Image: 100 años sin Sarasate

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Música

100 años sin Sarasate

Aniversario

18 septiembre, 2008 02:00

El 20 de septiembre se rendirá homenaje a una de los personalidades más emblemáticas de la historia de nuestra música. Llegó a París a mediados del siglo XIX para estudiar violín y terminó inspirando la obra de Saint-Saëns, Bruch o Dvorak. María Nagore, catedrática de Musicología de la Universidad Complutense y coautora junto al recientemente desaparecido Luis G. Iberni de la biografía Pablo Sarasate, el violín de Europa, descubre para El Cultural la virtuosa y carismática personalidad del artista más allá de su tiempo.

El 20 de septiembre de 1908 fallecía en Biarritz, a los 64 años de edad, el célebre violinista pamplonés Pablo Sarasate, en su residencia Villa Navarra. La noticia recorrió el mundo entero en pocas horas. Ramiro de Maeztu escribía en La Correspondencia desde la capital del Reino Unido: "Todos los periódicos de Londres consagran hoy una columna entera a Pablo Sarasate. De ningún otro español contemporáneo escribirían otro tanto el día de su muerte. Era el más alto prestigio español fuera de las fronteras. Y lo merecía. Ningún otro español de nuestro tiempo ha llegado en su oficio a donde Sarasate llegó en el suyo".

Cien años después, Sarasate sigue siendo conocido y reconocido a nivel mundial. Es uno de los compositores españoles más interpretados internacionalmente (quién no ha escuchado alguna vez sus Aires bohemios o sus Danzas españolas) y en el ámbito del violín continúa siendo un referente. Existe incluso una revista japonesa dedicada al violín que lleva su apellido. Todos los grandes violinistas se han acercado en algún momento a sus composiciones, que han sido interpretadas y grabadas por los directores más famosos. Hasta los míticos Furtwängler y Toscanini lo llevaron a los atriles acompañando a ilustres figuras del arco. Sin embargo, aún estamos lejos de conocer su auténtica dimensión.

El musicólogo Luis G. Iberni, autor de la hasta ahora más seria biografía sobre Sarasate y crítico musical en estas mismas páginas, dedicó los últimos años de su vida, truncada de forma inesperada en diciembre del pasado año, a realzar la inmensa figura de Sarasate y preparar su efemérides. Y aunque no pudo terminar la biografía que estaba escribiendo, Pablo Sarasate, el violín de Europa, saldrá a la luz a finales de este año con la inestimable ayuda de sus esquemas y documentación.

Mil versiones de un mismo genio
Urge desterrar tópicos acerca de la figura de este genio. En algunas ocasiones se le ha criticado como compositor, presentándolo como un músico poco profundo, que se contentaba con componer piezas populares y de salón. Más allá de estas afirmaciones, su música fue extraordinariamente bien acogida en su época y aún pervive entre nosotros. "El mérito de Sarasate -explica el violinista Ara Malikian- es que hizo popular la música clásica, precisamente lo que necesitamos ahora. La música necesita más gente como él". En cualquier caso, sería un error restringirlo al plano de la composición. En realidad fue lo que quiso ser, un intérprete maravilloso, legendario, capaz de producir un sonido único, puro y nítido, que fascinaba a todo el que lo escuchaba.
Desgraciadamente, ni siquiera sus propias grabaciones pueden desvelarnos, debido a sus deficiencias técnicas, ese efecto hipnótico que producía en el público. En los últimos veinte años del siglo XIX se había convertido en un ídolo de masas, cuyos conciertos eran acontecimientos de tal magnitud que el público se aglomeraba en las salas y las entradas se revendían, algo muy similar a lo que ocurre con las estrellas actuales del pop. Tanto es así que otro gran violinista, Carl Flesch, se refiere a él en El arte del violín como el "padre de la técnica violinística moderna".

Sobran los motivos, en cualquier caso, para considerarlo el primer virtuoso moderno, pero no sólo. Sarasate no se limitaba únicamente a sus creaciones, sino que interpretaba obras de otros compositores, tanto clásicos como contemporáneos. Y es ahí, en su asombrosa capacidad para entusiasmar el espíritu creativo de los compositores de su época, donde la figura del maestro brilla aún con más intensidad. Obras de tanto calado como la Sinfonía Española de édouard Lalo, dos de los conciertos para violín y la Introducción y Rondó caprichoso de Saint-Saëns, los segundos conciertos para violín de Max Bruch y Wieniawski y una larga estela de composiciones de violín (Dvorak, Svendsen, Raff, Mackenzie...) fueron escritas para él. El propio Lalo escribía a Sarasate al final de su carrera compositiva: "Tu aparición en mi vida ha sido la más grande fortuna; sin ti yo hubiera continuado escribiendo mis insignificantes producciones".

