LA LUNA

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Ciencia

La Luna, geología de un hito

China ha tomado el relevo de EE. UU. y Rusia en la exploración de nuestro satélite

10 junio, 2019 08:55

La geología nació para entender la constitución y estructura de la Tierra, pero con el desarrollo de las ciencias espaciales, en particular de las sondas dedicadas a explorar planetas y satélites del Sistema Solar, sus horizontes se han ampliado, pudiéndose hablar ya de geología planetaria. Con el establecimiento de esta nueva disciplina científica se da un paso más en la investigación del cosmos. Recordemos que el estudio del universo comenzó con la astronomía, que se ocupaba de desentrañar los movimientos de los cuerpos celestes, para lo que era necesario observar cómo se movían, cuál era la geometría de las trayectorias que seguían. Fue Isaac Newton quien elaboró (1687) una mecánica celeste, un sistema de leyes que rigen los movimientos planetarios. De qué están compuestos los cuerpos celestes, nada se sabía ni se podía saber. Para averiguar algo sobre su composición hubo que esperar hasta 1860, cuando la colaboración entre un físico, Gustav Kirchhoff, y un químico, Robert Bunsen, dio como resultado el establecimiento de la espectroscopia, ciencia que estudia las características –las líneas espectrales– de la radiación que emiten los elementos químicos (esas líneas son como el DNI de cada elemento). Acoplando espectroscopios a telescopios se pudo analizar el espectro de la radiación procedente del Sol y, comparando las líneas que contenía con las obtenidas en el laboratorio para los diferentes elementos químicos, deducir de qué elementos está compuesto; de hecho, fue de esta manera como se identificó, en 1868, un elemento desconocido en la Tierra: el helio, que en 1895 William Ramsey encontró en la Tierra. Así nació la astrofísica.

Las misiones espaciales que emprendieron durante la Guerra Fría la antigua Unión Soviética y Estados Unidos, y que tuvieron como su gran objetivo la Luna, significaron un nuevo paso en el estudio del cosmos. Recordaré que el primer vehículo espacial que impactó contra la superficie lunar, en septiembre de 1959, fue soviético, el Luna 2 (Estados Unidos no lo consiguió hasta julio de 1964), lo mismo que fue soviético el primer alunizaje –esto es, un choque no violento–, logrado por el Luna 9 en enero de 1966. Tres años más tarde, el 20 de julio de 1969 (hace 50 años, por tanto, estos días), la misión estadounidense Apolo 11 consiguió algo que ya es parte de la historia de la humanidad: que dos astronautas, Neil Amstrong y Edwin Aldrin, alunizaran en nuestro satélite. En septiembre del año siguiente, la sonda soviética no tripulada Luna 16 alunizó y regresó a la Tierra con 101 gramos de basalto lunar. El último viaje americano a la Luna fue en 1972 y para entonces se habían extraído algo más de 382 kilogramos de materiales (los soviéticos perseveraron más: su último viaje lo realizó el Luna 24 en agosto de 1976: excavó hasta una profundidad de dos metros y regresó a la Tierra con 170 gramos de materiales lunares).

Las anteriores misiones espaciales permitieron ahondar en el conocimiento del manto lunar, la extensa capa que se halla bajo su corteza. Pero Estados Unidos y Rusia abandonaron la exploración de la Luna, que ya no parecía ofrecer demasiados réditos políticos o prácticos. Su antorcha la ha recogido China, cada vez más próxima a convertirse en la gran potencia mundial. El pasado 2 de enero, su sonda espacial Chang’e 4 (Chang’e es el nombre de la diosa china de la Luna) alunizaba y lo hacía en una zona antes no hoyada: en la cara oculta. El 15 de mayo un artículo publicado en la revista Nature, firmado por 17 investigadores chinos, anunció que el vehículo que transportaba Chang’e 4, el Yutu-2, ha estudiado, utilizando técnicas de análisis espectroscópico, el manto lunar. Para lograrlo fue esencial que el alunizase tuviese lugar en Aitken, el mayor cráter de impacto que existe en la Luna. Se cree que la colisión que lo formó fue tan fuerte que atravesó la corteza lunar haciendo que quedasen expuestas en la superficie rocas del manto, las que la misión china ha analizado. Y estudiar el manto de la Luna en profundidad, algo que no habían hecho las anteriores misiones, es importante porque puede dar claves esenciales para determinar cómo se formó nuestro satélite. La mayoría de los científicos aceptan que se formó a partir de los restos que se produjeron cuando, en los primeros tiempos de existencia de la Tierra, un cuerpo del tamaño de Marte – al que se ha bautizado como Tea (o Theia)– chocó con la Tierra, pero este modelo no está libre de problemas ya que una parte importante, en torno al 60%, de las rocas que constituyen la Luna debería proceder de ese hipotético planeta y, sin embargo, la composición lunar es casi la misma que la de la Tierra, aunque con una densidad menor.

EE.UU. y Rusia abandonaron la exploración de la Luna. Su antorcha la ha recogido China, cada vez más próxima a convertirse en la gran potencia mundial

No es el anterior escenario, el de una colosal colisión cuando el Sistema Solar era un lugar violento en el que abundaban cuerpos que nunca llegarían a formar planetas, el único escenario posible para el “nacimiento” de la Luna; también pudo formarse al mismo tiempo que la Tierra, bien al condensarse ambas a partir de la materia “madre” de la “nube” de la que surgió el Sistema Solar, por acción de la atracción gravitacional, o como producto de otro tipo de choque cósmico, el de dos objetos con un tamaño cinco veces el de Marte. Saber más de las rocas que forman el manto lunar, ayudará a determinar cuál de estas – u otras–- posibilidades es la correcta.

Tendemos también a pensar que la Luna es un cuerpo celeste “muerto”, carente de la actividad geológica que se produce en la Tierra, pero parece que esto no es cierto. “Estruendos” recogidos hace décadas por sismógrafos depositados por las misiones Apolo pueden estar relacionados con fallas geológicas jóvenes identificadas por la Sonda Espacial de Observación Lunar que la NASA lanzó en 2009 y que se mantiene operativa en una órbita situada a 50 kilómetros sobre la superficie lunar. Parece, por consiguiente, que la Luna todavía es activa tectónicamente, pero, eso sí, no posee placas como la Tierra.

Y no he dicho nada de lo que ya se sabe de la geología de otros planetas solares. La geología planetaria, no lo olviden, avanza con pasos de gigante.