Julie Delpy, durante el rodaje de 'Conoce a los bárbaros'. Foto: Caracter Films
Julie Delpy estrena 'Conoce a los bárbaros': "No hay nada que la extrema derecha odie más que ser ridiculizada"
Un pueblo decide acoger a refugiados ucranianos a cambio de subvenciones, pero lo que reciben son migrantes sirios. Esta es la premisa con la que la célebre actriz vuelve a ponerse detrás de la cámara.
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Julie Delpy (París, 1969) lleva más de un cuarto de siglo intentando financiar una sátira sobre la política de Estados Unidos, pero no le ha sido posible. Para compensar la frustración, la directora, guionista y actriz francesa regresa a la dirección, tras películas como La condesa (2009) y El Skylab (2011), con una comedia social que aborda la crisis de los refugiados sirios en la Bretaña francesa, Conoce a los bárbaros, que llega a las salas este viernes.
Afincada en Los Ángeles, la icónica protagonista de la trilogía de Richard Linklater Antes de... reflexiona sobre el complejo equilibrio entre el humor y el drama.
Pregunta. ¿Cree que el cine tiene el deber de cambiar cómo consumimos la tragedia?
Respuesta. Sí, creo que nos han desensibilizado las redes sociales. Yo las uso, pero son peligrosas, porque en un segundo pasas de ver a un niño muerto a un gatito. Estoy segura de que es algo insano y de que hace daño al cerebro. El mundo nos empuja a desconectarnos de los seres humanos. A mí no me sucede, al revés, cada niño que veo morir me afecta como si fuera el primero. Pero el cine, al estar editado y tener personajes a los que te apegas, elimina esa frialdad.
»Al final de la película, sientes empatía por la familia siria. Entiendes que, además del trauma de la guerra, tienen problemas normales. Entrevistamos a muchos refugiados y nos decían: “No somos solo víctimas, somos seres humanos con problemas corrientes, pero que además hemos pasado por un infierno”. El poeta sigue queriendo escribir poemas; el arquitecto, construir una casa. Humanizar a las víctimas me parece esencial. De hecho, el término refugiados me parece muy amplio, son personas que han escapado de una pesadilla.
P. ¿Por qué era importante para usted mostrar que incluso en el drama de los refugiados replicamos jerarquías sociales?
R. En esa jerarquía hay una forma clara de racismo e islamofobia. No es lo mismo el que sigue atrapado en un campo en la frontera de Jordania que la familia de mi película, que son de Damasco y tienen estudios.
»Cuando entrevistamos al profesorado, nos contaron algo impactante: cuando llegaban refugiados de Ucrania, hacían presentaciones en clase sobre su país y su historia. Había dos niños sirios que dijeron que nunca les habían propuesto algo así: “Para ellos somos criaturas sucias de un país sucio del que nadie quiere hablar”. Se limitaban a ponerlos al fondo de la clase. Es una realidad, y quise señalarlo con humor porque es algo absurdo y ridículo. El humor es una herramienta maravillosa contra la injusticia.
P. No solo se burla usted de los intolerantes, sino también de los activistas de la justicia social. ¿Esa naturaleza autocomplaciente de los círculos progresistas puede entorpecer el trabajo humanitario real?
R. Es bueno reírse un poco de todos. Mi personaje, Joëlle, tiene buenas intenciones, pero no siempre va por el camino correcto. Es algo hipócrita. Si deseas hacer el bien, tienes que convertirte en lo que deseas ser.
»Es una pregunta que me hago constantemente a mí misma: ¿hago una película sobre refugiados o voy allí a ayudar? Probablemente sería inútil y estorbaría más que otra cosa. Pero es una pregunta válida. ¿Reciclamos botellas de plástico o dejamos de comer carne? ¿Somos lo suficientemente activos o necesitamos ser todos Greta Thunberg? Hacer cine es una gota en el océano, pero mejor una gota que nada.
Contra la extrema derecha
P. ¿Ha abandonado el proyecto de rodar una comedia sobre el imperialismo americano?
R. Ahora intento financiar una película contra la extrema derecha en Francia burlándome de ellos. Me he dado cuenta de que la comedia es lo que más temen. Es más difícil recaudar dinero para una comedia que ridiculiza a la extrema derecha que para un drama. No hay nada que odien más que ser ridiculizados. Así que no puedo hacerla, a menos que un productor español me dé 600.000 euros [risas].
P. Usted vive en Los Ángeles, así que habrá presenciado la constante presencia de la ICE. ¿Cómo le ha afectado?
R. Tendría que estar ciega y sorda para no verlo. El otro día estaba cenando con amigos estadounidenses y me dijeron que, al tener dos pasaportes, podía irme en cuanto quisiera, pero yo no me voy porque hace falta cada voto para revertir esto. Soy demócrata, obviamente. Además, el problema es global: el auge del autoritarismo y el fascismo, el control de los multimillonarios... Eso está en todas partes. En Francia tenemos a Bolloré, un nacionalista cristiano que se está haciendo con todo.
»Los que más resisten son los artistas. Lo primero que destruye el fascismo es el arte. Quitan el dinero de las exposiciones, del cine... queman los libros. El hecho de que lleve 12 años intentando hacer una película sobre la extrema derecha y no pueda es una señal clara. Fui atacada en una calle de París por un tipo que me llamó “puta de los árabes” por hacer Conoce a los bárbaros. Intentó pegarme en la cara. Hice una película dulce y esperanzadora que dice que podemos vivir juntos, pero esa gente no quiere paz, sino odio, porque así prosperan.
Los personajes de la coral 'Conoce a los bárbaros'
P. Su padre forma parte del elenco. ¿Fue una forma de honrar la conciencia política que le inculcaron?
R. Mis padres fueron increíbles. Eran hippies totales, no les interesaba el dinero. Por eso me parece bien no ser una actriz rica y famosa. He hecho cosas en Hollywood o en Netflix para ganar dinero, que no es algo malo, pero mi motor es la creatividad.
»Mi madre era activista feminista; firmó el Manifiesto de las 343 por el derecho al aborto en los setenta en Francia junto a Catherine Deneuve y Simone Veil. Me contaba lo monstruoso que era lo que pasaba en los sesenta con los abortos ilegales. Mi padre siempre fue antibelicista. Lo enviaron a Argelia como soldado y se negó a matar a nadie. Acabó en la cárcel y luego en una oficina porque no quería coger un arma. Sus hermanos volvieron con estrés postraumático y su propio padre se suicidó por lo mismo tras la Primera Guerra Mundial. Crecí escuchando discursos de Angela Davis. Soy mucho menos radical que ellos, una mezcla, una capitalista de izquierdas [risas].