Image: Premios Goya 2016: Devorados por el conformismo

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Cine

Premios Goya 2016: Devorados por el conformismo

5 febrero, 2016 01:00

La novia de Paula Ortiz

Todo apunta a que podría ser la noche de La novia, de Paula Ortiz y Truman, de Cesc Gay. La noche de los Goya, del cine español, de una Academia que estrena presidente, Antonio Resines, y de un director Goya de Honor: Mariano Ozores. Más allá de las clamorosas ausencias, llama la atención el carácter trillado de la edición de este año.

Ciertamente, las candidaturas a los 30 premios Goya no parecen depositar mucha fe en el cine español del último año, más allá del reconocimiento al trabajo bien hecho y el tránsito por caminos muy trillados. La elaboración en El Cultural del número especial de lo mejor del año coincidió con el anuncio de las listas de nominados. Entre las preferencias de nuestros críticos, ninguna coincidía con el cine más estimulante según los Goya. Los listados parecían pertenecer a censos, años, incluso cinematografías distintas. Y eso que votábamos lo mismo: las cinco mejores películas españolas de 2015.

Obviamente, los Goya no son los premios de la crítica. Son los premios de la industria, de los académicos, de los creadores y los técnicos del cine español. Se supone que los galardones de la prensa especializada, repartidos ya, nacieron con la intención, precisamente, de distinguirse ferozmente de los "cabezones". De momento, más de lo mismo. El año pasado con La isla mínima, este año con La novia y Truman. El efecto espejo con los Globos de Oro y la amplia visibilidad que han obtenido los Feroz son dignos de reconocimiento, sobre todo en un país donde, al parecer, su cine importa poco. Aunque nadie parecía estar pidiendo a gritos unos Goya duplicados. Con unos bastan. Todo sea por el cine español.

Los exiliados románticos, O Futebol, Las altas presiones, Los héroes del mal

Si hacemos el ejercicio de abstracción y nos da por pensar como un orgulloso académico del cine patrio, la lógica institucional dictaba revalidar un año, el 2014, que fue generoso en recaudaciones y calidad industrial (8 apellidos vascos, La isla mínima, El niño...). Subidos a la cresta de la ola provinciana, la decisión de mantener al voluntarioso Dani Rovira como presentador e imagen de la casa (que ya tiene un Goya y todo) no deja de revelar un perezoso conformismo. Serán los índices de audiencia. Ni una sola candidatura esta vez para la catastrófica secuela (¿y qué esperaban?), si bien su guionista Borja Cobeaga firmó su mejor filme (y uno de las mejores del año) con Negociador, recreación brechtiana de las negociaciones entre Gobierno y ETA, que debe conformarse como candidata a Mejor Guión Original.

Los colores políticos, a pesar del revival García Lorca al que huele la noche, han quedado esta vez apartados del foco. La película B., que pone en escena la declaración oral de Bárcenas frente al juez Ruz, ha recibido tres nominaciones importantes, aunque las posibilidades para sus dos protagonistas, Pedro Casablanc y Manolo Solo, parecen menguar frente a Ricardo Darín y Javier Cámara (Truman). En el apartado femenino, probablemente el trabajo más admirable sea el de Natalia de Molina (Techo y comida), si bien las quinielas aúpan a la ‘novia' Inma Cuesta, incluso en competición con dos estrellas como Penélope Cruz (ma ma) y Juliette Binoche (Nadie quiere la noche). ¿Acudirá la francesa a la fiesta del cine español? Sí. ¿Y Tim Robbins, nominado como actor de reparto (Un día perfecto)? También. Incluso Mario Vargas Llosa entregará un premio.

Truman de Cesc Gay

Lo cierto es que las cinco candidatas a mejor película -Un día perfecto, Truman, Nadie quiere la noche, La novia y A cambio de nada-, y sus correspondientes directores -Fernando León, Cesc Gay, Isabel Coixet, Paula Ortiz y Daniel Guzmán-, tenían el camino despejado a pesar de que ninguna de sus propuestas vaya a sobrevivir en los anales de la cinematografía española. Son todas ellas muy neutras, demasiado correctas y amordazadas en sus moldes, películas de poco alcance en definitiva. Los académicos han votado por el cine gris, atractivo y sin sobresaltos en un año en que Amenábar, Medem y De la Iglesia han sido devorados por sus querencias al cine de género.

Con Isabel Coixet y Fernando León se trata quizá más de sacar pecho que de otra cosa. Ella inauguró Berlín y él compitió en Cannes, únicos casos españoles en festivales de pedigrí el pasado año (y eso hay que airearlo), con películas rodadas en inglés y reparto internacional, aunque tan aparentes en su epidermis como vacías en su interior. Cesc Gay ha sintonizado con los tiempos de conformismo aplicando paños calientes a un tema tan frágil como la enfermedad y el suicidio, y la pareja de actores era una garantía para conquistar al público, también a los académicos.

No habrá mañana mucho suspense. La novia parte como favorita y las razones son comprensibles. En un año tan gris, en el que no caben las películas off-industria que realmente han merecido la pena (Los exiliados románticos, O Futebol, Las altas presiones, etc.), adquiere todo su sentido tirar de patrimonio nacional y sangre fresca. No parece restar méritos al efectista filme de Paula Ortiz inspirado en Bodas de sangre que Carlos Saura ya hiciera lo mismo hace 35 años, solo que con poesía y autenticidad. Pero ya hemos dicho que este año no se trata de hacer historia. De lo que se trata, quizá, es de subrayar el coraje de una directora que en su segundo trabajo se enfrenta a un gigante ligera de complejos. Se premia la fachada.

Si se trataba de dar alas a un cineasta novel, en todo caso, son difícilmente explicables las ausencias de Zoe Berriatúa por el admirable debut (este sí) de Los héroes del mal, o la de Carolina Astudillo por El gran vuelo, que ni siquiera compite como Mejor Documental. Daniel Guzmán con A cambio de nada será reconocido por una película inverosímil y anacrónica, tramposa y meliflua, y que desde su postura de "cine social de barriada" y su mensaje sobre las paternidades extraviadas parece una reedición de El bola, que triunfó en los Goya hace quince años. Cine que quiere ser testimonio y no testimonia nada. Igual hasta da la sorpresa. Como Mariano Ozores.

@carlosreviriego