Cine

Gabrielle

Director: Patrice Chéreau

21 diciembre, 2006 01:00

Isabelle Huppert en Gabrielle

Francia. 2006. Intérpretes: Isabelle Huppert, Pascal Greggory, Claudia Coli, Thierry Hancisse. Guión: Patrice Chéreau y Anne-Louise Trividic. Duración: 90 minutos. Estreno: 22 de diciembre

Entre las muchas vías posibles para trasladar un texto literario a la pantalla, Patrice Chéreau elige una ciertamente heterodoxa. En lugar de ilustrar la acción narrada por el relato original, ofrece un trabajo explícito sobre el texto que la formaliza. En vez de filmar la historia, pone en escena el texto que la configura. La materia misma de la película resultante no es así tanto el drama burgués de referencia, sino la "maniera" en que un relato finisecular da forma literaria a una crisis matrimonial y existencial.

Chéreau parte de un relato corto (El regreso), publicado por Joseph Conrad en 1898, pero evidentemente no se siente atraído sólo por la materia narrativa, sino también por las formas con que aquella se despliega. Fascinado quizá por el percutiente ritmo literario de la tercera persona utilizada por Conrad para diseccionar internamente a su protagonista, despliega toda una batería de recursos que tienden a visualizar la naturaleza literaria de una representación que se ofrece como tal.

Ahora bien, Chéreau no acepta de forma pasiva el material literario del que parte, ni se limita a buscar ingenuos equivalentes fílmicos. Cuando incrusta sobre las imágenes letreros a modo de modernos intertítulos no hace otra cosa que evocar las formas y recursos del cine contemporáneo a la época del relato. Cuando introduce una voz en off narrativa en primera persona que no existe en el original, viene a reforzar la naturaleza literaria del relato fílmico.

Cuando organiza el tête a tête entre marido y mujer para radiografiar el descenso a los infiernos del desamor y del dolor..., cuando inventa y confiere presencia dramática al personaje de la sirvienta, lo que dirige en realidad es una pieza de cámara con premeditadas resonancias teatrales. Una representación, en definitiva, por cuyos resquicios emergen efluvios de la recherche proustiana al tiempo que los aromas de un desgarrado huis clos bergmaniano impregnan la atmósfera. La literatura de Conrad encuentra así, valiéndose del demiurgo Chéreau, unos referentes literarios y fílmicos que permiten una relectura contemporánea de su propuesta.

Hace falta remontarse a las "escenas matrimoniales" de Saraband (Bergman) para encontrar en el cine reciente una expresión tan desoladora y tan adulta, tan lúcida y tan aterradora, del desencuentro marital. Es preciso recurrir al universo burgués y literario de Proust para encontrar herramientas tan precisas y tan estilizadas para la disección implacable de una escala de valores morales (histórica y socialmente contextualizada) dentro de un ejercicio que descubre fotograma a fotograma su condición de retrato antropológico, que afila en cada plano su cortante y despiadado escalpelo.

La síntesis encuentra un cierto parentesco, adicionalmente, en las singulares relecturas fílmicas propuestas por Eric Rohmer de los textos de Chretién de Troyes (Perceval le gallois) o Henrich Von Kleist (La marquesa de O), aunque Chéreau -más tímido- se queda un paso más atrás: la deliberada estilización literaria de sus formas convive con el virtuoso naturalismo de sus intérpretes: allí donde Pascal Greggory y, sobre todo, la gran Isabelle Huppert consiguen transmitir y hacer vibrar, con estremecedora fisicidad, el abismo de la muerte emocional.