Jeon Do-yeon, y Cho Yeo-jeong, en 'Un amor posible'
'Un amor posible': Lee Chang-dong entona el 'No codiciarás' en tiempos de desigualdad
El director surcoreano se aproxima a la idea de la lucha de clases, o lo que queda de ella.
La película toma como punto de partida un caso real de despidos masivos que aconteció en una gran industria surcoreana.
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En la flamante trayectoria fílmica de Lee Chang-dong (Daegu, 1954) -que se inició en 1997 con Green Fish, cuando el surcoreano tenía más de 40 años y era un novelista consagrado–, la exploración del drama existencial siempre ha convivido con una mirada incisiva hacia la realidad social. En Oasis (2002), el primer éxito internacional de Lee, un hombre con diversidad funcional y una mujer con parálisis cerebral ponían en jaque los límites sociales del amor, mientras que Burning (2018) –basada en el cuento Quemar graneros de Haruki Murakami– planteaba un duelo entre precariedad y privilegio en un mundo cada vez más insensibilizado ante el sufrimiento del otro.
Ahora, ocho años después de su anterior filme, Lee regresa con Un amor posible, una producción de Netflix que se aproxima a la idea de la lucha de clases, o lo que queda de ella. La película toma como punto de partida un caso real de despidos masivos que aconteció en una gran industria surcoreana hace más de diez años, una situación que derivó en una huelga que fue violentamente reprimida por la policía. Lee utiliza aquel incidente para componer una radiografía emocional de la vida en el seno del capitalismo global.
Acostumbrado a trabajar con núcleos narrativos muy concisos –una figura femenina, una pareja o, en el caso de Burning, un triángulo amoroso–, Lee Chang-dong centra la trama de Un amor posible en dos matrimonios que se sitúan en las antípodas de la jerarquía social. Una de las parejas está formada por obreros; a la esposa la encarna Jeon Do-yeon, que brilló como la afligida heroína de Secret Sunshine (2007) del propio Lee, mientras que el marido es Sul Kyung-gu, el actor de Oasis. Mientras, el otro matrimonio vive de forma ostentosa gracias a la fortuna del marido; en este caso, la mujer está interpretada por Cho Yeo-jeong, quien fuera la esposa adinerada de Parásitos (2019).
Ambas parejas entran en contacto cuando la mujer privilegiada decide filmar un documental sobre la crisis laboral que ha afectado al matrimonio obrero. En términos interpersonales, el interés de la documentalista por acceder a la intimidad del hombre trabajador –quien lideró la lucha sindical contra los despidos– acerca a las dos parejas y desemboca en el surgimiento de una amistad entre las dos mujeres. Sin embargo, más allá de la coyuntura narrativa, el documental dentro de la película convierte Un amor posible en una afilada meditación sobre los límites éticos que deberían demarcar la representación del drama ajeno.
Como es habitual en el cine de Lee Chang-dong, Un amor posible se estructura a partir de largas secuencias en las que los personajes van revelando sus intenciones de forma gradual. Se aprecia la creciente fascinación de la mujer trabajadora por la vida de lujo del matrimonio privilegiado; la documentalista va dejando ver que, detrás de su compromiso social, palpita una fuerte ambición personal; y el marido adinerado exhibe una indolencia llamativa ante todo lo que ocurre a su alrededor (en una caracterización que bordea la caricatura, solo parecen preocuparle los negocios que gestiona a través de su teléfono móvil).
La figura más hermética es la del hombre en paro, que arrastra un trauma vinculado a una acción sindical que despertó ilusiones y acabó naufragando. El filme se toma su tiempo para desgranar la desazón que afecta a la comunidad de trabajadores desempleados, que expresan su amargura en unos encuentros terapéuticos que Lee filma con gran sensibilidad. Sin embargo, pese a los esfuerzos de restitución colectiva, la sensación de fracaso ante la virulencia del capitalismo tardío es demasiado abismal. En esta tesitura, la existencia de una conciencia obrera parece una cosa del pasado.
Un amor posible se abre con un intertítulo que recoge el último de los mandamientos bíblicos: “No codiciarás”. Y luego, en los títulos de crédito finales, se señala una deuda con El decálogo (1989) de Krzysztof Kieslowski. La conexión entre la película de Lee Chang-dong y el mítico proyecto televisivo del cineasta polaco parece clara, aunque no se trata de un remake. En ambos casos, las fértiles narraciones, sin dar la espalda a una poética visual, se adentran en un terreno de pura intimidad para estudiar la moralidad y la coyuntura social de los personajes.
Jeon Do-yeon, en 'Un amor posible'
Con El decálogo, Kieslowski radiografió el final del comunismo y el inicio de una nueva era para la Europa del Este, marcada por la influencia cultural yanqui. Por su parte, Lee observa la enorme brecha social que se ha abierto, en el mundo actual, entre los que ostentan el poder y aquellos que se aferran a la pura supervivencia (¿cómo no codiciar el bien ajeno en esta circunstancia?).
En un pasaje aparentemente trivial de Un amor posible, la mujer trabajadora señala que el hombre rico le recuerda a Steve Jobs, una figura a la que admira pese a que no sabe muy bien por qué. Ese tipo de alienación sustenta el discurso de Lee, que observa con respeto y criterio las emociones y contradicciones de sus personajes, víctimas de un sistema que empuja al individuo y al conjunto de la sociedad a un tenebroso proceso de deshumanización.
Un amor posible
Dirección y guion: Lee Chang-dong
Intérpretes: Jeon Do-yeon, Sul Kyung-gu, Cho Yeo-jeong, Zo In-sung
Año: 2026
Estreno: 22 de octubre