Rosalía y Raül Férnandez Miró 'Refree'. Foto: Txema Yeste

La joven cantaora catalana y el músico y productor de Kiko Veneno o Silvia Pérez Cruz unen fuerzas en Los Ángeles, una obra rompedora que adapta temas del flamenco desde una perspectiva muy contemporánea y minimalista.

Cuando era pequeña, la cantaora Rosalía (Barcelona, 1993) sabía que había llegado el fin de semana porque el sonido de las canciones de los Beatles se propagaba por las estancias de su casa. Quizá eran los acordes de alguna canción de Supertramp o la voz rasgada de Bob Dylan, pero curiosamente nunca sonaba flamenco. "Mis padres no se dedican a nada relacionado con lo artístico, pero yo desde pequeña me sentía conectada de forma natural con la música", explica la joven intérprete, que acaba de publicar su disco de debut, Los Ángeles. Se trata de una obra rompedora que adapta palos del flamenco desde una perspectiva muy contemporánea y minimalista en la que ha trabajado a cuatro manos con el músico y productor Raül Fernádez Miró 'Refree'. Publicado por una multinacional como Universal y precedido por un interés inusual por parte del público, con lleno absoluto en los pocos conciertos que ha dado la dupla antes del lanzamiento, Los Ángeles va camino de convertirse en una de las sensaciones del año.



Aunque tan solo tiene 23 años, Rosalía lleva ya una década sobre escenarios de todo el mundo, desde Hamburgo a Singapur, colaborando con artistas de la talla de Chicuelo, Enric Palomar, Rocío Márquez, La Fura del Baus o incluso con gente más alejada del flamenco como el rapero madrileño C. Tangana. "Fuera donde fuera siempre era la más pequeña y la que menos sabía", comenta Rosalía. "Por eso estoy muy agradecida a todos las personas que han confiado en mí porque han formado parte de mi aprendizaje". Aunque quizá la persona más importante en la formación de la cantaora sea Chiqui de la Línea, apodo de José Miguel Vizcaya, una especie de gurú del cante flamenco en Barcelona y Cataluña. "Él fue mi maestro y la persona que me impulsó a estudiar flamenco en la Escuela Superior de Música de Cataluña". Con todo este bagaje acumulado era solo cuestión de tiempo que Rosalía, que cuenta con una presencia escénica absorbente, se lanzará a construir su primer disco. Cuestión de tiempo y de encontrar a la persona adecuada para recorrer el camino.



Un encuentro afortunado

Rosalía

Paso a paso, Raül Fernández Miró (Barcelona, 1976) se está convirtiendo en uno de los productores más interesantes del panorama nacional, faceta que combina con su carrera musical en solitario bajo el alias Refree. En su 'cartera de artistas' ya cuenta con nombres como Christina Rosenvinge, Rocío Márquez, La Mala Rodríguez, Kiko Veneno, Lee Renaldo (Sonic Youth) y Silvia Pérez Cruz, con la que elaboró granada, disco que recuerda a este Los Ángeles al menos en su ambición.



Refree escuchó por primera vez a Rosalía en un homenaje a la cantaora y bailaora Maruja Garrido organizado por el periodista musical Luis Troquel en el Mercado de las Flores de Barcelona. El productor y músico quedó impactado por la chica que estaba en el escenario, pero ese día ni siquiera se conocieron. "Yo no soy ningún caza talentos. No toco con todos los artistas que me parecen buenos", explica Refree. "Sin embargo fue precisamente Troquel quien tiempo más tarde nos presentó, pensando que podía ser una buena unión. Pero al principio no había idea de hacer ningún disco, simplemente nos entendimos musicalmente pero a nivel de melómanos".



