Image: Arantxa Echevarría: Ojalá el espectador olvide que son lesbianas y gitanas para experimentar ese amor tan puro

Image: Arantxa Echevarría: "Ojalá el espectador olvide que son lesbianas y gitanas para experimentar ese amor tan puro"

Cine

Arantxa Echevarría: "Ojalá el espectador olvide que son lesbianas y gitanas para experimentar ese amor tan puro"

7 septiembre, 2018 02:00

Arantxa Echevarría

Llega a las salas, rodeada de polémica, el debut tras la cámara de Arantxa Echevarría tras su estreno en el festival de Cannes, Carmen y Lola. La película aborda el lesbianismo en la comunidad gitana.

Se ha convertido en una de las películas del año aún antes de estrenarse debido a la polémica suscitada por el asunto que trata, la homosexualidad en el mundo gitano. Son más de seiscientos mil los gitanos que viven en nuestro país y a ellos está dedicado este filme dirigido por la debutante Arantxa Echevarría en el que se cuenta el romance entre dos adolescentes, las Carmen (Rossy Rodríguez) y Lola (Zaira Morales) del título, dos chicas de Vallecas que se enamoran en la pausa del cigarro mientras acompañan a sus padres en la venta del mercadillo. Con ellas descubrimos un mundo complejo y fascinante de ritos y reglas no escritas en el que la oscuridad de un machismo atroz convive con la luz de una cultura luminosa y celebratoria en la que se desarrollan poderosos lazos de solidaridad. La directora nos cuenta las claves de un filme sobre un "amor puro" entre dos adolescentes que se enfrentan a un entorno machista en el que las leyes "payas" no tienen el mismo valor.

Pregunta.- ¿Por qué sabemos tan poco de los gitanos?
Respuesta.- Yo creo que son invisibles para nosotros. Además tenemos una doble moral con ellos porque cuando estamos fuera exportamos Camarón y el flamenco, pero después cuando estamos dentro no les hacemos ni caso. En frente de mi casa hay una gitana vendiendo ropa en la acera y hasta que no comencé con esta película jamás se me había ocurrido fijarme en ella. En realidad es lo más habitual, vivimos totalmente al margen. El Estado y la comunidad educativa no lo han hecho bien porque les aplican nuestros valores y no funciona. La mejor solución es que se autogestionen, que decidan ellos, esa mirada patriarcal de "pobre gitanito" es un error enorme. Son pocos y ser minoría siempre es duro.

P.- ¿Cómo lo hizo para introducirse en ese mundo?
R.- Con mucho cuidado y mucho pudor. Soy mujer, paya y vasca. No tengo ningún nexo de unión con el mundo gitano. No controlo nada de flamenco. Lo que hicimos fue empapelar con anuncios del cásting los barrios donde viven y merodear por los lugares que frecuentan. Después, cuando venían al cásting, yo les decía: me quiero sentar contigo y charlar. Ellos son muy abiertos y te invitaban a sus fiestas: el "pedío" (ceremonia y fiesta en la que se produce la pedida de mano a la novia con las dos familias), el "culto" (nombre que dan al servicio religioso)… Poco a poco me fui creando una red de amigos y conociéndolo todo mejor. El problema es que todos tenemos miedo a lo desconocido, pero en cuanto superas una barrera te das cuenta de que sufren y padecen igual que nosotros. No es tanta la diferencia.

P.- ¿Qué opinaban de que fuera a tratar un tema estigmatizado en la comunidad gitana como la homosexualidad?
R.- Me decían: "¡eso es de payos!". Han sufrido tanto ninguneo que tienen mucha reserva. Después te acabas enterando que todos conocen a alguien que lo es pero no se comenta de puertas afuera. Uno muy gracioso me decía "pero hazla sobre robos de coches o drogadictos", o sea, prefería que los reflejara como ladrones que como gays. La realidad es que tampoco están tan lejos del mundo payo. Hay una ley que permite el matrimonio gay que ha sido un gran avance, pero según donde vayas sigue sin estar bien visto. Supuestamente está muy normalizado, pero no lo está. En la comunidad gitana, donde las leyes de los payos no tienen mucho valor, es mucho peor. En el caso de los chicos es peor porque existe ese concepto tan marcado de la virilidad y del que lleva el apellido. Las mujeres siempre han tenido más fácil cogerse con una mujer y que parezca amistad.

Rosy Rodríguez y Zaira Romero en la película

P.- En la película todos se ganan la vida digna y honradamente. ¿Asociamos gitanos y delincuencia porque somos racistas?
R.- Es algo que no debería sorprender. Lo normal es que se levanten a las cinco de la mañana para irse al Mercamadrid. Quería romper con ese estereotipo, que está muy extendido. Todos los gitanos que participaron en la película estaban muy preocupados por los días que les llevaría el rodaje porque no querían desatender sus quehaceres. Es triste, pero esa imagen existe.

P.- Otro estereotipo es que es un mundo machista pero aquí la película sí resulta clara, ¿lo tienen muy difícil las mujeres gitanas que quieren salirse del carril?
R.- Todo es más complicado visto de cerca. La mujer gitana manda mucho en casa, en la economía doméstica o en la educación de los hijos, pero en las grandes decisiones quien lleva el timón es el hombre. Cuando la madre de una de las chicas se entera de que es lesbiana lo primero que dice es que lo hablen con el padre. En nuestra cultura no estamos tan lejos de ese patriarcado. Cuando mi padre murió mi madre se hizo tarjetas en las que se presentaba como "viuda de".

P.- ¿Quería contar sobre todo una historia de amor?
R.- Es una historia además sobre el primer amor, que es un amor que todo el mundo recuerda. Un primer amor correspondido. Las chicas tienen una edad muy fascinante en la que se producen todo tipo de cambios, hormonalmente es un caos. Es también un momento en el que te obligan a definirte mientras estás muy perdido. Y justo en ese caos, te enamoras. Lo que intento conseguir es que la gente se olvide de que son gitanas y lesbianas para que salgan del cine con las vivencias de ese amor tan puro.

@juansarda