El fetiche de los grandes talentos
Tanto en su faceta de introductor de la música de nuestro país más allá de nuestras fronteras como por su vínculo con los más grandes artistas de su generación, su personalidad es una de las más interesantes del tránsito del siglo XIX al XX. Diferentes personalidades de la literatura mundial, desde Tolstoi a Hesse, lo citan en sus obras, fue el violinista de Sherlock Holmes, mantuvo una estrecha relación con James Whistler (quien le dedicó uno de sus retratos más célebres) y su figura ha sido llevada en varias ocasiones al cine, destacando la película japonesa Zigeunerweisen (Aires bohemios), dirigida por Seijun Suzuki.

Sarasate es el paradigma del artista de genio innato. Niño prodigio, durante toda su vida ofreció siempre algo excepcional. Tenía a su favor muchos elementos que supo potenciar, además de su portentosa técnica violinística: su procedencia -lo que entonces se conocía como exotismo español estaba de moda-, una cuidada imagen y un prodigioso sentido del espectáculo. Lo que Juan Manén describió con las siguientes palabras: "Español, hijo de tierra de ensueños, pequeño de estatura, delgado y de figura romántica, pálido, rizoso y negro el cabello, ojos grandes del mismo color y algo saltones". Todo esto, continúa Manén, "le favoreció para que se llevara de calle a las señoras, a rastras de éstas a los varones y a los aristarcos".

La revolución de las salas
Su éxito se vio favorecido por un factor circunstancial: a finales de los años sesenta y, sobre todo, en los setenta comienzan a multiplicarse las salas de concierto, las orquestas se configuran como organismos estables y empiezan a demandarse nuevas creaciones instrumentales, que salen a la conquista de nuevos públicos. A pesar de todo, Sarasate no tuvo una vida fácil. A poco que se ahonde en su biografía se comprueba que no fue el artista mimado y sin grandes obstáculos en su carrera que a veces se ha querido presentar, quizá debido a su temperamento jovial. El inesperado fallecimiento de su madre en Bayona cuando el joven Martín (su verdadero nombre) contaba sólo 11 años; su infancia en la capital francesa alejado de su ambiente familiar; las críticas con motivo de la obtención del primer premio de violín del Conservatorio de París con 13 años; el intento por abrirse camino como virtuoso en una ciudad llena de talentos; su periplo por América y una vida en constante movimiento terminaron por configurar una férrea voluntad, una personalidad infatigable, llena de ingenio y de matices, que, como su música, resulta siempre imprevisible y duradera.

Cronología

1844: Nace en Pamplona y es bautizado con el nombre de Martín Melitón.

1854-55: Isabel II, persuadida de su talento, le concede una pensión para que estudie en París.

1856: Aprueba el examen de admisión en el Conservatorio de París, donde será alumno de violín de Delphin Alard.

1860-70: Entra en relación con Gounod, Bizet, Pauline Viardot, Rubinstein, Louis Diémer, édouard Lalo y Saint-Saëns, quien le dedica su Concierto Op. 20.

1870-72: Junto a la cantante Carlota Patti y el pianista Theodor Ritter, emprende una gira por América. A su regreso a París, lo reciben como a un artista consagrado.

1872-75: Bajo el seudónimo de Pablo, alterna la vida parisina con una frenética actividad como concertista por toda Europa. Son los años de Danzas españolas y Zigeunerweisen Op. 20.

1876-80: Se codea con Raff, Bruch, Goldschmidt y Auer (en Alemania) y Cui y Chaikovski (en Rusia). Sus conciertos son ya multitudinarios.

1880-89: Emprende su primera gira por España y una segunda por América acompañado por los pianistas Eugen d’Albert y Berthe Marx.

1890-1908: Aprovecha los viajes para recoger melodías populares europeas (con las que inspria Airs écossais, la Mélodie Roumaine o las Chansons Russes) y españolas (como la Petenera o la Jota de Pamplona). Cultiva asimsimo la música de cámara.

1908: El 20 de septiembre fallece en Biarritz a causa de una enfermedad pulmonar.