Cine

El 'burlesque', carne de pantalla

El popular actor Mathieu Amalric dirige y protagoniza la magnífica Tournée

13 mayo, 2011 02:00

La actriz y stripper Mimi Le Meux en Tournée.

Es el actor francés más internacional del momento (ha trabajado con Spielberg y Sofia Coppola), pero también un extraordinario cineasta. Con Tournée, hoy en salas españolas, Mathieu Amalric recogió el premio en Cannes al Mejor Director por su cuarto largometraje, un relato de ecos cassavetianos sobre una troupe de 'burlesque' de gira por Francia.

Son mujeres maduras, voluptuosamente entradas en carnes, hermosas en el más rubensiano de los sentidos... Y se dedican al strip-tease y los números más sexy de una nueva forma de arte del espectáculo: el Nuevo Burlesque, vuelta de tuerca al Burlesque americano original, que tuviera en los años 40 y 50 a pin-ups míticas como Betty Page o Lilly St. Cyr entre sus estrellas.

El Nuevo Burlesque, cuya representante internacional más conocida fuera Dita Von Teese, es un género popular y exquisito, sensual y divertido, vulgar y refinado a un tiempo, pero también, como comprendió de inmediato Amalric, una actitud política, sin premeditación pero con alevosía: "No necesitan decirlo en voz alta, ellas mismas manifiestan su libertad, su rechazo a los cuerpos artificiales. No están operadas, son un poco mayores, sensuales, divertidas, sublimes… Son la oposición a la presión social que dice que debemos tener el cuerpo que nuestra época exige".

De alguna forma, las actrices del Nuevo Burlesque, sin llegar a sus extremos más delirantes, forman parte de ese 'pornoterrorismo' que practican figuras post-feministas como Annie Sprinkle, Lydia Lunch o la española Diana J. Torres, que cuestiona abiertamente la sexualidad y el erotismo reificados en bienes de consumo adocenados, diseñados en laboratorios y quirófanos ajenos a la realidad de la carne y el deseo. Tournée, quizá involuntariamente, quizá no, tiene en estas estrellas carnales y tremendamente humanas -Julie Atlas Muz, Mimi Le Meux, Kitten on the Keys, Dirty Martini, Evie Lovelle, Rocky Roulette...- uno de sus mayores atractivos, haciéndonos desear estar en el lugar de su protagonista, ese peripatético Joachim Zand, que interpreta el propio Amalric, violento y amargado, pero también enamorado de su trabajo e inasequible al desaliento, que encontrará finalmente su lugar en el mundo en el seno maternal -nunca mejor dicho- de su compañía de big beautiful women, dignas de una alocada comedia erótica de Russ Meyer.

Comienza el espectáculo.
Tournée es el retrato de un hombre del espectáculo. Un individuo antipático pero fascinante. Fracasado, pero dispuesto siempre a la lucha, para quien su nuevo show -presentar en Francia y, sobre todo, en París, a sus estrellas del Nuevo Burlesque americano- lo es todo. Esta aventura le llevará a reencontrarse con su pasado, su familia, hijos y antiguos amigos, en un periplo a lo largo y ancho de sus errores y fracasos, que finaliza donde empieza, pero con una nueva sabiduría: la de aceptar que su único hogar verdadero, su única familia, es su propia troupe.

Naturalmente, resuenan ecos fellinianos, pero también referencias al cine norteamericano: "...Cassavettes y, sobre todo, The Killing of a Chinese Bookie. Hay algo de mi amor por el cine americano de los setenta -explica Amalric-, los filmes de Bob Rafelson, The King of Marvin Gardens... Y All That Jazz, de Bob Fosse, desde luego, para los números musicales; Lenny, con Dustin Hoffman, y las escenas de strip-tease de Valerie Perrine. Pero es un peligro. Prefiero recordar las impresiones de la época y no volver a ver las películas. Como evito rever las películas de Pialat... Si no, no me atrevería a hacer cine".

Pero Tournée es, ante todo, esencialmente francesa, tanto en sus fuentes de inspiración -la obra de Colette L'Envers du music-hall-, como en su tratamiento exquisitamente desapasionado y frío, bajo cuya superficie formal, a veces casi documental, laten la emoción y el sentimiento con mucha más fuerza que en el más desatado melodrama. Da verdaderos escalofríos pensar lo que Hollywood podría hacer con esta historia de fracasados artistas itinerantes y reencuentros familiares, en la que no faltan el romance, niños, cáncer... Para llorar. Sin embargo, Amalric se las arregla para mostrar que ha madurado como cineasta, consiguiendo equilibrar el extrañamiento casi críptico de Le Stade de Wimbledon y su atmosférica indagación metafísica en la naturaleza de la creación, con una nueva y mayor accesibilidad narrativa y emocional, capaz de llegar a cualquier espectador inteligente, sin caer nunca en los excesos sentimentales del cine comercial más banal y manipulador.

Poética del fracaso.
Hay algo en Tournée, en su aparentemente cínico protagonista, pero también en el certero y agridulce retrato de la gente de la farándula, que respira la ironía propia de la gran tradición judía centroeuropea. Su capacidad para reflejar situaciones trágicas con resignado humor y para encontrar la humanidad más entrañable en perdedores natos, que mantienen la ilusión más allá incluso de la esperanza. Una predilección por lo tragicómico, que se encontraba ya bien presente en el primer largometraje de Amalric, el autobiográfico Mange ta soupe: "Según pasan los años -confiesa el director-, me doy cuenta de que me influyen ciertos filmes. Amo a Lubitsch, Saul Bellow, Isaac Bashevis Singer, y también el humor de mi abuela, una judía polaca de Cracovia que llegó a Francia en 1904 y cuya familia entera murió en los campos. Este humor, esta relación con la existencia, es lo que tengo la impresión de haber recobrado a través de los comediantes de Tournée: uno no debe dejarse llevar por la autoconmiseración, sino transformar la situación en una fiesta".

Aunque para muchos Mathieu Amalric sea, sobre todo, un polifacético actor, capaz de interpretar tanto a un villano de la serie Bond como al singular protagonista de La escafandra y la mariposa, de trabajar con Spielberg y Sofia Coppola o con Raúl Ruiz, Luc Besson y Alain Resnais, Tournée, galardonada en la pasada edición del Festival de Cannes con el premio al mejor director, le confirma también como uno de los más interesantes realizadores actuales, muy capaz de conciliar la tradición europea con la accesibilidad y la emoción del mejor cine americano. Con cuatro largometrajes a sus espaldas como realizador, no cabe duda de que este comediante nato nos dará todavía buenas sorpresas en el futuro próximo. Entre tanto, celebremos con Tournée el amor por el espectáculo, las mujeres de verdad y el necesario y nada sencillo arte de endulzar con ironía los momentos amargos de la existencia.