Camilo Lara, alias Instituto Mexicano del Sonido, en su estudio de Ciudad de México. Foto: Napoleon Habeica

Camilo Lara, alias Instituto Mexicano del Sonido, en su estudio de Ciudad de México. Foto: Napoleon Habeica

Música

Instituto Mexicano del Sonido anuncia la llegada de un mesías musical: "Será muy joven y muy radical"

El visionario músico Camilo Lara publica el recopilatorio 'Algo-Ritmo', que resume sus 20 años de fusión de géneros como la cumbia y la electrónica.

21 marzo, 2024 02:42

Su nombre artístico encierra una verdad y una mentira. Instituto Mexicano del Sonido es, en realidad, una sola persona, pero azteca hasta la médula. “Uno siempre escoge los nombres cuando es muy joven y muy tonto, por eso los de casi todos los grupos son malísimos”, reconoce bromeando a El Cultural Camilo Lara, el músico, productor y DJ detrás de ese alias, que en sus apariciones en territorio anglosajón se hace llamar Mexican Institute of Sound.

Lara es uno de los cerebros musicales más intrépidos de México, un visionario que comenzó a fusionar géneros populares como la cumbia, el mambo o el chachachá con el hip hop, el funk y la electrónica mucho antes del auge que vive hoy este tipo de propuestas.

Recién aterrizado en Madrid desde su querida Ciudad de México, donde el domingo cerró el festival Vive Latino ante 60.000 personas, hablamos con Lara en la sede del sello independiente El Volcán, su casa discográfica desde 2009. Con ellos acaba de lanzar el disco recopilatorio Algo-Ritmo, que resume dos décadas de agitación musical. Incluye sus temas más populares, como “México”, “El micrófono”, “Mirando a las muchachas”, “Cumbia” o “Mi T-Shirt de la NASA”, y dos canciones nuevas: "Stop", junto a Ceci Bastida, y "Bolero", con Foudeqush y Esteman.

En la hoja de servicios de Camilo Lara figuran todo tipo de aventuras musicales más allá de sus propias composiciones. Ha remezclado a Metallica, a los Beastie Boys, a Beck, a Joe Crepúsculo, incluso a Morrissey en clave mexicana con su proyecto Mexrrisey.

También ha producido a artistas como Norah Jones, Band of Horses o Lila Downs. “Los artistas memorables son sabores y colores. El éxito de producir a alguien así es enaltecer sus fortalezas. Es emocionante trabajar con alguien con una voz propia poderosa. Producir es una de las facetas que más me gusta, me siento muy cómodo. Además me permite no estar en primer plano y hacer otras cosas que como artista quizá no haría”.

Más proyectos: tuvo su propia emisora de radio virtual en el popular videojuego GTA V, y ahora tiene un programa de radio en la vida real grabado desde su estudio de Ciudad de México, Dilo Camilo, que Radio 3 de RNE emite cada domingo.

En paralelo, su amplia relación con el audiovisual comenzó cuando Alfonso Cuarón, amigo y vecino de la colonia Roma, en la capital mexicana, le encargó la banda sonora de Y tu mamá también. Sus composiciones han aparecido en series de éxito mundial como Breaking Bad y Narcos, ha participado en dos bandas sonoras de películas de Marvel (Black Panther: Wakanda Forever y Thor: amor y trueno) y ha sido asesor musical de la película Coco de Disney/Pixar, para la que compuso el tema instrumental Jálale.

"Al principio en las raves me arrojaban botellas. México es un país muy clasista y les parecía horrible glorificar la cumbia"

Atento a todo lo que se cuece en el terreno musical en todas las latitudes, Camilo Lara observa que “el mundo se ha fragmentado en distintas capitales culturales”. “Lagos es una capital cultural igual que Cali, igual que la Ciudad de México, igual que muchos otros lugares. Siempre han existido, pero ahora tienen mucha más visibilidad”.

Cuando él empezó a hacer música nueva usando samples de música tradicional, su propuesta no siempre fue bien recibida. “Al principio era horrible porque cuando iba a una rave y pinchaba a Pérez Prado (el Rey del Mambo) me arrojaban botellas de agua. Les parecía espantoso glorificar la cumbia o la música tropical. México es un país muy clasista y pensaba que las cosas de raíz, profundas, populares, eran cosas de pobres, los clasemedieros no querían ser contaminados con eso”.

