Hugh Jackman, en 'La muerte de Robin Hood'

Hugh Jackman, en 'La muerte de Robin Hood' DeAPlaneta

Cine

Michael Sarnoski enturbia 'La muerte de Robin Hood': "El celuloide impone una especie de santidad en el rodaje"

Tras recuperar para el cine de prestigio a Nicolas Cage y acercar el 'blockbuster' al cine de autor, presenta una brutal subversión del mito del alegre forajido.

Hugh Jackman protagoniza la película, que se estrena este viernes.

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Pig, una de las producciones más destacadas del cine independiente estadounidense de 2021, narraba la historia de Robin ‘Rob’ Feld (Nicolas Cage), una especie de ermitaño de los bosques de Oregón que se ve arrastrado a la senda de la venganza cuando su cerda trufera es secuestrada.

“No es una casualidad que el protagonista se llamara así”, apunta el cineasta Michael Sarnoski (Milwaukee, 1988) a El Cultural sobre su ópera prima. “Me parecía divertido que alguien que vivía escondido en la naturaleza recibiera ese nombre, porque siempre me ha interesado Robin Hood. Claro, entonces no sabía que acabaría haciendo una película sobre este mítico personaje”.

Esa película llega este viernes a las salas españolas y se titula La muerte de Robin Hood. La producción parte de una de las muchas baladas tradicionales sobre el personaje, transmitida oralmente de generación en generación hasta que fue fijada por escrito en torno al siglo XVIII.

Sin embargo, el acercamiento que plantea Sarnoski se aleja del alegre bandolero “que roba a los ricos para dárselo a los pobres”, una imagen que el clásico de Disney de 1973 ayudó a cristalizar en la cultura popular.

“De niño me encantaba el Robin Hood de Disney, era una de mis películas favoritas, pero en mi adolescencia leí esta leyenda sobre su muerte por primera vez”, apunta el cineasta. “Y dije, espera un momento: ¿ese zorro bailarín es un personaje humano mortal? A partir de ese deslumbramiento fue surgiendo mi fascinación por el personaje y, con los años, la apuesta para esta película”.

Michael Sarnoski, durante el rodaje de 'La muerte de Robin Hood'

Michael Sarnoski, durante el rodaje de 'La muerte de Robin Hood' DeAPlaneta

El Robin Hood de Sarnoski es un hombre asediado por sus demonios que se ha alejado de la sociedad y trata de lidiar con sus demonios tras una larga vida de crímenes y asesinatos.

Los primeros compases del filme son impactantes: vemos al forajido cometiendo actos absolutamente salvajes y atroces. “Todo surgió de pensar qué sentiría una persona real en esa época brutal, en la que la muerte siempre estaba acechando a la vuelta de la esquina”, explica el director.

En el filme, tras una sangrienta batalla, un moribundo Robin es enviado a una especie de monasterio para que curen sus heridas. Allí se encuentra a la priora Brigid, el otro personaje fundamental de la balada que inspira la historia.

“Me encantaba el poema original, su sencillez, pero sentía que los personajes estaban dibujados en blanco y negro, sin grises: la Priora es una monja malvada y Robin, el héroe bondadoso”, opina Sarnoski. “Mi instinto me llevó a querer entender cómo podría haber sido su relación y a tratar de humanizarlos. Para el personaje de la priora, me inspiré en Hildegarda de Bingen, una abadesa alemana del siglo XIII que era una sanadora y que creó una especie de sociedad matriarcal, casi como una comuna para leprosos y huérfanos”.

Si Sarnoski consiguió para el papel de Brigid nada menos que a Jodie Comer, protagonista de la serie Killing Eve (Phoebe Waller-Bridge, 2018-2022) y de populares películas como El último duelo (Ridley Scott, 2021) o 28 años después (Danny Boyle, 2025), para interpretar a Robin logró convencer a una estrella que no requiere presentación: Hugh Jackman.

“Entró en la película de la forma más sencilla y hermosa: leyó el guion y le gustó de inmediato”, cuenta el cineasta. “A veces los actores tardan meses en responder, pero él lo hizo en dos días, fue una locura. Menos de una semana después estábamos sentados en un pub irlandés en Nueva York hablando de la ambigüedad del personaje: esa conexión entre la intensa violencia del principio y la serenidad del final”.

Hugh Jackman, en 'La muerte de Robin Hood'.

Hugh Jackman, en 'La muerte de Robin Hood'. DeAPlaneta

A pesar de tratarse de un drama con escenas de acción ambientado en la Inglaterra del siglo XIII, se pueden encontrar algunos paralelismos entre La muerte de Robin Hood y la ópera prima de Sarnoski, Pig, un emotivo thriller con toques de buddy movie, que, entre otros logros, consiguió rescatar a Nicolas Cage del momento más bajo de su carrera.

“Todas mis películas, incluso Un lugar tranquilo: Día 1 (2024), tratan sobre alguien que se acerca al final y ha aceptado su destino, pero que encuentra una oportunidad para reconectar y lograr un entendimiento más profundo sobre sí mismo y sobre el mundo, alcanzando una paz que integra su pasado”.

Otra cuestión que permea su filmografía es la subversión de géneros. Si Robin Hood y Pig son dos historias de venganza que no atraviesan los caminos más trillados del género, Un lugar tranquilo: Día 1 es un blockbuster de catástrofes que encuentra algo casi poético y reconfortante en el fin del mundo.

“Las subversiones surgen de forma natural al centrarme en las especificidades de cada protagonista”, asegura Sarnoski. “No intento llegar a un punto concreto en una trama, sino que intento abrazar la forma de ser de cada personaje”.

Un director loco

Tras contar en Un lugar tranquilo: Día 1 con un presupuesto medio-alto de un estudio de Hollywood como Paramount Pictures, La muerte de Robin Hood supone un regreso a los derroteros de la producción independiente, aunque distribuye A24.

Hugh Jackman y Jodie Comer, en 'La muerte de Robin Hood'

Hugh Jackman y Jodie Comer, en 'La muerte de Robin Hood'

“No contábamos con un presupuesto enorme ni mucho tiempo de rodaje”, apunta Sarnoski, “pero sentí la suficiente valentía para ser ese director loco que trata de convencer al equipo de que se pueden hacer cosas complicadas, como que una choza arda durante tres días seguidos. He ganado confianza para ir en ambas direcciones: hacia lo grande y también hacia lo pequeño, hacia el silencio de una escena íntima entre dos personas”.

Sarnoski, además de intimidad, consigue sorprender al espectador sin recurrir a efectos digitales: “Al ser una película sobre leyendas, quería que tuviera un aire atemporal, que pudieras haberla rodado en los años 50 o 70 con efectos prácticos. Además, era la primera vez que rodaba en celuloide, en 35 mm, porque queríamos capturar la luz natural de nuestras increíbles localizaciones de Irlanda del Norte, queríamos que se sintiera su presencia".

"Cuando ruedas en digital parece que siempre puedes mantener la acción en marcha y experimentar un poco", opina el director. "Pero, con el celuloide, el sonido de la cámara impone una especie de santidad. Todo el mundo guarda silencio”.