presenta una relación tóxica pero eterna ("las cadenas del amor que no se rompen"), que remite directamente al vínculo entre la pareja protagonista, y en 'Wall of Sound' habla de la dicotomía de la protagonista entre la razón y el deseo: "Cada vez que intento convencerme de lo contrario, alejándome de mis deseos, algo dentro de mí me lo impide".
Wuthering Heights es un álbum poco aprovechado en la película, pero que funciona de manera autónoma y consolida a Charli como una de las artistas pop más audaces de su generación.