Image: Tamara Rojo recibe en Londres el Premio Fundación Banco Santander

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Escenarios

Tamara Rojo recibe en Londres el Premio Fundación Banco Santander

6 junio, 2013 02:00

La bailarina Tamara Rojo este martes en la Embajada Española en Londres, donde recogió el Premio Fundación Banco Santander. Foto: E.C.

La bailarina española, directora del English National Ballet, ha preferido pasar a un segundo plano su habitual crítica a la política cultural española para hablar de la capacidad de la danza para unir a distintos países, motivo por el que ha merecido el galardón.


Decir que una bailarina es delicada es prácticamente un pleonasmo, pero es imposible obviar el adjetivo cuando Tamara Rojo irrumpe en una sala. En este caso ha sido en la Embajada Española en Londres, donde la directora del English National Ballet iba a recoger el II Premio Fundación Banco Santander a las Relaciones Hispano-Británicas. Con la soltura y la madurez de quien lleva muchos años instalada en la capital, de quien ha tenido que ser también embajadora, también anfitriona, también diplomática, Rojo ha agradecido este reconocimiento que se le ha concedido por ser "uno de los estandartes de la cultura española en el Reino Unido al aunar talento y juventud". Pero Rojo no es sólo delicadeza, a pesar de que brillara con su vestido negro entre los verdes apagados de las alfombras que cubren la Embajada, la bailarina es también inteligencia, garra y la consciencia perenne de que su trabajo no acaba en el escenario. Por eso, una vez más ha hablado de política en un encuentro con la prensa antes de recoger el galardón de la Fundación Banco Santander, dotado con 10.000 euros y una escultura de Cristina Iglesias, pero en esta ocasión ha pedido que pase a un segundo plano a favor del fondo de un premio que, ha declarado, "me obliga a tratar de contribuir al fomento y al fortalecimiento de las relaciones y vínculos entre España con el Reino Unido, obligación que acepto con gusto e ilusión".

Venía la bailarina algo molesta por un titular de una entrevista suya en el Times, en el que vinculaba artes españolas y corrupción, así que al recoger su premio de manos del embajador, Federico Trillo, la consejera delegada de Santander UK, Ana Patricia Botín, y el presidente de la Fundación Banco Santander, Antonio Escámez, ha preferido agradecer que la segunda edición de este reconocimiento que el año pasado recayó en el hispanista Raymond Carr haya ido a parar a una bailarina, porque ello implica que creen en que la danza puede hacer crecer la colaboración y comunicación entre dos naciones. Rojo destinará el premio al Dance UK Healthier Dancer Programme del National Institute of Dance Medicine and Science, dedicado a mejorar al salud de los bailarines así como a aplicar la medicina y la ciencia en la danza.

Después de haber sido la Primera Bailarina del Royal Ballet, Rojo regresó hace un año a la que fue su primera compañía en Inglaterra, el English National Ballet, con la que, ha adelantado, viajará a España la próxima primavera, a los Teatros del Canal y, "probablemente", a otras ciudades con una nueva producción de Corsario. "Este nuevo trabajo me ha hecho recapacitar y darme cuenta de que tengo una responsabilidad. Ya la tenía antes, pero ahora siento que es mucho mayor y entiendo de una forma más global el poder de entendimiento y cooperación que un arte como la danza puede tener entre naciones". En este sentido, buscará la colaboración de artistas españoles con la institución británica que dirige y que, gracias a su presencia, regresará a bailar a España. "Este cargo ha cambiado mi vida, ahora tengo que ensayar por las mañanas, seguir preparándome físicamente, y por la tarde asumir las tareas de directora. Tengo una visión mucho más global de la danza. He reducido mis viajes y sigo viendo de la misma manera el escenario, pero ha cambiado mi forma de recibir la información", ha manifestado Rojo, que el próximo día 15 estrenará El lago de los cisnes en el Royal Albert Hall. "Quiero que lo que hagamos sea no sólo bello, sino también oscuro, inteligente... estoy orgullosa de nuestro trabajo", ha apostillado.

Sobre su futuro en los los escenarios, pues no ha colgado Rojo las zapatillas, la artista ha explicado que desconoce lo que hará en adelante. "Mi carrera consiste en crear y tengo ganas de ver hacia dónde me empuja. No se me caen los anillos por nada", ha asegurado, aunque ha descartado por el momento la posibilidad de hacer coreografías: "Siendo bailarina y directora artística ya tengo suficiente". Desde que tomó las riendas del English National Ballet, Rojo dice ser mucho más consciente del esfuerzo de los bailarines, de la dedicación individual de cada uno, y también de la gente que trabaja a su alrededor, "personas que creen y luchan por un arte que no practican". Durante este primer año también se ha percatado de lo difícil que es involucrar a la gente en la danza cuando la situación económica es tan compleja como la presente: "Me esfuerzo por seguir convenciendo al público de que la danza es importante", ha expresado.

Por otra parte, y ante la sempiterna pregunta de su futura vuelta a España, la actriz ha negado haberla descartado. "Nunca he tenido un plan y no me cierro puertas, pero no concibo volver ahora, tengo un contrato de cinco años y espero que luego sean más", ha repetido antes de señalar que en este día de entrega del Premio prefería hablar de lo positivo. Sin embargo, no ha podido evitar ciertas críticas al devenir de la danza en España, un país en el que los bailarines se ven condenados a hacer titánicos esfuerzos individuales: "Todo lo bueno que sucede en la danza es porque ellos han peleado individualmente. En Inglaterra, sin embargo, además del talento, los bailarines cuentan con un fuerte apoyo institucional. El éxito internacional de la danza española se debe a gente que ha peleado como Antonio Gades o Eva Yerbabuena. Tenemos una cultura muy rica y los bailarines españoles somos un ejemplo en todo el mundo". Defensora del mimo con el que el Gobierno británico trata a la cultura, Rojo ha explicado que dice mucho de este país al que le debe "todo" el hecho de que hayan invitado a una española a dirigir su Compañía Nacional.