Ciencia

Buscando vida por los poros de Marte

Varios grupos científicos estudian e interpretan los nuevos descubrimientos

Francisco Anguita
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Autorretrato del Curiosity en Marte. Foto: NASA

De la pista del agua a los oasis químicos. Dos grupos científicos, un de ellos coordinado por un astrobiólogo español, acaban de proponer sendas hipótesis para explicar los datos obtenidos por las sondas Mars Express (ESA) y Mars Reconnaissance Orbiter (NASA). El geólogo planetario Francisco Anguita analiza estos hallazgos.

Existen al menos dos hitos decisivos en la exploración astrobiológica de Marte. El primero y más conocido se sitúa en 1976, cuando las sondas Viking revelaron un ambiente superoxidado, explicable mediante la acción de los rayos ultravioleta sobre la superficie marciana. Los astrobiólogos aprendieron entonces que la búsqueda de vida debía realizarse en profundidad, lejos de peligrosas radiaciones. Por ello, sus organismos favoritos para una hipotética vida marciana fueron los endolíticos: bacterias que en nuestro planeta medran en los poros de las rocas, hasta varios kilómetros de profundidad.

El segundo umbral ha sido menos divulgado. A partir de 2004, la sonda Opportunity, explorando la zona llamada Meridiani Planum, comenzó a transmitir resultados francamente desalentadores sobre la historia química de Marte. El hallazgo de jarosita, un sulfato que precipita en medios hipersalinos e hiperácidos, horrorizó a los buscadores de vida marciana. Este mineral se había depositado, más que en agua, en una disolución concentrada, hasta 90%, de ácido sulfúrico: en tal agua, un ser vivo típico hubiese tardado pocas horas en disolverse. Ahora bien, ¿era Meridiani Planum una zona representativa de la hidráulica marciana? En las tierras altas de Marte se han localizado importantes extensiones de arcillas, minerales formados en principio en presencia de agua no hiperácida. Aunque este origen se ha discutido, estos minerales representan la esperanza de una biosfera marciana en un medio acuoso habitable.

Pero la respuesta inmediata a los decepcionantes datos de Opportunity fue volver la vista hacia formas de vida que en la Tierra evolucionaron para adaptarse a medios ácidos. Microorganismos acidófilos proliferan, por ejemplo, en las aguas del Río Tinto, en Huelva, en un ambiente de acidez semejante a la de Meridiani Planum. Estos ciudadanos (como suele denominarlos el bioquímico Ricardo Amils, el principal investigador de la zona) han desarrollado un astuto mecanismo de supervivencia, expulsando protones del interior de sus células para así rebajar la acidez en su medio interno.

Organismos psicrófilos

Sin embargo, otra línea de investigación repudió el lema astrobiológico de la NASA (seguir la pista del agua para encontrar la vida) y decidió que, si el agua era tan poco potable, más valía evitarla. El análogo terrestre de esta búsqueda en seco serían los organismos psicrófilos, los aficionados a pasar frío, acantonados quizás en los polos marcianos. Como vemos, dadas las características ambientales de Marte, los astrobiólogos se han centrado en las posibilidades de los microorganismos terrestres extremófilos (los amantes de las emociones fuertes, que igual eligen vivir en aguas termales a 100°C que en la vasija de un reactor nuclear).

Luego se ha producido una especialización (endolíticos, acidófilos, psicrófilos) que en parte depende de razonamientos excluyentes (busquemos el ambiente menos imposible) y en parte de especializaciones previas, como es el caso de la larga experiencia del equipo de Amils en estudiar seres acidófilos. De alguna forma, los investigadores han evolucionado en respuesta a cada nueva hornada de datos igual que los organismos vivos lo hacen contestando a las modificaciones ambientales.

La duda que todos los grupos comparten es si, en el supuesto de génesis de vida marciana, los seres vivos iniciales habrían seguido caminos de especialización extremófila; y si, en este caso, los nichos ecológicos de los extremófilos terrestres son análogos aceptables para Marte. Hay que tener en cuenta que la vida actual en nuestro planeta es el resultado de una evolución de 4.000 millones de años. Por aquellas fechas, el ambiente en Marte no era probablemente muy distinto al terrestre, con agua líquida y un campo magnético, útil para desviar las partículas cargadas provenientes del Sol. A partir de ahí, Marte pierde rápidamente calor, atmósfera, magnetismo, agua. Se ha calculado que la energía disponible para esos hipotéticos primeros seres vivos sería la equivalente a sólo unos cien millones de años de evolución de la biosfera terrestre.

Río Tinto y los carbohidratos

¿Tuvieron tiempo los primeros marcianos, en este corto intervalo, de seguir una evolución extremófila? En trabajos publicados recientemente, el grupo de Río Tinto y un equipo angloamericano han refinado propuestas anteriores. Los primeros, con una nutrida participación internacional y dirigidos por el paleontólogo David Fernández-Remolar, del Centro de Astrobiología del INTA, han partido de la inesperada presencia en el Tinto de carbonatos, minerales de origen en general biológico prohibidos en medios ácidos. Sugieren que los microorganismos son capaces de crear microscópicos oasis químicos no ácidos; así se explicarían los carbonatos que están detectando las sondas orbitales Mars Express y Mars Reconnaissance Orbiter (MRO).

Un tanto para los acidófilos, que sin embargo ha tenido una respuesta inmediata: el segundo grupo, encabezado por Joseph Michalski del Planetary Science Institute de Tucson, ha usado también datos de MRO. Interpreta las arcillas y carbonatos localizados por la sonda en un cráter de impacto como vestigios de un ambiente lacustre alimentado por agua subterránea. Los minerales identificados les hacen suponer que este hipotético lago no era ácido sino alcalino. Los alcalófilos, extremófilos que habitan aguas ricas en carbonatos como el Lago Natrón de África Oriental, tienen ahora su turno en Marte. Una apuesta arriesgada, dada la escasez de carbonatos marcianos.

La hipotética biosfera marciana, ¿vivía en medios ácidos o alcalinos? ¿Medró en ambientes lacustres o en los poros de las rocas? Pero, ante todo: ¿hubo, o hay, vida en Marte? Sin duda: como contestó Ray Bradbury a un periodista, en tiempos de la Viking: "No sea idiota: claro que hay vida en Marte. De ahora en adelante, los marcianos somos nosotros".