Benito Zambrano, en el rodaje de 'El salto'

Benito Zambrano, en el rodaje de 'El salto'

Cine

Benito Zambrano estrena 'El salto': "No deberíamos olvidar que en los 50 y 60 fuimos los negros de Europa"

El director vuelve al cine de denuncia para reflejar la tragedia de la emigración subsahariana a los países occidentales.

12 abril, 2024 02:09

Tras dos fugas al cine de género, el wéstern Intemperie (2019) y el melodrama Pan de limón con semillas de amapolas (2020), Benito Zambrano (Lebrija, 1965) regresa a la senda del cine social con el que triunfó en Solas (1999), Habana Blues (2005) y La voz dormida (2011).

En El salto, que pasó por Málaga y que ha recibido el premio al mejor actor en el Festival de Bari para Moussa Sylla, el director afronta el drama de la emigración subsahariana a Europa.

Vemos como Ibrahim, que espera una niña con su pareja Mariama (Nansi Nsue) y trabaja como albañil, es detenido y deportado a su país por carecer de permiso de residencia. Desde ese momento, luchará por volver a España, atravesando de nuevo África e instalándose en el Monte Gurugú para preparar el peligroso salto de la valla de Melilla.

Pregunta. ¿Qué sensaciones tiene ante el estreno del filme?

Respuesta. Las sensaciones en los pases que hemos hecho son muy buenas porque la película conecta con el público y lo conmueve. Pero no me preocupan tanto las reacciones ante la película como que los espectadores decidan darle una oportunidad ante la ingente oferta cultural y cinematográfica que existe en la actualidad.

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P. Normalmente escribe sus propias películas, pero aquí parte de un guion de Flora González Villanueva. ¿Qué le atrajo de él?

R. Llevo tiempo queriendo hacer una película sobre este tema, porque como andaluz me toca de cerca y me duele, pero no encontraba la historia adecuada. Cuando el productor Jesús Ulled me mandó el guion, quedé entusiasmado. Me parece una enorme heroicidad que Flora escribiera este filme en soledad y por su propia cuenta, sin que nadie se lo pidiera ni se lo pagara. Simplemente, le salió del alma.

Moussa Sylla, protagonista del filme

Moussa Sylla, protagonista del filme

P. ¿Realizó su propia investigación sobre el tema?

R. Para que una película sea particular e interesante tienes que investigar, del mismo modo que lo hace un actor o cualquier miembro del equipo. Hay que escuchar todas las versiones y opiniones. Por eso, no me servía el guion como única fuente. Hablé mucho con chicos de Melilla, de los Centros de Participación e Integración de Inmigrantes (CEPI) o que habían saltado la valla. Pero es que, además, vivo en el multicultural barrio madrileño de Lavapiés, por lo que tengo una representación del mundo al cruzar la puerta de mi casa.

P. ¿Qué fue lo más duro que conoció en este trabajo de campo?

R. Lo más terrible es el trato que se le da a los inmigrantes subsaharianos cuando llegan al norte de África, al Magreb… Hay muchos problemas de racismo. El trato violento del gobierno y la policía marroquí, financiado por Europa, las violaciones de mujeres, la trata de esclavos, los engaños laborales para utilizarlos de una manera miserable… Me duele porque son pobres haciéndole daño a otros pobres. Pero también hay cosas lindas, como la cantidad de gente buena que hay en el mundo queriendo ayudar.

Cine útil y responsable

P. ¿Cree en el poder del cine para cambiar la sociedad?

R. El cine es un arte muy potente, pero los cambios y las transformaciones son mucho más complejos y tienen que venir de la política y de la participación ciudadana. Pero los que hacemos algo relacionado con el hecho creativo tenemos una responsabilidad. Yo siempre quiero que mis películas gusten, que entretengan, que emocionen, pero también que aporten algo. Esta película para mí es la más necesaria de todas las que he hecho y espero que sea también la más útil. Una herramienta de conocimiento, de denuncia, de solidaridad, de comprensión, de cariño y de respeto a la gente que está sufriendo.

P. ¿Qué opina de los que tienen un discurso de odio hacía los inmigrantes?

R. Cuando eres político, tienes la responsabilidad de tener un conocimiento profundo de la realidad, lo más objetivo posible, a pesar de que tengas tus propias ideas. Los peores son los que engañan y mienten con mala intención para ganar votos de una manera cruel.

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P. ¿Hay poca empatía en la sociedad hacia este tema?

R. Los inmigrantes vienen a nuestros países porque están empobrecidos, pero también porque los necesitamos para trabajar, para rejuvenecer la población y para pagar las pensiones. Además, nos aportan riqueza idiomática, cultural, gastronómica… Todos hemos sido emigrantes alguna vez y nadie debería sentirse extranjero en el planeta Tierra. Y no deberíamos olvidar que en los años 50 y 60 los españoles fuimos los negros de Europa, que nos íbamos con una maletita y sin saber idiomas a trabajar fuera, sufriendo también racismo.

P. ¿Pudieron rodar en las localizaciones reales?

R. No, tanto las escenas del monte Gurugú como las de la valla están rodadas en Madrid, porque en Melilla era imposible. En un lugar a las afueras montamos la valla. Nos la hizo la misma empresa que facturó la de Melilla, exactamente igual. El presupuesto solo nos dio para 30 metros, pero fue suficiente. Los efectos digitales hicieron el resto. Rodar la escena del salto fue lo más difícil del proyecto, requirió mucha seguridad y mucho control. Estuvimos trabajando cinco intensas noches y fue agotador.

P. ¿Cómo quería que el espectador sintiera ese salto de la valla al final de la película?

R. Es un momento épico, porque los personajes se lo juegan todo. Es una secuencia casi de acción o de aventuras en la que hay que salvar un obstáculo imposible. Yo quería que el espectador sintiera el dolor, el sufrimiento y que estuviera con los protagonistas, para que completaran el viaje. Quizá así entienda que detrás de las imágenes que vemos en televisión sobre el drama de la inmigración hay seres humanos como nosotros, gente que ama, que quiere tener esperanza, que quiere tener futuro, que viene a buscarse la vida y a ayudar a sus familias. No vienen ni a robar ni a violar ni a ejercer la violencia.