El director Kike Maíllo (centro) con el elenco de 'Disco, Ibiza, Locomía' en la presentación de la película en el Festival de Málaga, este viernes. Foto: EFE/Álvaro Cabrera

El director Kike Maíllo (centro) con el elenco de 'Disco, Ibiza, Locomía' en la presentación de la película en el Festival de Málaga, este viernes. Foto: EFE/Álvaro Cabrera

Cine

Kike Maíllo: "Locomía no necesitaba un homenaje, sino una buena fiesta, y eso es lo que les hemos dado"

El director presenta en Málaga un biopic festivo pero poco memorable sobre la popular y kitsch formación musical ibicenca.

9 marzo, 2024 20:24

Disco, Ibiza, Locomía sigue la senda de biopics sobre figuras clave de nuestro folclore cultural que últimamente han inundado las pequeñas pantallas con títulos como Nacho, Camilo Superstar o Cristo y Rey. Era algo que tarde o temprano tenía que suceder, determinados iconos populares con eminente interés televisivo merecían una revisión en clave dramática, pero quizá su proliferación constante (Veneno, Bosé, Yurena) en tan corto espacio de tiempo se antoja un poco saturador.

De alguna manera, esto ha acabado afectando a que prácticamente todas ellas tengan una similitud notable tanto en términos de guion y realización como en su recreación de personajes tan icónicos y populares llegando a confeccionar unos productos demasiado parecidos entre sí y a los que también se acaba adheriendo la película sobre la formación musical ibicenca que popularizó los abanicos y las hombreras XXXL a finales de los 80.

Y es que da la impresión de que esta historia podría haber sido más salvaje y divertida, algo más cínica y también menos convencional. Sobre todo teniendo en cuenta el loco universo de ambiciones desquiciadas y traiciones varias que planteaba la serie documental estrenada en 2022, relatado principalmente a través de sus dos particulares (y egocéntricos) protagonistas reales: el creador Xavi Font y el productor musical José Luis Gil.

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Todos conocemos en mayor o menor medida la historia del grupo de amigos que llegó a Ibiza con el sueño de dedicarse a la moda y que, tras ser descubiertos por un magnate de la industria musical, se acabó convirtiendo en una extravagante sensación que triunfó por toda España y Latinoamérica. 

Un sorprendente triunfo comercial, que inevitablemente también les traería una serie de consecuencias negativas, tal y como revela el director de la película, Kike Maíllo: "Desde que nos pusimos con la historia nos dimos cuenta que había ciertos temas principales que nos interesaban, como la búsqueda del éxito por el éxito y el vacío que puede conllevar todo eso. Yo no era ni soy fan de Locomía, pero soy fan de lo que les pasó y lo que significa. Es una historia extraña, fascinante y azarosa que habla de auge y caída".

Una imagen de 'Disco, Ibiza, Locomía'

Una imagen de 'Disco, Ibiza, Locomía'

Un proceso que comenzó hace cuatro años cuando el cineasta y la guionista Marta Libertad se propusieron tener un acercamiento "cálido" y "humano" a estos característicos personajes: "No hay una cuestión de vencedores y vencidos, aquí todos son perdedores. Justo antes del momento de triunfar comercialmente como ningún otro grupo español lo había hecho en el mercado latino de Estados Unidos, van y rompen el juguete", cuenta su director Kike Maíllo.

"Por el camino nos ofrecieron hacer la serie documental, pero nos enamoramos de los personajes que estábamos construyendo y queríamos mantener cierta distancia con Xavi y Gil", explica Maíllo, y añade: "Pero estábamos encantados con que se hiciese el documental, de hecho a nosotros nos vino muy bien que Locomía volviese a la actualidad".

Xavi Font y José María Gil son sin duda los dos protagonistas principales de aquella borrachera de éxito y sus posteriores desavenencias. Durante el proceso de escritura de guion estuvieron en contacto constante con ellos y ambos les concedieron total libertad: "No es sencillo hacer una película donde los personajes de los que hablas todavía están vivos, y más aún si no se trata de un homenaje a lo Bohemian RhapsodyLocomía no necesitaba ningún homenaje, ¡lo que igual si necesitaban es la fiesta que les hemos dado! De hecho, pese a los desacuerdos que puedan tener con el resultado de este trabajo, les ha gustado bastante y los integrantes de la banda tienen previsto acudir al estreno de la película en Madrid", relata el director catalán.

El guion de la película emula la estructura de La red social y se vertebra, como el de la cinta de David Fincher, a partir de una mesa de conciliación entre las partes implicadas para no llegar a juicio por incumplimiento de contrato. Algo que no sucedió exactamente así pero que les permitió ir adelante y atrás según necesitaba la historia.

"La película se comporta como un evento cinematográfico, no sigue los cánones del biopic en cuanto a qué sucedió realmente o qué fechas concretas fueron, sino que coquetea con la comedia, con el musical y el melodrama", afirma el director.

En un filme tan coral —interpretado por Jaime Lorente, Blanca Suárez, Pol Granch, Alejandro Speitzer, Javier Morgade, Albert Baró, Iván Pellicer y Gonzalo Ramírez—, brilla especialmente la recreación del productor José Luis Gil por parte de un brillante y cómicamente serio Alberto Ammann: "El compromiso de Alberto desde que entró en la película fue total, quiso convertirse lo máximo posible en el mismísimo Gil. Su calva es real y marcó esa musicalidad tan concreta al hablar con el marcado acento que tiene el productor musical".

También destaca notablemente Jaime Lorente interpretando a Xavi Font, el diseñador y "padre de dragones" que ha defendido su trabajo como algo muy de ficción: "En ningún momento quisimos hacer una copia o una imitación de lo que fue el grupo. Creo que hicimos en el rodaje nuestra propia versión de Locomía".

Así pues, la película navega entre fiestas despampanantes y orgías comedidas, entre excesos cometidos por el éxito pasajero y números musicales recreados con exactitud para reflejar esta historia de auge, caída y redención tan cañí. "La verdad es que el rodaje ha sido todo un aprendizaje técnico con el tema de las canciones, las coreografías y toda la parafernalia que requiere una película de este tipo. Creo que el filme se acaba comportando en sí mismo como una fiesta memorable, de esas que no olvidas en mucho tiempo, en la que hay alcohol y drogas a mansalva, mucha música y mucho baile y donde acaba habiendo un resacón importante", sentencia Maíllo.