Así comenzaron unas sesiones en las que pasaban tardes enteras escuchando música, ya fuera YouTube, Spotify o un vinilo. Y, aunque la base de la relación la proporcionaba el flamenco, fue el interés de ambos por la música negra lo que acabó por fortalecer los lazos. "Los dos estábamos en el mismo momento en realidades muy distintas pero completamente fascinados por el flamenco y la música negra", explica Refree. "No es que no escuche otros géneros, pero creo que quienes están experimentando de verdad en cuanto a la forma de producir y de entender el sonido son artistas alejados del rock como Kanye West o Kendrick Lamar. Y es curioso porque tanto a Rosalía como a mí nos interesaba esa vertiente y por otro lado otra completamente opuesta, la del flamenco antiguo que toca las piezas desde del suelo, desde la tierra, con una actitud orgánica, de poco virtuosismo". Ahí entraban en escena artistas como la Niña de los Peines, Bernardo el de los Lobitos, el Chato de la Isla, Juanito Valderrama, Marchena…



Aunque son de generaciones distintas, en ningún momento funcionó la relación en clave de 'maestro-alumno'. "Gracias a que ambos vemos la música con una misma libertad hemos podido aprender mucho el uno del otro", explica Rosalía. Tras un tiempo de compartir esas sesiones de escucha, casi sin querer, comenzaron a jugar a interpretar alguna canción, empezando con el I See a Darkness de Bonnie Prince Billy que cierra el disco. Más tarde, Rosalía le pidió a Refree que la acompañara en un concierto cerrado que daba en Heliogàbal, una de las salas underground con más solera de Barcelona. "Tenía mis reservas", comenta Fernández Miró. "Yo había estado involucrado en discos de flamenco pero nunca tocando. No soy guitarrista de flamenco ni tenía la intención de hacer flamenco… Para mí este disco ha sido un aprendizaje total y Rosalía ha sido muy paciente conmigo".



La muerte como punto de partida





Tras una "lluvia de ideas" ambos llegaron a la conclusión de que el disco debía abordar el concepto de la muerte. "Era un buen punto de partida para desarrollar el proyecto porque es un tema universal", explica Rosalía. "La muerte siempre está muy presente en el imaginario flamenco. Además es un abanico muy amplio porque no solo contemplábamos tragedias sino que también había canciones de amor y desamor, espiritualidad, temáticas mundanas… Fue una labor de investigación de letras y cantes compleja y siempre hubo una intención de buscar cierta intemporalidad para conectar con gente joven tanto como con personas de 50 o 60 años. Además queríamos viajar a una época precamaronista". Así en el repertorio de Los Ángeles aparecen cantes clásicos como De plata, Que se muere Que se muere, Catalina o Te venero.



Aunque en ningún momento Rosalía y Refree trabajaron aislado el uno del otro, este último fue el encargado de la producción y los arreglos del disco. "Ella constantemente me ha enseñado cosas, aunque sí tenía claro el tipo de sonido que quería a nivel de textura", explica Refree. "Después era un trabajo de filtrar: escuchaba una malagueña y la tocaba y, como no sé tocarla, salía otra cosa. Es cierto que quería aprender recursos del flamenco, pero no tenía sentido sacar una línea exacta a la de algún maestro porque yo nunca lo haré tan bien. Así que busqué una manera propia de tocar. Al final, aunque respetemos muchas cosas del flamenco, los temas tienen más formato de canción".



Una apuesta por la crudeza que ponía en consonancia el flamenco con uno de los estilos predilectos del productor, el punk. "En esos primeros discos de flamenco que escuchábamos había esa actitud de no virtuosismo, que no digo que sea mejor ni peor pero es así. A los guitarristas no les importaba lo más mínimo demostrar si tocaban bien o mal, lo importante era el rasgueo o el ritmo y cómo brillaba la canción. Creo que eso era lo que buscábamos, queriendo o sin querer", puntualiza Refree.



Al final Los Ángeles, de una intensidad que sobrecoge, recala en un puerto difícilmente clasificable. Ante posibles pegas de la ortodoxia flamenca, Rosalía se desprende. "No espero una reacción concreta de la gente que lo vaya a oír, no solo de los flamencos sino del público en general. Este disco es una necesidad que hemos tenido tanto Raül como yo y no había ninguna intención en la recepción del mismo. No se puede controlar la recepción del disco".



@JavierYusteTosi