Camilo Lara, este martes en la sede del sello El Volcán Música, en Madrid. Foto: F. D. Quijano

Camilo Lara, este martes en la sede del sello El Volcán Música, en Madrid. Foto: F. D. Quijano

En este sentido, siente que el tiempo le ha dado la razón. Hoy lo que tiene un fuerte sabor local es lo que tiene más probabilidades de lograr un alcance universal (véase Rosalía o, por dar coordenadas cercanas al entrevistado, su compatriota Peso Pluma). Y es que “la pasteurización de la vida es horrible. Vas a un Duty Free y son todos iguales, cuando el de aquí debería vender buen vino y buen jamón. Siento que en algún momento el desarrollo de Internet llevó a muchos artistas a ser grises, a pertenecer a una vorágine de artistas que cumplían ciertos requisitos y estaban en línea con los artistas norteamericanos. Y siento que eso ya se ha descentralizado”.

"Va a venir un nuevo Bob Marley, alguien muy radical que romperá con todo y hará una guerrilla contra el algoritmo"

La música de Instituto Mexicano del Sonido está eminentemente enfocada a la pista de baile, que él considera “el lugar más democrático del mundo”, pero en ella desliza por aquí y por allá unas pinceladas de conciencia social. “Siento que la música tiene que tener un sentido social, pero no panfletario. La música puede ser democrática y puede ser un unificador de opiniones, algo que no necesariamente vaya a cambiar el mundo, pero sí a crear conciencia. A mí me caen mejor los artistas que tienen una opinión sobre la vida”.

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En cuanto a las ventajas e inconvenientes de la globalización, Lara opina: “Para mí el mayor terror es el peso del capitalismo en la cultura. Creo que estamos siendo parte de un plan muy grande de apropiación de artistas por parte de las marcas. En cuanto un rapero empieza a tener exposición, hacen una colaboración con Nike u otras marcas y empiezan a formar parte de un estilo de vida y a vender algo. Aunque puede ser bueno económicamente para el artista que lo hace, es malo porque termina contaminándose y siendo parte de la cadena de producción”.

No obstante, su intuición le dice que va a llegar un mesías que liberará a la música de todo eso. “Va a venir un nuevo Bob Marley, alguien muy radical que romperá con todo y hará algo diferente, que hará una guerrilla contra el algoritmo. Estamos en esa guerra cultural”. ¿Y de qué país vendrá? “De ninguno que tengamos en la mira”, responde absolutamente convencido. “No tengo la menor duda. Y va a ser pronto, va a ser muy joven y va a ser muy, muy, muy radical”.

En todo caso, considera que la industria musical ha cambiado para bien en estos últimos veinte años y que hoy “es mucho más interesante, mucho más rápida y con mucho más diálogo entre los artistas y el público”. “El discurso ya no se construye desde las multinacionales, sino que el discurso se hace y después las multinacionales lo enaltecen. Pero siento que todos los proyectos por lo menos nacen de un principio relativamente libre”.

Sobre sus comienzos en el mundillo de la música, recuerda haber vivido “una etapa muy divertida en la que México estaba un poco aislado. No se vendían cosas americanas ni teníamos acceso a la tele americana, entonces era bastante endogámica la historia. Cuando salías de fiesta terminabas conociendo a todos los creadores, se formaron estos enjambres creativos en los que conocías al que hacía cine, el que hacía teatro, al poeta, al que pintaba".

"Fue una época muy emocionante y peligrosa, porque cuando salías, igual te asaltaban o igual conocías a la persona más fantástica del mundo. Formamos parte de una generación de gente muy creativa y después, viajando, me di cuenta de que Argentina o Colombia estaban pasando por procesos similares de descubrir tu propia cultura y relacionarte con otras artes. Y así fui haciendo música, primero inconscientemente, y después mejorando mi forma de hacerla”.

A él le asaltaron alguna vez, pero “nada terrible”. Ahora la Ciudad de México “es Disneylandia, una de las ciudades más seguras del mundo”. Él vive en la colonia Roma, que está “absolutamente gentrificada” y donde “se oye más inglés que español”. Menos violencia, menos caos, menos contaminación… y menos diversión.

Con su querida ciudad, a la que dedicó en 2021 el disco Distrito Federal, mantiene una relación de amor-odio. A veces se considera profeta en su tierra (como el domingo pasado dándose un  baño de masas en el Vive Latino), a veces no. Él la define como “una relación muy profunda y muy compleja”, como la que se puede tener con una madre o un hermano. “Soy muy crítico de mi ciudad y de mi país, me gusta cuestionarla todo el tiempo, pero también es mi raíz, lo que más me gusta y toda mi vida creativa ha girado en torno a mi comunidad. Hay cosas que detesto de México y cosas que me encantan”.