Image: Una ciudad de alto voltaje

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Cine

Una ciudad de alto voltaje

Ben Affleck reúne en The Town las claves del western

29 octubre, 2010 02:00

Ben Affleck en The Town, ciudad de ladrones

Acción salvaje. El limitado actor y ahora solvente director Ben Affleck consigue en The Town, que se estrena este viernes, un producto mucho más que aceptable.

Tiene su gracia que Ben Affleck -uno de los peores actores que ha dado el cine en los últimos veinte años- se haya redescubierto a sí mismo como un solvente director de cine de género precisamente ahora que Hollywood parece haber fundido la serie B, el producto pulp, el birlibirloque de la secuela/remake/precuela/spin off y el producto de rápido consumo en lo que sería su principal línea de flote mercantilística. En otras palabras: el cine americano parece haber eliminado de sus filas la función del cineasta-artesano, dejando la figura del cineasta-autor únicamente al alcance de los mismos francotiradores de siempre.

De ahí que Affleck parezca un director de otra época y, por momentos, casi de otro continente. Tanto Adiós pequeña, adiós (2007) como The Town, ciudad de ladrones (2010) parecen seguir la oficiosa línea del cine de consumo inteligente que arrancaría en la serie B clásica americana -de Forajidos (Siodmak, 1946 ) a La jungla de asfalto (Huston, 1950)-, seguiría por el noir francés -de Rififí (Dassin, 1955) a Bob le flambeur (Melville,1956 )- y acabaría encontrándose con los efectivos thrillers post-manieristas de los noventa -de Heat (Mann, 1995) a El último golpe (Mamet, 2001)-; una mixtura que hacen que las películas de Affleck sean atractivamente anacrónicas, tanto por la acción como por la sequedad y la frialdad de sus golpes de efecto.

Cine de género
El actor convertido en cineasta sabe manejar con habilidad los códigos que perfilaron antaño el cine de género, de ahí que su obra sea básicamente una narración convulsiva plagada de personajes envueltos en situaciones violentas donde resulta muy fácil reconocer los arquetipos sin que estos molesten en absoluto. En The Town, ciudad de ladrones los elementos dramáticos son de lo más básico: un personaje central que se ha criado en un ambiente hostil -su padre está en la cárcel por asesinato, su mejor amigo es un psicópata adicto a las situaciones límite- que desea dar un último golpe y así poder marcharse del barrio conflictivo donde habita desde niño -Charlestown, en Boston- junto a su nueva pareja. Para acabar de cuadrar la ecuación no falta ni el perspicaz (y violento) policía que le sigue los pasos ni el villano oficioso que domina el barrio (y todo acto delictivo que acontece en él) utilizando una floristería como tapadera. Con dichos elementos, puestos sobre la mesa desde el minuto cero, Affleck no pierde el tiempo en florituras: lo suyo es la acción directa, una huida hacia adelante que hace que la película más que parecer un thriller de atracos a furgones blindados sea un western protagonizado por jóvenes en su vejez (el crepúsculo, entendido a la manera de Boetticher, planea intensamente durante todo el relato), donde todas las piezas no acaben de encajar a la perfección -cojea, por falta de credibilidad, tanto la relación sentimental como, ay, el limitado talante interpretativo de su realizador- pero que no duda en sortear sus altibajos con momentos de alto voltaje dramático: la visita al padre en la cárcel, el carácter sádico del policía al que interpreta el televisivo John Hamm o la relación de amor-odio que existe entre los miembros del gang.

The Town, ciudad de ladrones huye de la condición de película-evento que parecen perseguir cada uno de los estrenos que pueblan nuestros cines cada fin de semana. Es cine a la vieja usanza, de tipos duros y acciones salvajes, cuya máxima intención no es más que la de ofrecer una historia efectiva que no atente contra la inteligencia del espectador. Por todo ello, esta película nos gusta. Y mucho.