Josep Abad y Ainet Jounou en 'Alcarràs', de Carla Simón

Josep Abad y Ainet Jounou en 'Alcarràs', de Carla Simón

Cine

Las 10 mejores películas españolas de 2022, el año de 'Alcarràs'

20 diciembre, 2022 03:18

Tras conquistar Berlín, Carla Simón triunfa en El Cultural con Alcarràs. La tensiones en el medio rural que dibuja el filme también aparecen en los trabajos de Jonás Trueba y Rodrigo Sorogoyen, en un año con grandes óperas primas como El agua, Cinco lobitos o Unicorn Wars. Albert Serra, Carlos Vermut, Isaki Lacuesta y Fernando Franco marcan el camino del cine de autor.

Consulte aquí las votaciones de nuestros críticos. 

1. Alcarràs, de Carla Simón

Ganadora del Oso de Oro de la Berlinale, galardón que se le resistía al cine español desde que Mario Camus lo alzara por La colmena en 1983, Alcarràs es una película humilde, genuina, liberada de cualquier ortodoxia. Carla Simón (Barcelona, 1986) tira de su propia biografía, como ya hiciera en Verano 1993 (2017), para narrar la última recogida del melocotón del clan Solé, antes de que la tierra que llevan décadas cultivando les sea arrebatada para poner placas solares. Además de la verdad que desprenden las interpretaciones de los actores no profesionales, el filme destaca por la sensibilidad con la que trata los conflictos dramáticos.

2. Pacifiction, de Albert Serra

Benoît Magimel

Benoît Magimel

El deslumbrante filme de Albert Serra (Banyoles, 1975), que compitió en la sección oficial de Cannes, conduce al espectador hasta Tahití, donde un alto comisionado francés se mueve como pez en el agua. Lejos de todo sentido de la mesura, el director entrega en Pacifiction una oda al resplandor de la decadencia, componiendo estampas que basculan entre lo monumental y lo kitsch. Una película que recoge los estertores del neonoir y los contamina con el hipnótico extrañamiento de David Lynch.

3. Mantícora, de Carlos Vermut

Nacho Sánchez

Nacho Sánchez

Pocas veces hemos visto un retrato de personaje tan incómodo como el que plantea Mantícora. En su filme más desnudo y depurado estilísticamente, Carlos Vermut (Madrid, 1980) presenta a Julián, un veinteañero normal en apariencia, diseñador de criaturas grotescas para videojuegos, que esconde un secreto terrible. Al final del primer acto, el director lo revela en una secuencia espeluznante, con un uso magistral del fuera de campo. Pura espeleología en los abismos del alma.

4. El agua, de Elena López Riera

Nieve de Medina y Luna Pamies

Nieve de Medina y Luna Pamies

A partir de leyendas atávicas y creencias populares sobre la gota fría y sus devastadoras riadas en el sur de Alicante, y de cómo el agua se lleva siempre a una novia de la que se enamora, Elena López Riera (Orihuela, 1982) elabora una crónica juvenil de la contemporaneidad en El agua que se vincula con la tradición a través de una familia de mujeres solteras que cargan con un estigma. El cine como un incesante médium para convocar lo invisible: fantasmas, espejos y simulacros.

5. Tenéis que venir a verla, de Jonás Trueba

Francesco Carril e Irene Escolar

Francesco Carril e Irene Escolar

Cuatro personajes, un tema de Chano Domínguez, un poema de Olvido García Valdés y un libro de Peter Sloterdijk vertebran Tenéis que venir a verla, la más breve y misteriosa película de Jonás Trueba (Madrid, 1981), que aborda las tensiones campo/ciudad y la desorientación que ha provocado la Covid en nuestras vidas. Tan sencilla como Los exiliados románticos (2015), tan misteriosa como La virgen de agosto (2019), pero con un poso de amargura sin precedentes en la filmografía del director.

6. Un año, una noche, de Isaki Lacuesta

Noémie Merlant

Noémie Merlant

La ejemplar de Un año, una noche nueva película de Isaki Lacuesta (Gerona, 1975) propone un viaje difuso, y por ello especialmente vivaz y penetrante, por la traumática onda expansiva que dejaron los atentados de noviembre de 2015 en la parisina sala de concierto Bataclan. El director, desde un enclave fílmico situado en la tenue frontera entre lo físico y lo psicológico, evoca la compleja tesitura emocional de sus personajes mediante un trabajo de cámara y montaje ultrasensibles.

7. La consagración de la Primavera, de Fernando Franco

Valeria Sorolla

Valeria Sorolla

Fernando Franco (Sevilla, 1986) indaga en la asistencia sexual a las personas con parálisis cerebral en un filme alérgico a los tabúes y los clichés, que recurre al drama sin aplicar ni un ápice de condescendencia sobre sus personajes, sin dejarse llevar por el sentimentalismo y sin sermonear al respetable. El director sigue en La consagración de la Primavera a Laura (magnética Valeria Sorolla), una insegura universitaria con la que el filme se adentra en el bendito terreno de la ambigüedad.

8. As bestas, de Rodrigo Sorogoyen

Luis Zahera

Luis Zahera

Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981) se zambulle en los rencores del medio rural. Denis Ménochet y Marina Foïs interpretan a una pareja de franceses que vive de la explotación de un huerto en una aldea gallega, y un inmenso Luis Zahera y Diego Anido, a dos hermanos que mantienen con ellos una agria disputa. Una primera parte de tensión in crescendo a lo Sam Peckinpah y una segunda de drama, empoderamiento femenino y asunción de duelo, vertebran la película más intensa del año.

9. Unicorn Wars, de Alberto Vázquez

Azulín y Gordi

Azulín y Gordi

En el primer filme que dirige en solitario Alberto Vázquez (A Coruña, 1980), detrás de un mundo edulcorado en el que "todos los sueños son posibles", se esconde el mayor de los infiernos. La guerra perpetua entre osos amorosos y unicornios se convierte en una profunda reflexión política y psicológica con imágenes que nos dejan atónitos y alcanzan verdad poética. Esta reinterpretación del mito de Caín y Abel y de un clásico como Apocalypse Now demuestra que la animación no es cosa de niños.

10. Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa

Mikel Bustamente y Laia Costa

Mikel Bustamente y Laia Costa

Biznaga de Oro en Málaga, la película de Alauda Ruiz de Azúa (Barakaldo, 1978) aborda la maternidad en crudo, sin filtros, desde una mirada íntima y honesta, real y cotidiana, que apela a cualquier padre primerizo. La directora, influida por Hirokazu Kore-eda y Yasujiro Ozu, consigue atrapar la verdad de sus personajes poniendo mayor énfasis en la revelación de la intimidad que producen los gestos, o incluso los silencios, que en los diálogos.