Paul Thomas Anderson recoge uno de los tres Oscar que ha logrado en la 98.ª edición de los galardones. Foto: REUTERS/Mike Blake

Paul Thomas Anderson recoge uno de los tres Oscar que ha logrado en la 98.ª edición de los galardones. Foto: REUTERS/Mike Blake

Cine

Paul Thomas Anderson: tres Oscar para el artista que retrata con furia y brillantez un Estados Unidos en llamas

'Una batalla tras otra' es la obra definitiva de un director inmenso que ha sabido como nadie imbricar la historia de su país con la experiencia íntima.

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Estados Unidos es un país en llamas. Una nación en la que la extrema derecha ha llegado al Gobierno imponiendo un clima de terror entre los inmigrantes, legales y no, por ese ICE que ya ha matado a dos ciudadanos estadounidenses blancos.

Un país que se desangra en una "batalla tras otra", entre una izquierda que atisba un cambio social profundo y una derecha que quiere preservar un Estados Unidos "blanco" en el que la brutalidad oficial se convierte en un arma de control social. Lo muestra con fuerza y crudeza Una batalla tras otra, ganadora de seis Oscar, tres para Paul Thomas Anderson (mejor guion adaptado, dirección y película).

Inspirándose en la obra de Thomas Pynchon, el director (Los Ángeles, 1970) recrea esa batalla marcada por una polarización extrema. Por una parte, está el coronel Lockjaw (Sean Penn, ganador de un Oscar a mejor actor de reparto que no ha recogido), un tipo retorcido, brillante, magnético, fascistoide… que Penn convierte en un personaje inolvidable, que forma parte de la historia del cine.

Al otro lado, el "jipioso" Bob (Leonardo DiCaprio), padre soltero de una niña y fugado de la justicia por las acciones subversivas de un grupo radical de izquierdas al que perteneció años atrás. La película comienza con un impresionante asalto a un centro de detención de inmigrantes del Gobierno, a los que liberan.

Estados Unidos, retratado a través de la experiencia íntima de personajes únicos y específicos, es el gran personaje de la obra de Thomas Anderson. En Boogie Nights (1997) retrata el "sueño americano" desde un lugar tan sórdido como el mundo del porno en los años 70 y 80. En este caso, la historia de ascenso y caída la protagoniza Mark Wahlberg como actor "caliente". La reconstrucción histórica logra no solo "mostrar" la época, también representarla, profundizar en ella.

Magnolia (1999) nos muestra un valle de San Fernando, en Los Ángeles, enloquecido, despiadado, excesivo y brillante en una historia coral con nueve protagonistas, de Tom Cruise como siniestro orador motivacional a Julianne Moore interpretando a una mujer que, ante la muerte de su marido, se siente culpable por haberlo querido solo por su dinero. La famosa lluvia de ranas se convierte en símbolo de catarsis.

El valle de San Fernando natal del director ha sido escenario de muchas de sus películas. A sumar, Embriagado de amor (2002), Puro vicio (2014) y la penúltima, Licorice Pizza (2021).

En Pozos de ambición (2007) eleva la apuesta artística con ese espectacular Daniel Day-Lewis interpretando a uno de los "pioneros" que construyeron el imperio americano, un tipo obsesionado con encontrar petróleo y enriquecerse en el país de los millonarios. La primera secuencia nos adentra en un pozo de forma que el espectador, a través del sonido y la imagen, "siente" que está en el pozo.

El director simbólico

Una batalla tras otra es el refinamiento total de Thomas Anderson, repleta de imágenes inolvidables como esa Perfidia (Teyana Taylor), ex mujer del personaje de DiCaprio, en silla de ruedas mientras los policías celebran entusiasmados su captura. El coronel perverso de Penn con una erección cuando conoce a la activista y se pone cachondo porque reconoce a la "cazadora" aunque estén en las antípodas ideológicas.

Thomas Anderson siempre ha sido el director de lo simbólico, su cine no refleja la realidad tal y como es, sino que, utilizando todos los instrumentos cinematográficos y muy especialmente la puesta en escena, busca una forma de mostrarla que refleje su significado profundo.

Por ello, puede decirse que en cada película no solo nos cuenta una historia o encuentra una manera más o menos original de contarla, Thomas Anderson literalmente trabaja como los artistas clásicos, con un cine muy meticulosamente elaborado en el que da la sensación de que no hay un solo elemento en pantalla que no esté pensado.

Esa capacidad para reflejar la realidad real pero también representar su profundidad emocional queda clara por ejemplo en otra de sus joyas, Embriagado de amor, en la que un sofisticado tratamiento de la paleta de colores que lo acerca al impresionismo sirve para reflejar la tímida apertura al mundo de su atormentado protagonista (Adam Sandler).

Esa veta romántica de Thomas Anderson también marca su última película, la deliciosa Licorice Pizza (2021), en la que este aficionado a usar símbolos se vale del éxito de las camas de agua en Estados Unidos (que enriquecen a su protagonista) para narrar una deliciosa historia de amor entre un joven emprendedor y una joven pizpireta que salen y rompen a lo largo de los años. Allí sale a relucir el cineasta más cálido, pero ha sido la fiereza de Una batalla tras otra la que lo ha llevado a la gloria.